El agreste encanto de respirar la barda en zapatillas

Una pausa para cuidar la salud y aprender a valorar un ecosistema único, a tan solo cinco minutos del caos rutinario de la ciudad.

Detrás de la Plaza de las Banderas, la ciudad se transforma. Se corre el telón del asfalto y los bocinazos, para que asome la barda, con todo lo que tiene de aridez y biodiversidad. En ese ecosistema único, tan típico de la Patagonia, el grupo Alpatacos lleva 20 años de senderismo en zapatillas; una práctica que invita a dejar de lado la rutina, dedicarle tiempo a la salud y disfrutar con respeto del ambiente natural que nos rodea.

El grupo arrancó como una escuela de corredores, para entrenar antes de las carreras de corta distancia que se organizaban en la región. Pasó por varias etapas, hasta convertirse en un emprendimiento privado para la práctica del senderismo. Fueron pioneros en el deporte saludable, que cada vez tiene más adeptos en Parque Norte y en la zona de las costas.

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“El 8 de mayo de 2010 quisimos ponernos un nombre y elegimos Alpatacos porque es algo propio de la zona y queríamos eso, que nos identificara cuando íbamos a correr afuera”, recordó Martín Romero, uno de los profesores que guía a los deportistas por las bardas.

Martín destacó que, además de ser un arbusto característico de Neuquén, el alpataco “se distingue en que sigue creciendo a pesar de las dificultades y eso es algo que nos inspira”.

Entre quienes se animan a descubrir la meseta en zapatillas hay desde adolescentes hasta abuelos, todos con el mismo entusiasmo por el contacto con la naturaleza. Los corredores suben y bajan por las bardas todos los días, en distintos horarios. También hay turnos de caminantes, que prefieren un ejercicio de menor impacto.

El grupo Alpatacos

Martín comentó que, para el deporte al aire libre, Neuquén tiene una ventaja inigualable. “Contamos con un terreno agreste con desniveles a cinco minutos del centro y cinco minutos hacia el otro lado tenés el río para actividades acuáticas; es algo que se da en pocos lugares del país”, afirmó.

Detalló que, al correr por entornos naturales, “se controlan mejor los triglicéridos, aumenta la capacidad aeróbica y se desarrolla el sistema cardiovascular y respiratorio”. Agregó que eso “conlleva a que uno lleve hábitos más saludables, porque se empieza a sentir bien, come mejor, duerme mejor y es un ciclo virtuoso, comparado con el círculo vicioso del sedentarismo”.

Desde sus inicios, Alpatacos también trabaja con el cuidado del ambiente. “Entendemos que, al interactuar con la naturaleza, generamos cierto impacto, por eso tratamos de mantener los senderos, para no abrir nuevos”, aclaró Martín.

Relató que en muchas oportunidades se encontraron “con el avance de máquinas topadoras y el desarrollo inmobiliario porque, al estar dos o tres veces por día, somos los primeros en advertir lo que está pasando”. Indicó que, en esos casos, “alertamos a las autoridades que se está rompiendo la barda de una forma en la que ya no se recupera y dejamos que intervenga la Justicia”.

Con el paso de los años, la frontera de las bardas se fue corriendo. Para quienes salen a trotar a diario, preservar este rincón agreste es imprescindible. Saben que hay mucho más que arcilla y arbustos que resisten al viento. La meseta es salud y vida, equilibrio y fortaleza, tanto en la flora como en la fauna y en cada uno de los neuquinos que se animan a calzarse las zapatillas y salir a respirar un poco de naturaleza.

Un susto en medio del sendero

De tanto ir y venir por las bardas, los corredores de Alpatacos han visto prácticamente de todo: gente que tira basura, animalitos silvestres y hasta objetos que alguien olvidó en su entrenamiento. Entre tantas experiencias inesperadas, tuvieron también sustos importantes, como cuando se toparon con un ritual esotérico en el medio del sendero.

“Lo más raro y loco que viví fue encontrar de noche una persona con una túnica, velas y un animal ensangrentado al que le estaba haciendo algo; el sendero nos llevaba justo hasta él, así que doblamos todos y nos fuimos lo más rápido posible”, contó el entrenador Martín Romero.

Dijo que nunca supo quién hacía ese ritual tan extraño en medio de la oscuridad y explicó que el hombre “estaba medio oculto en un cañadón y nos llevamos un susto tan grande que no nos quedamos a averiguar demasiado”.

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