El debate que nos debemos

Cómo evitar que los violadores y asesinos se fuguen a la espera que la condena quede firme.

El gran desafío que tienen por delante la Justicia y la política neuquina es resolver de manera certera y sin afectar las garantías constitucionales qué hacer con los violadores y asesinos condenados que, estando en libertad, se fugan cuando están por comenzar a cumplir la pena.

Una de las garantías que tenemos como ciudadanos es que podemos estar en libertad durante todo el proceso penal que se nos sigue siempre y cuando estemos sujetos a derecho. Inclusive, estando condenados y a la espera de que dicha condena quede firme.

El problema que han comenzado a observar los funcionarios judiciales y la Policía es que se repite un patrón de conducta cuando las penas son elevadas y los condenados se ven próximos a ir a la cárcel.

Esto ocurre por una cuestión muy básica: ninguna persona que está libre quiere ir presa, incluso en el ABC del delincuente una de las prioridades es no caer detenido.

En los dos últimos años hemos contado varios episodios donde los condenados se fugan y la Justicia debe ordenar su captura, lo que obliga a la Policía a buscar por segunda vez a la misma persona.

Por ahora, sólo hay charlas de pasillo en la Ciudad Judicial para ver de adoptar algunas medidas para que un condenado vaya preso a la espera de que el fallo quede firme.

Lo cierto es que para ello no se debe afectar los derechos del ciudadano condenado, lo que vuelve muy compleja la tarea de dejarlo preso ante la duda de que pueda fugarse. Es ahí donde entran en juego los legisladores para analizar la problemática y optimizar la legislación con un sentido amplio de justicia, pero sin olvidar que salir en busca de un fugado genera todo un costo adicional para el sistema y el descrédito social.

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