El hombre que mira el mundo a través de la miel
Adriano Calalesina
Hace 60 años que trabaja en el mismo oficio de hacer la mejor miel artesanal, el sustento de su familia.
Nació en Mones Cazón, cerca de Pehuajó, y se tuvo que ir hace 30 años por las inundaciones. En Centenario retomó la apicultura.
Un día decidió marcharse. En silencio. El agua le llegaba al cuello en su pueblo natal, donde de chico solía formar parte de ese campo infinito entre vacas y alfalfa en la provincia de Buenos Aires.
Felipe Martín está por cumplir 85 años y conoce el secreto de cómo las abejas elaboran la mejor miel de la zona. Nació en Mones Cazón, a pocos kilómetros de Pehuajó, la ciudad de la tortuga Manuelita, que hacia 1986 empezó a inundarse sin razón. Los campos ya no producían y unos 900 habitantes emigraron hasta que bajaran las aguas. Pero Felipe no volvió más, al menos en forma física, a esos campos infinitos.
"No sabíamos qué hacer, no podíamos entrar a los campos, hacíamos 30 kilómetros y no avanzábamos. No tuve otra alternativa que abandonar el pueblo", cuenta Felipe, un hombre que cosecha silencios y paciencia en cada frase sabia que pronuncia, con la madurez que le dan las ocho décadas.
Hoy, Felipe vive desde hace 30 años en Centenario, en el barrio Sayhueque, lejos de esa alfalfa y ese campo. Quien pase frente a su casa verá que en el techo de losa están apiladas varias colmenas blancas, como un símbolo indescifrable para quienes no lo conocen en profundidad.
"Me vine porque tengo una hermana acá en Centenario, así que dejamos todo y acá estoy", dice Felipe, emulando parte del guión de Una historia sencilla, la película del director David Lynch.
"Anduve dando vueltas un tiempo, hasta que me decidí en ese entonces y empecé todo de nuevo con una colmena para hacer miel", agrega el hombre.
Pero Felipe ya se hizo fama. Desde hace varios años es el puestero obligado de miel artesanal en la Feria del Trueque de la plaza Chos Malal, y tiene clientes que gozan de ese privilegio de saber que hace una de las mejores mieles de la Patagonia. El hombre tiene experiencia. Hace 60 años que está abocado a la apicultura, un oficio que, según el mismo, está desapareciendo de a poco.
"No le pude trasmitir ese trabajo a mi hijo porque lamentablemente es alérgico a las abejas. Una vez se pegó un susto enorme", recuerda Felipe, como una ironía de película, que lo hace llevar el buen karma de las abejas durante toda su vida.
Felipe siempre trabajó solo en este oficio y supo tener decenas de colmenas que le permitieron vivir de la producción y dar de comer a su familia, más allá de su condición de jubilado. Hace unos años había formado, junto con unos 27 productores, la Cooperativa de Provisión Apícola de Centenario y Vista Alegre, un proyecto ambicioso de extracción de miel que, como buena parte de las cosas que se emprenden en este oficio, se dio de bruces con los malos precios, los monopolios y la falta de mercado.
"Pensé en dejar de hacer miel después de toda una vida. Hasta que apareció una oportunidad de vender en la feria municipal", comenta, mientas asegura que hoy siente fuerzas para seguir con el oficio, con altos y bajos.
Dice que este año ya vendió más de 1500 kilos a sus clientes. Por supuesto que la demanda es tan grande que se vio obligado a comprar y revender, ya que no puede producir tanta miel.
En la cooperativa de 27 productores sólo quedan ocho, y este año hicieron una extracción de sólo 30 kilos por mes. En un momento el objetivo era exportar, pero no es rentable y la mayoría tiene que conformarse con vender, con paciencia, en el mercado interno. "Lo intentamos hacer dos años, pero es difícil. Vendíamos a gente que nos exportaba, pero es caro", agrega.
Felipe viaja dos veces a la semana durante la temporada de miel (polinización durante los meses de verano) a Peñas Blancas, una zona cerca de Catriel, provincia de Río Negro, donde tiene más de 300 colmenas en un campo de alfalfa. Maneja su Chevrolet Silverado modelo 97 y suele hacer más de 300 kilómetros en un día para mantener, limpiar y trasladar sus colmenas en los campos de alfalfa. Dice que esa planta es la mejor comida que tienen las abejas para sacar una miel clara, que es la que buscan los clientes.
"Acá en la zona, la miel de peras y manzanas no es tan buena, sólo se saca comida para la propia abeja. Muchas veces, empieza la temporada de cura y se olvidan de sacar las colmenas, y es un problema", explica Felipe.
En Peñas Blancas Felipe trabaja con esos silencios eternos, en un campo de alfalfa que a veces le recuerda al de su pueblo natal.
Estuve dando vueltas mucho tiempo, y las abejas siempre estuvieron dando vueltas en mi cabeza y me decidí a empezar de nuevo”.
Un proyecto para ponerse en pie
Centenario Produce
Desde el año pasado, un grupo de productores locales se formó a través del Municipio local para dar impulso a una feria. Felipe Martín integra la iniciativa junto con chocolateros y otros productores.
¿Cómo participar?
La feria se realiza todo el año en el Polideportivo Municipal, ubicado en Canadá y Coronel Villegas, el segundo sábado de cada mes, de 16 a 20. Los interesados en sumarse pueden comunicarse al 4891937.
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