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La Mañana Literatura

El lago Huechulafquen inspiró a Ernesto Sabato

El escritor terminó de escribir allí su novela Sobre héroes y tumbas.

Pablo Montanaro

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Neuquén.- Con el objetivo de escapar de esa “ciudad maldita” que es Buenos Aires, de dejar atrás la amargura, el fatalismo, cargado de interrogantes sin respuestas concretas, Martín del Castillo viaja hacia la Patagonia. Martín es el nombre del personaje de Sobre héroes y tumbas, la novela que Ernesto Sabato publicó en 1961, que es considerada una de las mejores del siglo XX y que consagró a su autor como un escritor universal.

Cuando apareció el libro, Sabato tenía 50 años. Ya había abandonado los interrogantes de la física y la investigación científica sobre radiaciones atómicas -porque consideraba que la ciencia era amoral- para volcar en la ficción y en el ensayo sus dudas y cavilaciones sobre la inasible condición humana.

Pero en esta novela consagratoria, que recorre los fantasmas personales del escritor y los desgarramientos de la historia argentina, desde las guerras civiles del siglo XIX hasta 1955, jugó un papel determinante su estadía en el Huechulafquen, ese majestuoso lago que se ensancha como un mar. En ese imponente paisaje, Sabato encontró la inspiración para ponerle punto final a la novela.

Así lo aseguró la escritora sanmartinense Ana María de Mena, quien tuvo acceso a una carta en la que Sabato agradece a quien por entonces era el intendente del Parque Nacional Lanín, Carlos Lozada Acuña, la hospitalidad que le brindara a él y a su mujer, Matilde Kusminsky, durante su estadía en el lugar.

“La gente de San Martín de los Andes, sobre todo los escritores, siempre comentaron que Sabato había estado aquí y que frente al lago Huechulafquen escribió el final de su novela”, explicó Mena a LM Neuquén. “Lozada Acuña, quien fue intendente del Parque Lanín entre 1959 y 1968, me comentó una vez la contribución determinante de aquella estadía del escritor”, sostuvo. Agregó que luego de la muerte de Lozada Acuña, una de sus hijas le entregó dos cartas que Sabato le había escrito a su padre.

Mena contó que el autor de El túnel había estado mucho antes en la Patagonia donde se encontraba con su amigo Lucas Tortorelli, quien le posibilitó que se hospedara junto a su mujer en la seccional Epulafquen del Parque Nacional Lanín, cuando este ingeniero forestal integraba la administración. Incluso precisó que Sabato frecuentaba las termas de Copahue (ver aparte).

Recordó también el asombro del escritor cuando observaba las alacenas repletas de frascos de dulces, conservas y encurtidos caseros mientras desayunaba en la seccional Epulafquen del Parque Lanín donde se hospedaba junto a Matilde.

La estadía de Sabato en la zona se extendió por más de un mes, según Mena. Tiempo más que suficiente para apreciar la majestuosidad del paisaje que provocó en el escritor una influencia profunda para que escribiera las últimas páginas de la novela.

“Sabato cambió el final de la novela porque su presencia en la zona había influido muy favorablemente en su ánimo. La belleza del lugar había hecho cambiar el final, según le confesó en la carta a Lozada Acuña”, describió Mena.

En el final de la novela, el personaje de Martín decide encaminarse a la Patagonia en la búsqueda de nuevos horizontes para su vida. Acaso “una absurda metafísica de la esperanza”, según definió Sabato.

La carta que confirma el cambio que el escritor le hizo al final de la novela

“Nunca supe si recibió el ejemplar de Héroes que le mandé apenas salió, tal como se lo prometí, ya que en el hermoso lugar de Huechulafquen escribí una de las partes decisivas del libro”, le escribió en una carta fechada en marzo de 1968 Ernesto Sabato a Carlos Lozada Acuña, por entonces al frente de la intendencia del Parque Nacional Lanín.

La carta escrita a máquina con tinta roja (foto) fue cedida por las hijas de Lozada Acuña a la escritora sanmartinense Ana María de Mena, quien señaló que la amistad entre ambos se extendió en llamados telefónicos y encuentros en la casa de Sabato en Santos Lugares.

Entre el barro y los vapores

“¿Usted es quien yo creo que es?”, preguntó con gran asombro Maricarmen Delgado, una escritora de San Martín de los Andes, ante la presencia de Ernesto Sabato, en malla, mientras compartían los baños termales en el complejo de Copahue. “Sí, el mismo que viste y calza”, respondió el escritor, quien de inmediato escuchó la ocurrencia de la mujer: “Por lo que veo, usted ni viste ni calza”.

La anécdota reproducida por la escritora Ana María de Mena a LM Neuquén confirma que el autor de Informe sobre ciegos frecuentó en varias ocasiones, junto a su mujer Matilde Kusminsky Richter, el reconocido complejo termal de la provincia porque le ofrecía una gran variedad de opciones terapéuticas para diferentes afecciones.

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