El gusto del Malbec según la región y opciones de hasta $500

La amplia variedad de terroirs ofrece matices para todos los paladares.

Por Joaquín Hidalgo

En los círculos del vino se habla mucho de terroir. Y mientras el foco para los especialistas está en el suelo –porque hoy es la ciencia oculta que despega en términos de conocimiento– para los consumidores de a pie, elegir un vino por el tipo de piedras o arcillas se vuelve algo impracticable. El terroir, sin embargo, se puede beber. Y ahí es donde la cosa funciona bien para los consumidores.

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El vehículo para degustarlo –en eso todo el mundo del vino está de acuerdo– es el malbec. Y la razón resulta sencilla: es tan camaleónico que en sus cambios de gusto manifiesta cambios de terroir. El asunto está en comparar para conocerlos. Para eso, la lista de terroirs y vinos que detallamos a continuación es una invitación a comparar. De modo que, juntando al menos cuatro botellas –el truco es que cada invitado traiga al menos una– y destapándolas todas al mismo tiempo, se pueden hacer algunos contrapuntos que demuestren el gusto del terroir. El viaje arranca así:

El gusto del NOA

El valle Calchaquí es un buen punto de partida. Mejor aún si se eligen los vinos de altura, como los que se producen en Molinos, Cachi y Santa María de los Andes. En esas zonas a más de 2000 metros y con solazos tropicales, el malbec es singularísimo: con gran intensidad de color violeta opaco, en aromas ofrece un trazo intenso de espacias y de fruta madura. Al paladar es más fácil de identificar: mucho cuerpo y buena acidez, con taninos moderados. Buenos ejemplos de estos vinos, son: Sunal Ilógico (2017, $500) o Miraluna (2017, $500). De Cafayate, menos frescos, conviene probar con Los Tordos (2016, $300) y Etchart Gran Linaje (2017, $480).

Los tres terroirs grandes de Mendoza

Mendoza ofrece el 85% del malbec. De modo que es complejo de sistematizar. Pero desde el punto de vista del consumidor, lo ideal es tener tres grandes esquemas de referencia, cuyo punto medio es el malbec de Luján de Cuyo, en torno a los 900 y 1000 metros de altura. Ahí, el vino resultante ofrece color rojo violáceo, fruta madura con buen cuerpo, frescura moderada y taninos amplios, mullidos, como si fuera un vino musculoso. Ejemplos perfectos, son: Fabre Montmayou (2017, $355), La Linda (2017, $330), La Mascota (2017, $500) y Lagarde (2017, $460).

Uno de los extremos es el Valle de Uco, con terruños de 1100 a 1500 metros. Ahí, la combinación de zonas frescas y buena intensidad de sol por la altura, da un vino intenso en color violáceo brillante y aromas, con frutas frescas, rojas y negras, con un trazo herbal marcado y en algunos casos hasta floral. Al paladar es de cuerpo medio a buen cuerpo, con acidez elevada para el promedio local y taninos firmes, que aprietan un poco en las encías. Ejemplos ideales son: Salentein Reserve (2016, $401), Trumpeter Reserve (2017, $420), Serbal (2018, $310) y Tomero Reserve (2017, $500). En esta misma línea funciona Valle de Pederenal, en San Juan.

El extremo este, hacia el desierto, funciona igual que la zona central de San Juan. Un área extensa, entre los 550 y los 800 metros, donde el calor intenso del verano propone vinos de color medio, maduros e intensos en aromas, cuya riqueza alcohólica, combinada con acidez y taninos moderados, los vuelve algo flacos y sencillos. En general sirven de base a cortes grandes en volumen, mejorados con algo de Uco y Luján.

Patagonia

Más allá del paralelo 39º casi no hay mlbec con presencia comercial. De modo que entre 25 de Mayo en La Pampa, San Patricio del Chañar en Neuquén y el Alto Valle del Río Negro se consuma la ecuación. Y acá conviene dividirlos en dos grandes grupos: La Pampa y Neuquén por un lado, Río Negro por otro.

Mientras que los dos primeros están plantados sobre la barda y con alta exposición solar, que los convierte en zonas cálidas a moderadas, Río Negro está plantado en el centro del valle, donde se acumula el aire frío y los suelos más pesados moderan a la baja la temperatura.

¿La diferencia en los vinos? Es bien perceptible. Los primeros se parecen al modelo Luján de Cuyo, con elevado color, riqueza de aromas maduros y buen cuerpo con frescura moderada, los segundos son más parecidos a los de Valle d Uco, más violáceos, con fruta roja y negra, además de un trazo herbal, cuyo paladar es de cuerpo medio y con frescura y taninos más firmes. Entre los casos ideales para comparar, están: Desierto 25 (2017, $300), Saurus Select (2017, $455) y Fin del Mundo Reserva (2016, $407) entre los primeros, Humberto Canale Estate (2017, $380) e Infinitus Barrel Selection (2017, $409) para los segundos.

Detalle nerd de Uco

El asunto con el Valle de Uco es que ofrece un mosaico muy cambiante de alturas y suelos. Mientras más alto está un terroir, más importante se vuelve el suelo para posibilitar o no el cultivo. Así, una comparación linda para hacer es entre algunos vinos de Gualtallary con otros de Paraje Altamira y La Consulta. Pero eso será cuando ya esté afinado el sentido grueso del gusto por terroir.

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