LMNeuquen Sauzal Bonito

El día que el río no tuvo piedad con Sauzal Bonito

El 13 de julio se cumplieron 14 años de la brutal crecida del Neuquén.

Cada vez que el río viene con una crecida importante, los pobladores de Sauzal Bonito se paralizan por el miedo. Todavía están frescas las imágenes de la catástrofe que ocurrió el 13 de julio de 2006, cuando una ola de agua y barro pasó por encima del pueblo. No fue una gran tragedia porque los pronósticos meteorológicos lo advirtieron y todos estaban preparados para cuando llegara el aluvión. Pero esos recuerdos no se los borra nadie.

La gran mayoría juntó la mayor cantidad de pertenencias y se subió a la barda empinada que marca uno de los límites de la pequeña localidad (el otro, bastante más alejado, es el río). Pero muchos –aunque lo intentaron- no pudieron salvar a los animales de las granjas y corrales que eran parte de su sustento y fueron testigos de cómo se los llevaba el agua o los aplastaba el barro contra los alambrados o los cercos.

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Sauzal Bonito es fiel a su nombre porque es un pueblito ubicado cerca del río Neuquén, donde las tierras son fértiles y las plantaciones forman un pequeño oasis en medio del desierto. El lugar está ubicado en un estrecho valle de 15 kilómetros de largo y a 45 kilómetros de Añelo, al oeste, y 50 kilómetros de Plaza Huincul, al sur.

Sauzal Bonito

Pocos días antes de aquel desastre, los técnicos de la Autoridad Interjurisdiccional de Cuencas venían siguiendo de cerca las mediciones diarias del Neuquén aguas arriba. Estaban preocupados porque se habían registrado lluvias muy fuertes con un brusco aumento de la temperatura, pero no se imaginaban lo que realmente estaba por venir.

Siempre, en medio de fenómenos importantes como ese, los técnicos arriesgaban números a modo de apuesta sobre cuánta agua podría dar la nueva medición que se realizaba a través de sondas instaladas en el río y la información que estos aparatos enviaban a un satélite. Los niveles del caudal seguían creciendo cada vez más hasta que, de golpe, los aparatos dejaron de funcionar. En ese momento, en las oficinas de la AIC quedaron en silencio. Se dieron cuenta de que se trataba de algo realmente extraordinario que había arrasado las estaciones de medición. Las fuertes lluvias y el brusco aumento de la temperatura hicieron que la nieve de las montañas se derritiera de golpe, generando un caudal que fue creciendo de forma exponencial hasta llegar a los 10.300 metros cúbicos por segundo, algo nunca visto, teniendo en cuenta que durante algunas inundaciones, el río traía 700 u 800 metros cúbicos.

Los técnicos comenzaron a dar las alertas dos días antes para evacuar al pueblito. Lograron predecir, inclusive, hasta la hora en que llegaría la ola gigante. Por eso se realizó una evacuación exitosa.

En el lugar, algunos incrédulos solo levantaron muebles y electrodomésticos para colocarlos arriba de la mesa, como si esa sola medida alcanzara. Otros se resistían a dejar sus viviendas. ¿Cómo podía ser que el río que está a unos mil metros del caserío llegara con tanta fuerza como para arrasar con todo?

Sauzal Bonito

La crecida llegó puntual, tal como se anunciaba. Y lo hizo de manera brutal, con una cresta de agua que alcanzó los dos metros de altura, arrasando todo lo que encontraba a su paso para luego seguir de manera desenfrenada, mientras los pobladores miraban azorados desde la barda.

Fueron imágenes irreales de un aluvión de agua sucia que rugía como si hubiese cobrado vida, mientras golpeaba contra las paredes de las casas y edificios públicos que parecían conformar una pequeña maqueta urbana frente a esa ola descomunal.

Los pobladores se abrazaron temerosos por más que estaban en ese lugar alto. Temían encontrarse con lo peor cuando finalmente se retirara el agua. Es más, muchos pensaban si podrían volver a vivir en el pueblo. ¿En qué estado querían sus hogares?

Cuando el agua finalmente siguió su curso, al día siguiente comenzó el relevamiento del desastre: decenas de animales muertos o desaparecidos, árboles viejos arrancados de raíz, huertas y chacras cementadas por el barro todavía fresco, paredes agrietadas o a punto de desmoronarse.

Con la asistencia de los bomberos, autoridades provinciales y los propios vecinos, comenzó una lenta y difícil reconstrucción del paraje que duró semanas.

Sauzal Bonito

En forma paralela, el gobierno de Neuquén desempolvó el viejo proyecto para construir la represa Chihuido I, una iniciativa que había sido pensada 40 años antes y tenía como objetivo no solo la generación de energía hidroeléctrica y de riego para una amplia franja desértica, sino también la regulación del Neuquén que aquel día también amenazó de muerte al dique Portezuelo, un embalse con una capacidad de contención de 11.500 metros cúbicos por segundo, que por poco no colapsó ante esa extraordinaria crecida. Pero el proyecto quedó en la nada, por más que después en el tiempo volvió a reflotarse. También se pensó en reubicar el pueblo a un lugar más seguro, aunque esa idea no prosperó.

Hace pocos días, el caudal del río Neuquén volvió a subir, producto de las lluvias y las nevadas. Alcanzó los 700 metros cúbicos por segundo y el agua se acercó peligrosamente al pueblo. Si bien la cifra no es nada en comparación con la que se registró aquel 13 de julio, los habitantes de Sauzal Bonito volvieron a mirar con preocupación el curso de agua.

“La gente no se olvida lo que pasó, pero ahora estamos más preparados”, aseguró Fernando Wircaleo, presidente de la comisión de fomento. Opinó que hoy la comunicación es distinta en comparación con la que había entonces y reconoció que los casi 350 habitantes que tiene el pueblito están expectantes frente a cualquier amenaza que llegue desde el río.

El joven dirigente era un adolescente cuando ocurrió la gran crecida de 2006. Por eso también para él no deja de ser una preocupación, mucho más ahora que tiene una gran responsabilidad como la máxima autoridad del paraje.

Los vecinos de Sauzal Bonito buscan mantener la calma y seguir con su rutina pueblerina y de trabajo rural en ese rinconcito fértil cercano a la costa. Cuando viene una fuerte nevada o se desata una lluvia torrencial, escuchan la radio local para ver si hay alguna novedad o se comunican entre ellos a través de Whatsapp.

Intentan contenerse y tranquilizarse. Tratan de convencerse de que no ocurrirá otro 13 de julio negro. Aunque caiga el agua que caiga. Aunque el río tenga memoria.

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