El homenaje que merece

La frase la dijo hace 19 años. Y, como muchas otras que lanzó para la posteridad, “la pelota no se mancha” desató una ovación más en La Bombonera. Esa tarde, el mítico estadio de Boca Juniors estaba repleto. Pero no se jugaba por los puntos. La cancha explotaba en honor al Diez, a ese jugador con la 10 en la espalda al que el pueblo xeneize, y algunos otros que no sentían el mismo amor por el azul y oro pero habían sido felices con él en México 86 o en Italia 90, veneraban por última vez con los botines puestos.

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La dirigencia de Boca no ve simpática la figura del Diez y amaga con silenciar cualquier tipo de homenaje al ahora DT.

Pasaron 19 años. Y mucha agua bajo el puente. Hoy hay, claro, una generación (o más) que ya no lo vió dar la vuelta olímpica en el 81 en esa misma cancha, en su único año en su primera etapa en el club. Y otras que como único recuerdo vivo tienen aquel Diego castigado que volvió en 1995 y dejó apenas unas pinceladas, muchas polémicas, algunas otras frases célebres (“Te espero en Segurola y Habana”) y ningún título. Pero hay algo que no cambió, y es esa historia de amor entre Diego Armando Maradona y los hinchas de Boca que nunca se terminó. Aunque a algunos dirigentes su postura política, y su mala relación con Juan Román Riquelme, los empuje a ignorar su arribo en la última fecha como entrenador de Gimnasia de La Plata. “Nos va a querer ganar como cualquier otro técnico”, dijo el presidente Amor Ameal. Y no le erró. Incluso puede Boca estar jugándose el título en esa jornada final. Pero le va a costar a los nuevos dirigentes apagar la pasión que genera el Diez, lo que transmite su presencia, con un efecto multiplicado cada vez que pisó ese estadio que eligió para su homenaje. El mismo que le harán en pocas semanas, aunque la dirigencia no quiera.

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