El big data y la heladera llena

Si hay crisis económica, de nada sirven los bots de las redes y la manipulación. Lo real volvió a la política.

Los académicos y analistas del big data están cada vez más desconcertados. No han entendido que ni el algoritmo más sofisticado de una red social, ni las segmentaciones del electorado y los condicionamientos de los medios de comunicación son suficientes como para predecir un resultado electoral. Los 15 puntos que sacó la fórmula Fernández-Fernández sobre la de Macri-Pichetto aún son materia de discusión profunda, una semana después de las PASO. No es un logro del kirchnerismo, sino una reacción contra la hegemonía de un sistema que dejó afuera a más de la mitad del país. Nadie puede creer que el exceso de propaganda, manipulaciones y escenarios que pretendía arrear como ovejas a un electorado se haya desplomado como un castillo de naipes. Si hay una lección que dejó el resultado de las elecciones, más allá de los tres meses y medio de incertidumbre económica y corridas cambiarias, es la vuelta de la sociedad a la política, basada en la vivencia real de una economía. Para ser más claro: los medios pueden inyectar mensajes (como la teoría de la aguja hipodérmica) pero no reemplazan todavía a la imagen de la heladera llena. La lección es que si la política es un arte de armonizar las demandas de una sociedad -en constante tensión y grietas que no cierran-, esta vez la comunicación no pudo pasarla por arriba. En 2015, el sistema fue distinto. Dejando la economía de lado, el electorado se volcó a comprar otro relato, volcado sobre el discurso centrado en la corrupción política. La estrategia funcionó y con creces. Macri ganó en el ballotage y se consolidó en las legislativas de 2017. Pero el sistema no puede sostenerse solo de relatos. Y ante el desplome económico, hubo respuesta en las urnas.

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