El crudo neuquino llegó luego de una odisea en el desierto

Hace 100 años, la industria petrolera argentina tenía otro hito fundacional con el hallazgo en el Pozo Patria en Plaza Huincul, primer paso de un recorrido que sigue hoy en Vaca Muerta.

Fernando Castro

fcastro@lmneuquen.com.ar

Sólo Carmen Funes, la mítica Pasto Verde, se había animado. Buscando un lugar donde forjarse un futuro encontró una aguada en medio del desierto entre Challacó y Ramón Castro. Se quedó allí y, sin querer, su decisión fue crucial para el futuro de la industria petrolera argentina. Casa, comida y agua. Era todo lo que ofrecía y era todo lo que suplicaba cualquiera que pasara por ese confín a principios del siglo XX. Doña Carmen, que había sido fortinera y dicen que le decía “don Julio” a Julio Argentino Roca, supo al poco tiempo de la fiebre del petróleo.

En 1915, a ocho años del descubrimiento en Comodoro Rivadavia, el geólogo alemán Juan Keidel fue uno de los primeros enviados en saber de la hostilidad de ese desolado emplazamiento. Dio indicaciones. Eligió un punto a un kilómetro al norte de las vías del tren, “en lo alto de un morro” pegado a una mata verde. Si se iba a perforar, debía ser allí. Desde 1890 el entonces territorio neuquino contaba con al menos una veintena de testimonios e intentos exploratorios que indicaban la existencia de petróleo y el ímpetu por obtenerlo. Por el contexto y las dificultades que implicaban, algunos eran descriptos como rayanos a la locura y la alucinación. Pero ¿qué no podía calificarse de ese modo en ese momento en que casi todo estaba por hacer? El coronel Olascoaga, fundador de la primera capital neuquina, Chos Malal, ya había dado cuenta de ello.

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En septiembre de 1915 llegó el ingeniero Enrique Cánepa, enviado por la División Minas del Ministerio de Agricultura de la Nación. Fue hasta el sitio señalado para la perforación, uniendo el trayecto con Neuquén en sulky, luego de ser recibido por el entonces gobernador Eduardo Elordi.

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Dos meses después fue el turno de Juan Soufal y su familia, un técnico austríaco encargado de la puesta a punto y mantenimiento del que iba a ser el primer equipo perforador marca Fauck. “Yo pasé la noche allí con mi familia. Hicimos taperas de chapas y material que traíamos para comenzar la perforación del primer pozo de Plaza Huincul y Zona Neuquén, el Patria”, describía en una entrevista de 1965, como lo consigna el periodista y poeta Gerardo Burton en su libro Crónica del subsuelo (Ediciones con Doblez, 2017). Era la quimera del oro negro en su versión neuquina que comenzaba a rodar.

La dureza del entorno era una especie de complemento que ponía a prueba el esfuerzo que ya significaba la pesadísima tarea de buscar un reemplazo del escaso carbón que era clave para la economía nacional.

Luego de su primer viaje para saber qué se necesitaba, Cánepa hizo un segundo, pero sólo con dos ayudantes y unos 12 presos de la U9 de Neuquén, con media docena de guardias que Elordi había facilitado para iniciar la perforación. Los trabajos comenzaron y luego de tres años, el 29 de octubre de 1918, se produjo el hallazgo de petróleo a 605 metros de profundidad. Es el primer registro certificado en la cuenca neuquina.

El descubrimiento dio lugar a la delimitación de un octógono fiscal de cinco kilómetros tomando como radio el descubrimiento realizado en el Pozo Patria. Eran casi nueve mil hectáreas que el Estado nacional se reservaba para iniciar un nuevo capítulo en la industria. Plaza Huincul, un yermo páramo que parecía nuevo en el mundo, daba origen a lo que hoy se conoce como la comarca petrolera.

Estaba claro que el petróleo extraído era de mejor calidad que el que se sacaba en Comodoro, pero era un poco más difícil obtenerlo. Con todo, se enviaron más máquinas y personal para continuar con las tareas de extracción. Con el correr de los años, otras empresas se radicaron alrededor de la reserva fiscal para probar suerte, alertadas de un constante crecimiento de la producción.

Para la provincia fue el primer paso en un camino que en el siglo siguiente continuó forjándose con el tesón y empeño de miles de hombres y mujeres, pero también a fuerza de los nuevos descubrimientos que la cuenca neuquina parece empeñada en prodigar. El de Plaza Huincul fue un primer momento que explica también algo de este presente. Hace un siglo el Pozo N° 1 marcaba el destino. La historia, hoy, se sigue escribiendo.

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