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La Mañana Columna de Opinión

El colador de la pirotecnia

Pese a la intensa campaña, Navidad pasó sin pirotecnia cero. El cero, se lo llevaron quienes la utilizaron.

Pese a las intensas campañas oficiales y de organizaciones no gubernamentales, esta Navidad no hubo pirotecnia cero en la ciudad.

En las horas previas a Nochebuena, y pasado el momento del brindis, se escucharon potentes detonaciones en casi todos los barrios. Los perjuicios fueron inevitables para personas con diversos problemas de salud, para las mascotas; y también para aquellos que adhirieron silenciosamente a la campaña o porque prefieren otras formas menos ruidosas de celebrar.

Desde el Hospital Castro Rendón se aseguró que no hubo atenciones de personas afectadas por el uso de pirotecnia como en años anteriores, por lo que se podría suponer que la manipulación de petardos y rompeportones fue menor, al menos en las consecuencias que se suelen lamentar, especialmente en menores.

El municipio asegura que controló la comercialización y acopio de pirotecnia tal como marcan la ley provincial y la ordenanza que prohíben también el uso y manipulación.

En la previa, se informó que hubo tan solo un decomiso de mercadería en un barrio del oeste de la ciudad. Sin embargo, el circuito clandestino encontró huecos por donde canalizar la distribución y allí los controles parecieron hacer agua si se tiene en cuenta lo que cualquier vecino pudo escuchar en la cuadra de su vivienda en las últimas jornadas.

Cualquier violación de una normativa implica una contravención, sino un delito. Pero la conducta de quienes detonaron pirotecnia (o de los mayores que facilitar su acceso a menores) demostró una ausencia de solidaridad y empatía para el resto de la sociedad.