Con un estilo diferente, el gobernador Jorge Sapag logró terminar el año, el tercero de su gestión, con ciertas cuestiones bajo control, específicamente las que tienen que ver con los mayores dolores de cabeza que le dieron. Las encuestas le indicaban el pulso social y cuando se debatía en la clásica disputa con el gremio docente (reclamo de aumento, no hay plata, conciliación obligatoria, no acepto porque es juez y parte, corte de puente, etc.) la aceptación de su gestión caía. Para evitar ese desgaste que sufrían en mayor o menor medida el gobierno, el mismo gremio y los alumnos, se previó que el inicio de clases del año que se inicia esté garantizado, luego de tres años de ensayar estrategias que no dieron resultados.
En paralelo se dio respuesta salarial a la fuerza de seguridad en un contexto distinto a lo que se había establecido en otras gestiones, ahora hubo cierto respeto por las jerarquías, más allá de la decisión política de un mando que responde al poder electo. Se habló esta semana de ser auxiliar de la Justicia, resolver los problemas sociales con la ley en la mano, y se recurrió a afirmar algo sin decir lo otro, al menos directamente.
En efecto, estas palabras en boca del gobernador destiló un mensaje hacia adentro de la fuerza con el fantasma de la represión de Arroyito de fondo. Es que el contrincante en la interna de Jorge Sapag, cuando ocupó el sillón mayor de Roca y Rioja, produjo un cimbronazo en la fuerza –por definición debe ser verticalista y jerárquica—con el descabezamiento de los jefes, la entronización de mandos inferiores y la utilización como fuerza de represión contra el conflicto social. Es decir, comparar estas consecuencias con los conceptos más cercanos al respeto constitucional que se escucharon esta semana, marcan una diferencia de estilos que necesariamente merecen la observancia ciudadana.
Es la diferencia de estilo también que impuso una suerte de campaña medio extraña a lo que se acostumbra cuando verdaderamente está en juego el poder. “No voy a responder a agravios y lo que escucho de Jorge (Sobisch) son críticas al gobierno que no me detengo a responderlas porque se dicen el fragor de la lucha electoral, me concentro en cómo podemos mostrar mejor lo que hemos hecho y lo que necesitamos hacer”, dijo Sapag.
En términos de conclusión del tercer año de gestión se impone con fuerza la dedicación pública hacia la principal actividad económica de la provincia, los hidrocarburos. Comenzó con la renegociación de las concesiones hidrocarburíferas estrenando las facultades que le confirió la nueva ley que le dio la propiedad del recurso, continuó con la política de reestablecimiento de las relaciones con la Nación y obtuvo mejorar el precio del gas que se descubriera, la libre negociación entre productores y consumidores, e impuso en la jerga política nacional los conceptos de Gas Plus, Petróleo Plus, Gas en arenas y arcillas compactas, y el broche de oro fue inscripto en el libro ideológico –que siempre es bueno leerlo a la hora de las comparaciones—que fue el descubrimiento de petróleo y gas por parte de una asociación de empresas estatales, una provincial y otra nacional.
Esta semana hubo tractorazo en Río Negro y en Neuquén, si bien las cámaras de productores habían adherido no hubo manifestación en las rutas. En el debate mediático se puso en tela de juicio el papel que juegan los representantes provinciales en la gestión de la continuidad y mejora de la principal actividad económica que tiene el vecino estado provincial, la fruticultura. Es una actividad primaria que emplea a más de 30 mil personas e integra un paquete de producción, industrialización y exportación que es la envidia de otras economías regionales. Hay conceptos como planes integrales, programas de supresión de plagas, sistema de ayuda a los productores que no están integrados, etc. Pero la actividad, en lo cotidiano, está en retroceso, hay cada vez menos productores chicos que son los que más mano de obra generan. Esto viene a colación de la observancia de ese libro ideológico que a veces es interesante leerlo cuando de comparar se trata.
La campaña
“Se enfrió mucho porque tendrían que haber aprovechado que estaban enfrentados Sapag y Sobisch, entonces quedaba (Martín) Farizano como la alternativa para la gobernación, ahora perdimos terreno porque no podemos mostrarnos todos juntos”. La frase en boca de un allegado del intendente de Neuquén y candidato a la gobernación por la Unión Cívica Radical deja en evidencia la estrategia que se había enhebrado, como un zurcido rápido de una prenda como para salir del paso, y que terminó fagocitada por la decisión de uno de los socios, el Partido Justicialista. El allegado comentó que el candidato no quiere dejar a nadie afuera y su política de inclusión también contempla a Libres del Sur cuyo líder fue desplazado en un petit escándalo cuando ocupaba un cargo en el Ejecutivo municipal.
El Partido Justicialista es como que le dieron un cachetazo y se despertó, se miró el ombligo y se dijo: qué estoy haciendo acá. Necesitaba un debate interno, requería reflexionar sobre las consecuencias de su pesadez en la toma de decisiones, para terminar siendo invitados a un viaje del cual no fueron de la partida. Este partido tiene una historia muy particular en la provincia porque registró crisis muy severas luego de haber estado a un paso de acceder a la gobernación. Tal vez sea éste el síntoma de haber nacido como un apéndice nacional que luego abortó en un partido provincial que nunca volvió a sus orígenes. Entonces tener de socio al sector que, a nivel nacional, implica exactamente todo lo contrario a los principios de Juan Domingo Perón, la Unión Cívica Radical, genera, por cierto, un serio problema de identidad.
Ese problema de identidad, tal vez, fue lo que originó la deserción del partido Justicia, Democracia y Participación en los ´80; la escisión de Servicio y Comunidad en los ´80 y luego la intervención, que en la vorágine de la transversalidad lo llevó a asociarse en un pool de partidos donde tiene un peso específico respetable. En política la fortaleza está dada por los votos y por eso es que en el último plenario del PJ en su local que está ubicado –aunque sea paradójico—a pocos metros de la gobernación de la provincia del Neuquén, se hizo un raconto de los lugares que detenta en las intendencias, en la primera minoría de la Legislatura y dos senadores de los tres que tiene la provincia en la Cámara Alta.
Ahora iba Farizano con sus partidos asociados en el tren y esperaba llegar a la estación para ponerle una alfombra roja al PJ. Pero cuando llegó a la estación no había nadie. El desplante que originó una discusión sobre si habría que determinar o no el primer lugar de la lista –el candidato a gobernador—por internas abiertas o no, quedará en la anécdota. Es probable que culmine en un pase de facturas que van a estar vencidas. El 20 de febrero el MPN definirá quién será el candidato y sobrevendrá una seguidilla de test electorales que comenzarán en Plaza Huincul. Porque la realidad y la cotidianeidad continuarán inexorablemente y las pausas obligadas de ciertos dirigentes sólo servirán para inscribir hitos en las agendas personales.


