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La Mañana violencia

Dos generaciones marcadas por la violencia: la tía de Cristina Ancatén también fue víctima de femicidio

Cirila Beatriz y María Cristina Ancatén eran tía y sobrina, y con 20 años de diferencia, ambas fueron víctimas de la misma violencia machista.

La violencia de género existía aún cuando las leyes y códigos no tenían registro de ella como delito. Y aunque las penas se han agravado para los que los cometen, los femicidios sólo van en aumento.

Tal es el triste caso de dos generaciones de mujeres Ancatén, quienes no sólo fueron víctimas de ella sino que sus vidas les fueron arrebatadas por violentos.

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María Cristina Ancatén (38) fue encontrada muerta por la Policía la mañana del pasado sábado 1 de mayo, cuando sus allegados llamaron porque la mujer había sufrido aparentemente una descompensación al caer en el baño, durante el festejo de 15 años de su sobrina.

Aunque este parecía ser el escenario, los tres testimonios distintos que aportó su ex pareja, Damián Retamal, y otros asistentes a la reunión, más su informe de autopsia, pintaron una realidad distinta: una mujer que había logrado escapar de una relación violenta de 20 años, fue hostigada por su ex toda la noche y murió a raíz de un fuerte golpe a su cabeza cuando se encontraba junto a él en el baño.

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A sólo seis días de ocurrido el hecho y con toda una investigación por delante, se podría decir que cualquier conjetura es muy prematura y alguna pieza de evidencia podría demostrar la inocencia del presunto femicida, pero aún así, el suceso es casi un deja vu para la familia Ancatén.

Hace exactamente 22 años y cuatro meses atrás, era asesinada Cirila Beatriz Ancatén, quien no sólo compartía sangre -era su tía- y localidad de residencia con María Cristina, sino también un destino cuyo final estuvo a manos de su pareja y femicida, Marcelo Eduardo Bustos.

La madrugada del 1 de enero de 1999, Cirila Beatriz llegó con sus hijos pequeños -de 1, 3 y 7 años- a su vivienda de calle Quinquela Martín, tras compartir los festejos de bienvenida al nuevo año con ellos y su familia. Bustos había quedado atrás y los recibió al arribar.

Según pudo relatar el mayor de los niños en ese entonces, Bustos comenzó por agarrar de los pelos y arrojar a su mamá al piso. Luego, le golpeó la cabeza en reiteradas oportunidades, la pateó y hasta puso su pie en su cuello. Todo esa brutalidad terminó por ocasionar su muerte por hemorragias internas.

El femicida, sin embargo, no se inmutó. Limpió y cambió a la víctima, luego lavó la habitación y finalmente se retiró. Aunque en un principio intentó desligarse del atroz asesinato, el relato del niño tuvo un gran peso en el juicio en su contra, y los magistrados Antonio Gagliano, Víctor Andrada y Emilio Castro le impusieron una pena de 18 años de prisión por considerarlo autor del delito de homicidio simple, la figura otorgada por el fiscal Jorge Otegui.

A lo largo del debate, también se conocieron episodios previos de extrema violencia de la que era víctima tanto la mujer como sus hijos, aunque las denuncias que radicó fueron en vano. Bustos tampoco era ajeno a la vida delictiva general, y su andanzas eran tan conocidas, que ni los vecinos de la pareja se animaron a declarar sobre el contexto que sufrían la mujer y los niños. Ni siquiera los medios de comunicación lo llamaban violencia de género aún.

Dos décadas más tarde, la historia se repitió: María Cristina soportó 20 años de una relación violenta e incluso recurrió a la justicia. Pero nada de eso alcanzó, y hoy se adjudica su muerte también a manos de un hombre que decidió ignorar y pisotear su derecho a una vida libre.

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