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El corcho: uno de los grandes desconocidos del vino

Los más conocidos son de alcornoque, pero hay de distintos materiales que se van sumando al mercado. Son un elemento clave a la hora de garantizar un buen vino.

Estamos tan acostumbrados a descorchar una botella de vino que, en general, damos por seguro que esa falange de alcornoque es más un obstáculo que un aliado del bebedor. Pero bien mirado, esos pocos centímetros de un material tan natural como mágico, son el reaseguro del sabor. ¿Pero de dónde viene y por qué se usa el corcho por sobre otros materiales?

El alcornoque

El corcho se obtiene del alcornoque (Quercus suber), un árbol perenne que habita principalmente la cuenca mediterránea, entre Italia, España, Portugal y el norte de África, de Argelia a Marruecos. Es un árbol que crece lento y que alcanza la adultez a los 50 años en promedio. Su particularidad es la que lo ha hecho famoso: produce grandes cantidades de una corteza elástica y compresible de la que se extrae el corcho.

El dato es que un alcornoque adulto produce, según las lluvias y el clima, una cantidad suficiente de corteza como para cosecharla cada entre 9 y 14 años. Por lo que los árboles se cosechan de forman individual y manual en un proceso bien vistoso: empleando unas hachas afiladas los cortadores de corcho marcan el tronco y las ramas principales, a partir de cuyos cortes hacen luego palanca con el mango de las hachas. La corteza se desprende limpia y simple, como si el árbol perdiera una capa de abrigo.

El punto crucial es que el cosechador no debe dañar a la madre de la corteza. Es la capa a contar de la que el árbol produce las células huecas de su corteza. Si la daña, en ese punto deja de crecer. Por eso los trabajadores que cosechan el corcho son gente especializada y con un profundo amor por los árboles. Cada alcornoque, a modo de cierre, puede vivir unos 250 años aunque algunos se han documentado de más de 600.

Portugal y el mundo

El principal productor de corcho a nivel mundial es Portugal, que cubre el 50% del mercado mundial. Eso le da una posición de fuerza que, en la medida en que el mercado mundial de vino crece, ha potenciado su lugar en el mercado. El asunto es que las calidades de los tapones se resintieron mucho en los últimos 20 años. No tanto porque las mejores calidades están garantizadas –tapones elásticos, de 50 mm y parejos– que se usan para vinos de altísima gama, sino porque en las gamas medias y de alta rotación el tapón de corcho natural empezó a dejar huecos difíciles de llenar.

Mientras que un tapón natural de excelente calidad funciona a la perfección, los de menores calidades ofrece variabilidades de hasta un 5% medido en el negocio. Es un número errático, que puedan fallar 5 de cada 100 botellas. En todo caso, la industria de los tapones ha ido dando respuestas a la falta de alcornoque frente al crecimiento del negocio del vino.

Tapones alternativos

Así, la misma industria del corcho ha conseguido resolver algunos de los principales dilemas de abastecimiento. La innovación más importante en ese sentido son los tapones aglomerados técnicos que, empleando resinas especiales, permiten mensurar incluso la cantidad de oxígeno que ingresa a una botella de vino. Con los descartes de los buenos tapones, tratados para que no arrojen aromas, se reconstituyen los tapones ahora con tecnología que permite saber al detalle la porosidad final del tapón.

La marca de cabecera en esto es DIAM y, si uno como consumidor está atento, la inmensa mayoría de botellas con cierto grado de rotación en el mercado hoy se tapan con DIAM o parecidos. Lo bueno, desde el punto de vista natural, es que siguen siendo los mismos árboles los que proveen ahora una mayor cantidad de tapones con mejor garantía de seguridad alimentaria. Y, en todo caso, el tapón de vinos sigue siendo un producto natural frente a otros tapones alternativos.

En todo caso, una cosa es segura: la próxima vez que se descorche una botella de vino y salga un corcho –sea un aglomerado o una pieza entera– al menos se podrá tener un poco más de conciencia sobre el valor de esa falange invisible pero fundamental.

El negocio de tapar botellas es inmenso. Y en el proceso de competencia además del alcornoque aparecen otras alternativas: la tapa stelvin, o tapa a rosca, muy usada para vinos de rotación; pero también los elastómeros naturales, de caña de azúcar y biodegradables.

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