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El ladrón, el albañil y Dios en su laberinto

Ambos eran feligreses de la Iglesia Metodista Pentecostal. En medio de un robo, se reconocieron. La víctima le extendió la mano con los 100 pesos que tenía en el bolsillo y el delincuente no dudó en matarla de un tiro en la cabeza.

Dicen los textos bíblicos que cuando Dios creó al hombre le dio el libre albedrío, es decir, la posibilidad de elegir su destino pese a la incertidumbre de los tiempos. Pero también es cierto que los hombres, oran y piden su intercesión cuando suelen encontrarse en las encrucijadas de la vida.

En esta historia, Dios quedó atrapado en su propio laberinto. Dejó que dos hombres, Guillermo “Willy” Garro y Marcos Fabián Cárdenas, resolvieran el entuerto con sus elecciones. Es decir, nos sumimos en una tragedia.

Creer por necesidad

Guillermo “Willy” Garro Umanzor es un personaje conocido del ambiente delictivo. La semana pasada, contamos que el 30 de diciembre de 2006, junto con su hermano Jonathan “Nano” Díaz y Néstor Fabián Zapico, participó de una entradera en la casa del profesor de filosofía Jorge Chaktoura.

Durante el robo en la casa ubicada en Santiago del Estero 1084, el Willy encañonó a la esposa del profesor y así fue como accedieron a la vivienda.

Mientras el Willy y el Nano se encargaban de juntar las cosas que se iban a llevar, Zapico en la planta alta tenía amenazado a Chaktoura en su estudio. Un portarretrato en la biblioteca con la víctima vestida de comisario le dio un giro abrupto a la historia.

Zapico le preguntó si era cana y Chaktoura le explicó que era profesor en la Escuela Superior de la Policía y, como personal civil, le habían dado el rango de comisario. El delincuente le pidió el arma reglamentaria. El profesor le confió que hacía varios meses, desde agosto, que el personal en su condición ya no tenía arma por disposición interna de la Jefatura.

A Zapico nada le importó y terminó ejecutando a Chaktoura a metros de su esposa, que estaba maniatada en el baño. La mujer solo recordó sus últimas palabras: “¿Dónde disparaste?”. Y luego la voz de su esposo ahogada en sangre se perdió. El Willy estalló de furia contra Zapico y tuvieron que huir rápidamente de la casa.

Asesinato de un feligrés reaccion gente El ladrón, el albañil

El Willy reza

Pocos días después del homicidio, Zapico huyó a Bahía Blanca, luego pasaría por Viedma hasta llegar a Carmen de Patagones, de donde era oriundo. Estuvo poco más de un año prófugo antes de caer finalmente en Entre Ríos tras participar de una escandalosa escena con una mujer en una confitería.

En Neuquén, a mediados de 2009, la Justicia condenó a Zapico por robo calificado por homicidio y le dictó una pena de 18 años de prisión. En la actualidad, está con libertad condicional y tiene una carpintería en Cutral Co.

El Nano, que tenía apenas 16 años al momento del crimen, se escapó a Chile y terminó cayendo durante un robo en octubre de 2007. Cuando los carabineros vieron el denso prontuario que tenía en Argentina, dieron aviso a las autoridades y la Justicia neuquina realizó los trámites necesarios para extraditarlo. Fue declarado responsable de robo, pero no recibió pena alguna.

El Willy Garro había participado del robo y crimen del profesor Chaktoura pero zafó. Tras salir de la cárcel, terminó matando en un robo a un albañil.

Pero volvamos a uno de los personajes principales de esta historia.El Willy Garro cayó en 2007 y estuvo casi dos años preso a la espera del juicio en el cual se lo absolvió, porque si bien participó del robo, el asesinato de Chaktoura fue una decisión arbitraria de Zapico. Ese mismo día recuperó la libertad de manera inmediata.

Durante su paso por la prisión se acercó a Dios, al mismo dios de Cárdenas, ya que los feligreses de la Iglesia Metodista Pentecostal acudían a las unidades de detención a prestar apoyo espiritual y el Willy era un ferviente creyente.

Garro se aferró a Dios porque era lo único que tenía a mano para zafar de una condena por homicidio. Y sus plegarias fueron escuchadas. A partir de ahí, comenzó a ir a la iglesia ubicada en Gobernador Denis 485 casi esquina Gobernador Elordi, frente a la Clínica San Agustín, a la misma que iba Cárdenas.

“Cárdenas era un buen pibe y muy religioso. El tío, que era capataz de la obra, lo había llevado con él como pañolero porque necesita alguien de confianza a su lado”. Pesquisa. Fuente de la investigación bajo reserva

Un buen pibe

Marcos Fabián Cardenas “era un buen pibe”, confió una fuente de la investigación. Creció en una familia muy apegada a la Iglesia Metodista Pentecostal y acudía a todas las celebraciones.

Aprendió de su padre el oficio de albañil y cuando su tío agarró el trabajo de capataz en la empresa Huepil SRL, lo llevó con él de pañolero.

La empresa había ganado la licitación para construir el plan de las 70 viviendas de la calle Necochea al fondo, pasando el barrio Toma Norte, en el oeste neuquino. Era una obra muy importante y su tío necesitaba alguien de confianza y responsable a su lado.

“Ser pañolero en una obra es estar atento a todo lo que hay en el depósito y que se vaya avanzando en la construcción de manera certera y prolija”, detalló la fuente.

A esa altura de su vida, 26 años, Cárdenas estaba en pareja, tenía una hija de 4 y venía otra en camino que no llegó a conocer.

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La tentación

Por más que iba a la iglesia, el Willy seguía con su vida asociada al delito.

Hacía nueve meses que había recuperado la libertad cuando en abril de 2010 le llegó una propuesta muy tentadora. Había que dar un golpe a una obra en construcción para alzarse con el dinero del pago de la quincena de los empleados. Al día de hoy, los pesquisas siguen convencidos de que el dato lo pasó un empleado de la empresa constructora.

El Willy vio la manzana y mordió sin dudar. Se reunió con su hermano, el Nano Díaz, y un par más de delincuentes con los que hicieron un laburo de inteligencia previo durante unos días en la zona del obrador de la constructora.

Lo cierto es que no fueron muy discretos, porque muchos vecinos de la zona advirtieron la presencia de una moto tipo scooter pasar en repetidas ocasiones por el lugar, dato que luego sería clave en la investigación.

El plan de Garro seguía en pie. Todo parecía muy sencillo, así que decidieron conseguir un auto robado para concretar la huida tras el golpe. Fue así que unos días antes se hicieron de un Fiat 147 que no estaba en muy buenas condiciones, pero que era práctico para un escape a toda velocidad por las estrechas calles de las barriadas del oeste neuquino, que por ese entonces eran casi todas de tierra.

“Se pidieron los registros a la empresa de todos los empleados para dar con el entregador, pero nunca se la pudo notificar porque las tres direcciones que dieron no existían”. Fuente Judicial. Bajo reserva.

El golpe

Como los empleados de la empresa no tenían caja de ahorro, había que entregarles el efectivo en mano. Por ese motivo solían disimular el ingreso de la plata al obrador en cajas de zapatos o de algún material para la construcción.

La rutina de pago era siempre la misma: todos sabían que el 7 de cada mes se cobraba. La empresa había tenido problemas con algún que otro empleado y la sospecha de una entrega estaba latente.

Por este motivo, el arquitecto de la obra venía hablando con el capataz para cambiar el día de pago, pero los delincuentes no lo sabían y fueron sobre seguro para hacerse de una cifra importante.

El 7 de abril de 2010, a las 16, el Fiat 147 de color crema se estacionó en la puerta del obrador por calle Chapelco y cuando llegó el arquitecto en su Fiat Strada, los delincuentes lo encañonaron y lo obligaron a ingresar a la obra. Le sacaron 500 pesos, el celular y las llaves de la camioneta, mientras le exigían el dinero del pago a los empleados.

La encrucijada de Dios

De acuerdo con la reconstrucción pericial, a partir de la escena del crimen y los relatos relevados, mientras uno tenía reducido al arquitecto, el Willy fue a la parte trasera del obrador y se encontró cara a cara con Cárdenas. Ambos se reconocieron de la iglesia donde compartían cantos y alabanzas a Dios.

Pero ahora, los caminos del Señor, que dicen que son misteriosos, los había reunido, a uno empuñando una pistola 45 y al otro ofreciendo los 100 pesos que tenía en la mano para pagar un flete.

Dios, según sus fieles, todo lo sabe y todo lo puede, pero en esta escena dejó que los actores eligieran qué camino tomar.

El Willy resolvió en milésimas de segundos su suerte y le metió un tiro en la cabeza a Cárdenas. Sabía que no podía quedar ningún cabo suelto y ese feligrés conocido se transformaría en su boleto de regreso a la cárcel.

Tras el estampido, los delincuentes salieron corriendo y escaparon a toda velocidad en el Fiat 147 con lo poco que le habían robado al arquitecto, quien al ir a ver qué había ocurrido, encontró a Cárdenas en el suelo con la cabeza en un charco de sangre y con los 100 pesos todavía en la mano.

La autopsia reveló que el proyectil le ingresó por el parietal izquierdo, le atravesó la cabeza y salió por detrás de la oreja izquierda. La muerte fue inmediata, no hubo proceso agónico ni convulsiones.

Las pesquisas

A la escena del crimen llegó personal de la Comisaría 18 y, minutos después, una ambulancia del hospital Horacio Heller que comprobó que Marcos Cárdenas estaba muerto.

La zona fue perimetrada y todo quedó en manos de Criminalística, que logró recuperar una vaina servida, un proyectil deformado con manchas de sangre y huellas del auto de los delincuentes.

Fue tanta la indignación que generó el crimen, que muchos vecinos dieron testiomonio de lo poco o mucho que lograron observar. Esto permitió a la Policía iniciar las pesquisas del caso.

A los pocos días apareció un auto quemado en la meseta. Cuando lo peritaron, descubrieron que era el Fiat 147 robado que había sido utilizado para concretar el atraco al obrador de la empresa constructora.

Los investigadores reconocieron en ese momento que todo había sido planificado, pero a los delincuentes les había fallado el dato fino del día de pago, que justo la empresa había decidido cambiar porque temían un atraco en cualquier momento y con buen tino, pese a la tragedia, acertaron.

Guillermo "Willy" Garro, asesinó a un feligrés de la misma iglesia a la que iba a rezar.

El diablo metió la cola

Siempre, en toda investigación criminal, los detalles son claves, y saber aprovecharlos depende de la capacidad que tengan tanto la fiscalía como la Policía para advertirlos y explotarlos.

Tras el crimen, “el Willy se mandó a mudar y desapareció por un tiempo”, confió un informante del caso.

Lo cierto es que antes de irse le dejó el celular del arquitecto a uno de sus hermanos que trabajaba de lavacoches en el centro neuquino.

La Policía trabajó con los registros de telefonía y pudo establecer el IMEI del celular Nokia que le habían robado al arquitecto.

Mientras los pesquisas seguían con las averiguaciones, surgió el milagro. El celular del arquitecto se activó y la Policía tardó un santiamén en caerle a un joven lavacoches que, al saber que era sospechoso de un crimen, confesó que Nelson Garro, hermano del Willy, se lo había vendido y le había dicho que estaba limpio.

El arquitecto reconoció el aparato y la investigación se centró en Garro y familia. En medio de las averiguaciones, la cuñada del Willy admitió que ese 7 de abril apareció en su casa y dijo: “Me mandé una cagada, fui a hacer un trabajo acá arriba y matamos a uno”.

Con el resto de los testimonios, incluso el del pastor de la iglesia, el Willy quedó totalmente marcado y su caída no tardó en concretarse. Si bien la querella de la familia de Cárdenas pidió avanzar en las responsabilidades para dar con el entregador, la Justicia realizó tres intentos por notificar a la empresa constructora para obtener las identidades y los teléfonos del personal y así cruzar datos, pero ninguno existía y no se insistió.

En definitiva, la causa llegó a juicio en mayo de 2013 y al Willy Garro la Justicia terrenal lo condenó 11 años por homicidio simple, que luego se la rebajaron a 9 años.

Desde el 17 de agosto de 2019 el Willy Garro está en libertad condicional. Nadie sabe si va a la iglesia, la única certeza que hay es que está vivo y Cárdenas no. La hija más chica del pañolero nació dos meses después del asesinato de su padre y al igual que él cree en Dios pese a todo.

9 meses pasaron desde que Garro salió de la cárcel y el crimen.

En su estadía en prisión por el crimen de Chaktoura, el Willy recibía guía espiritual de los feligreses de la Iglesia Metodista Pentecostal, a la que luego comenzó a asistir.

11 años de prisión le dictaron por el asesinato de Cárdenas.

Tras la apelación de la defensa, le redujeron la pena a 9 años. El 17 de agosto de 2019 le dieron la libertad condicional. Ese día abandonó la celda de la Unidad de Detención 12.