El gringo que llegó de Italia y le dio vida al barrio El Progreso

Félix "Felice" Gorzegno. Pionero y luchador incansable de ese sector de la ciudad. Organizó una cooperativa de ayuda mutua para un plan de viviendas.

Vino desde Italia a Neuquén con un movimiento tercermundista. Impuso el esfuerzo propio y la solidaridad para colaborar con el desarrollo.

La premisa de su proyecto siempre fue que la gente tenga que conocer el sacrificio para poder valorar lo que tiene.

MARIO CIPPITELLI
cippitellim@lmneuquen.com.ar

NEUQUÉN
Llegó a Neuquén desde Italia en 1969 con el objetivo de trabajar para el desarrollo de una comunidad, haciendo valer el esfuerzo propio y el sacrificio en beneficio del conjunto.

Por aquel entonces, los movimientos tercermundistas estaban en auge en distintos lugares del planeta, y en Italia, particularmente, florecían los grupos de jóvenes con aquellos ideales de progreso y solidaridad.

Félix Gorzegno (77 años) había conocido en Turín a Mauricia Murúa, una neuquina que había sido becada para estudiar servicio social. El amor y las ganas de trabajar en países subdesarrollados los unió para siempre. Las raíces de su amada tiraron más que la aventura a otros destinos del mundo, así que a este rincón de la Patagonia vinieron con todos sus proyectos y sus sueños. Por aquel entonces, Neuquén era una pequeña ciudad en medio de un desierto que intentaba abrir su propio camino rumbo al desarrollo. La provincialización en 1957 le había permitido a las flamantes autoridades comenzar a diagramar estrategias de crecimiento que nunca alcanzaban.

La capital prácticamente terminaba en la calle Bouquet Roldán y el oeste era un inmenso arenal con mucho potencial para el urbanismo, aunque no sólo hacían falta recursos, también era necesario esfuerzo y sacrificio para nuevos emprendimientos.

Félix, cuyo nombre se fue transformando en el tiempo hasta quedar en "Felice", logró entender con su esposa aquella increíble oportunidad que le daba el desierto.

En aquel momento había necesidad de reubicar a una serie de familias que tenían viviendas precarias en la costa del río Neuquén, por lo que Felice hizo gestiones ante el entonces intendente, Marcelo Otharán, para que le cediera una franja de tierra en el oeste para iniciar un plan de viviendas con esfuerzo propio. "Nos comprometimos a organizar una cooperativa de ayuda mutua; así comenzamos", recuerda.

La Municipalidad hizo el loteo y llevó los servicios de agua y luz, y la gente que estaba interesada comenzó a levantar el grupo de viviendas. "El Municipio ponía los materiales y la máquina para hacer bloques; así empezamos a construir, fuera de nuestro horario de trabajo y durante los fines de semana", describe.

Como había demanda y el cupo inicial no alcanzaba para todos, se decidió que quienes fueran los primeros adjudicatarios serían aquellos que más horas trabajaran en la construcción colectiva. "Se hacía un sorteo entre los que trabajaban más tiempo", señala.

De a poco, y en medio del desierto, se fueron levantando 26 viviendas, del total de 70 que habían sido proyectadas. Pero los pioneros decidieron ir por más. Como la escuela más cercana era María Auxiliadora, y no estaba al alcance de la gente humilde del incipiente barrio, Felice propuso levantar un establecimiento escolar con el mismo método del esfuerzo propio. "Presentamos un proyecto al gobierno nacional para que nos dieran un subsidio. Finalmente llegó cinco años después, aunque no alcanzaba para toda la construcción", asegura.

Muchos que nos veían en la calle nos gritaban '¡comunistas!'. A nosotros todo se nos hizo cuesta arriba".

Hicieron tres aulas para que funcionaran en doble turno y con el tiempo funcionó una escuela primaria y luego para adultos. Allí funcionaron talleres de teatro, cerámica, costura, baile y cine. En otro sector levantaron una sala de primeros auxilios que fue utilizada por tres médicos que hacían visitas periódicas al barrio para atender a una comunidad que comenzaba a crecer en número, debido a la esforzada, pero creciente urbanización, hasta que finalmente intervino el gobierno provincial.

"Nuestras acciones empujaron algunas decisiones importantes. Construyeron la escuela 256 y luego ampliaron la sala y así el barrio comenzó a agrandarse cada vez más", sostiene.

Luego llegaron los años difíciles de la dictadura militar. Para el joven matrimonio no fue fácil seguir con su tarea solidaria. Es que en el contexto de un gobierno de facto, el tercermundismo no era bien visto. "Muchos nos veían en la calle y nos gritaban '¡comunistas! A nosotros se nos hizo cuesta arriba", dice.

En 1983, junto a un grupo de vecinos, organizó la construcción de la red de gas, el único servicio que faltaba, pero siempre con la misma metodología: trabajo comunitario y esfuerzo propio. Lo mismo ocurrió cuando decidieron organizar la primera colonia de vacaciones que se llevó a cabo en Primeros Pinos, que permitió a muchos chicos de la zona ampliar sus conocimientos sobre la geografía neuquina.

El tiempo y ese empuje constante fueron suficientes para que el desarrollo fuera imparable. Hoy, Felice y su esposa Mauricia están orgullosos de haber sido pioneros y luchadores incansables del barrio El Progreso. "No me puedo quejar. Todo lo que hicimos fue con esfuerzo, pero valió la pena", sostiene

FRASES
Me gustaría abrir un centro cultural para que los jóvenes aprendan a razonar y a pensar. Hoy la gente no sabe discutir y utiliza la violencia como argumento.

Las casas que construimos con ayuda mutua se reformaron con el tiempo y quedaron muy lindas. Las que regaló el gobierno siguen estando como entonces.

Quiero a este país y a esta provincia. Aquí aprendí a hacer muchas cosas que no sabía, como el oficio de albañil, el idioma y hasta hacer asados.
Félix Gorzegno

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