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La Mañana Navidad

El arte de aprender a curar en Navidad

Empachos, mal de ojos, quemaduras y hasta esguinces son parte del repertorio de curas caseras que se transmiten en Noche Buena.

Es Navidad y han pasado algunos minutos del brindis, la abuela Clara invita a su nieta a acompañarla a una de las habitaciones más apartadas de la casa, a dónde nadie podrá molestarlas. Seguramente el resto de la familia estará ocupada intercambiando regalos. La abuela abre ceremoniosamente su canastito de costura y extrae con parsimonia su cinta de medir, esta vez no la usara para marcar las telas, va a enseñarle a Carina a curar el empacho.

Tiene que ser en los primeros minutos de la Navidad y no antes, obsequia a su nieta una cinta de costura nueva que esa misma tarde le envolvieron en la mercería. Un rato después y casi susurrando le transmite las secretas palabras de un rezo, que ella aprendió a su vez de su abuela, le indica los movimientos de los antebrazos, casi de danza o magia y la tradición ya está cumplida. Carina aprende por fin a curar el empacho y la abuela está contenta porque cuando ella ya no esté, habrá alguien para seguir curando a la familia.

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Navidad es una palabra que viene del latín y que significa: Nacimiento (Nativitas). A su vez, se asocia este la llegada al mundo del Hijo de Dios con la fuerza naciente de la luz solar. Los romanos celebraban cada 25 de diciembre la ceremonia del “Sol Invictus” (Sol Invicto) y desde entonces se considera un momento más que propicio para la enseñanza de las “Buenas Artes” de la curación en el instante de mayor “Iluminación espiritual del mundo”. Además de considerarse un símbolo de pureza, inocencia y despertar.

Las “Buenas Artes” como se conoce desde la Edad Media a las prácticas hogareñas de curación, suelen recibir el apelativo de “Curanderismo” y así como el de “Curandero” o “Curandera, a quienes se dedican a ella. Saber curar el empacho, la ojeadura o los nervios cruzados, no implica que quienes lo hagan ocasionalmente, entren en estas categorías. Tendríamos que imaginar los orígenes remotos de estas prácticas en las aldeas campesinas del Viejo Continente cuyos habitantes, ya sea por la distancia o por razones económicas no tenían un fácil acceso a los servicios médicos.

Las vísperas de las navidades han sido tomadas por los pueblos de la antigüedad como momentos mágicos asociados a los primeros instantes de vida del Salvador del Mundo

El “Empacho” es en realidad, una indigestión ocasionada por una ingesta descontrolada o por el consumo de un alimento en mal estado. El término proviene del francés “empecher” que significa impedir y alude a la interrupción del proceso digestivo. La cura casera consiste en que el practicante pronuncie concentrado las palabras adecuadas (que le han sido transmitidas como un celoso secreto y que no debe darse a conocer a nadie) mientras ejecuta movimientos precisos con los brazos y las manos, marcando tramo a tramo (por lo general desde la punta del codo al extremo de los dedos) con la ayuda de una cinta de medir de costurera o bien una cinta roja que, en algunos casos está unida a un crucifijo de madera.

Hay quienes afirman, que no todos pueden curar y que los depositarios de estas fórmulas de curación (que consisten más que nada en rezos y oraciones populares) advierten de antemano quienes pueden ser los depositarios adecuados de estos dones. El don de la curación es una característica que las personas pueden traer de nacimiento o bien adquirir en algún momento de su vida, aunque en el caso de estas fórmulas navideñas, es más bien una capacidad que, aunque la persona que la tiene no lo realice con frecuencia puede aplicarla para el bien de los demás cuando se lo solicite.

Las fórmulas de la curación no se limitan al empacho también se cura la “ojeadura” o "mal de ojos", que es un mal de carácter metafísico, producido por la envidia o el odio de una persona a través de los ojos y que afecta a los más indefensos, tanto a los niños como a las personas demasiado sensibles. Las consecuencias son terribles dolores de cabeza y en los bebes ataques de llanto incontenibles.

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Las distensiones o esguinces de muñecas (muy frecuentes en nuestra región entre los núbiles operarios empacadores de fruta y conocidos con el término “mancarse”) también entran en el rango de las curaciones que pueden aprenderse en los primeros minutos de la noche navideña. Del mismo modo existen oraciones para curar quemaduras, afecciones de la piel, torceduras e incluso dolencias emocionales como “el susto” y “la pena moral” asociados el primero a un disgusto inesperado que no puede superarse y el segundo a una desavenencia afectiva.

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Existen por otra parte, libros de curaciones donde se encuentran recopiladas muchas de estas oraciones. Tal es el caso de “El Tesoro de Milagros y Oraciones de La Cruz de Caravaca” de autor y recopilador anónimo que reúne oraciones, plegarias, conjuros y secretos mágicos, entre los cuales uno de ellos es muy conocido en nuestros ámbitos rurales y es el de “curar las bicheras de palabra”, refiriéndose al modo de sanar las heridas agusanadas de los animales (más que nada del ganado y de las cabalgaduras). En dicho libro, no se especifica el momento específico para enseñar ni aprender las oraciones, ni tampoco se recomienda el mantenerlas en secreto.

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La mayor parte de las oraciones conocidas remiten al cristianismo y tiene su referencia en la Biblia “Pondrán las manos sobre los enfermos, y éstos sanarán” (Mateo 16-18) y en otros versículos en los que se hace referencia no sólo a los dones de la curación, si no al compromiso de cumplir con un mandato apostólico: “Id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis” (Mateo 9,35–10,1.6-8).

Vale agregar, que además muchas de las oraciones, tienen su origen en un sincretismo popular que las va adaptando e incluso reformando, en torno a las creencias propias del lugar y de su raigambre folklórica. Las mismas se encuentran relacionadas muchas veces con tradiciones paganas precristianas, como en el caso de las tradiciones del folklore siciliano del sur de Italia o de las tradiciones celtas gallegas del norte de España. Los inmigrantes de estas regiones han aportado a nuestra cultura muchas de esas oraciones, que se enseñan secretamente y en diferentes idiomas, en cada navidad en los hogares argentinos.

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Si llegaste a esta parte de la nota y te quedaste con las ganas de que te reveláramos alguna de las oraciones a las que hemos aludido, esperamos que las razones que anteriormente hemos expuesto te hagan comprender porque no lo hicimos. Quizás ni nosotros mismos las conocemos, aunque sí sabemos, que si se pronuncian fuera de tiempo dejan de tener efecto. Paciencia, atentos a esa abuela o esa tía que nos puede elegir, la próxima Navidad, para transmitirnos el secreto.

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