El clima en Neuquén

icon
21° Temp
17% Hum
La Mañana

Dos enfoques, una solución

Hay dos enfoques tradicionales para abordar las problemáticas de la producción frutícola regional.
El primero es mirar solamente las condiciones de los mercados de destino y la dinámica de la logística para llegar a ellos. El segundo consiste en analizar los conflictos al interior de los complejos productivos. Ambos enfoques son en realidad complementarios, las dos caras de una misma moneda, la tragedia y la comedia, pero rara vez se consideran de manera conjunta. Como las economías regionales son, en la mayoría de los casos, complejos exportadores, el primer enfoque es más glamoroso y permite explayarse en las condiciones y comportamiento de la oferta y la demanda en los mercados internacionales. El segundo enfoque, en cambio, conduce directamente al conflicto social, un conflicto emergente de la patente de corso para la apropiación de renta que otorgan las posiciones dominantes en los mercados.
Visto desde la economía, el problema central de la producción frutícola es evidente hasta para las corrientes neoclásicas, esas que consideran que todos los conflictos son meras anomalías de los mercados perfectos. En este caso, la anomalía es el oligopsonio, situación que se presenta cuando existe una multitud de oferentes para unos pocos compradores. En el caso de la producción primaria frutícola, el oligopsonio se agrava por el detalle de que el producto que se comercializa es perecedero. Así, al poder de mercado de unos pocos compradores se suma, en el momento de la cosecha, la urgencia de los productores para vender. El resultado es que el eslabón superior, el empacador-comercializador-exportador, tiene una gran capacidad para determinar el precio primario, una situación que, por supuesto, no reconocen. Para el productor primario, en tanto, las consecuencias son las que predice la teoría clásica: una situación de extracción de renta que, muchas veces, le impide acceder a la reproducción ampliada de su capital y, también, a la reproducción simple, lo que supone expulsión de actores y concentración económica.
Hasta el presente, el rol de los Estados, provinciales y nacional, fue la prescindencia o la contención vía subsidios. Los subsidios resultan múltiplemente negativos. Primero por sus derivaciones clientelares que permiten la supervivencia artificial de muchos pseudoproductores enviciados por las dádivas públicas. Segundo porque no ayudan a superar los efectos no deseados del oligopsonio y consolidan los bajos precios pagados en la primera venta. Económicamente son una transferencia indirecta al eslabón comercializador.
Una acción estatal eficiente, en consecuencia, demanda una gran claridad de diagnóstico. Implica reconocer que los bajos precios pagados por la producción primaria perecedera no se resuelven ni con precios sostén, ni valores de referencia, ni con subsidios directos, no sólo porque son soluciones anticapitalistas, sino porque, como se explicó, consolidan el problema. Un camino alternativo posible es que el Estado intervenga en la regulación de la relación entre las partes, no determinando precios, sino garantizando la transparencia del vínculo comercial. Precisamente este es el punto al que apunta el proyecto que se presentará esta semana: terminar con el sistema de comercialización en consignación con precios a liquidar “a resultado” y establecer, en su reemplazo, condiciones ciertas de compraventa, tanto en materia de precios como de formas y plazos de pago, con contratos legales.