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La Mañana genocida

El neuquino que le gritó en la cara "¡Asesino!" al genocida Etchecolatz

En 1999 Roberto Samar, quien tenía 21 años y estudiaba Comunicación, encontró en una plaza al represor. Tras insultarlo, el ex comisario de la Bonaerense durante la dictadura le apuntó con un arma.

Era una tarde calurosa de enero de 1999, Roberto Samar conversaba con tres amigos en una plaza de Buenos Aires. De pronto este joven de 21 años que estudiaba Comunicación Social en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora identificó a un hombre que paseaba tranquilo a su perro, un pastor inglés, en la plaza ubicada en la esquina de Córdoba y Anchorena. De inmediato lo identificó. Supo que era el ex comisario Miguel Etchecolatz que entre 1976 y 1979 había estado a cargo de la Dirección General de Investigaciones de la Policía Bonaerense, la fuerza que comandaba Ramón Camps. Bajo su órbita funcionaron no menos de 20 centros clandestinos de detención, tortura y exterminio durante la dictadura militar. Samar se acercó y le gritó “¡Usted es un asesino!”. Sus amigos sumaron insultos mientras perseguían al represor que gozaba de los beneficios de la impunidad. Lo persiguieron hasta que en un momento Etchecolatz se dio vuelta y les pidió que terminaran con las agresiones. “Mientras nos lo pedía amagaba con sacar algo de una bolsita de supermercado. Pensábamos que nos quería asustar. Nunca imaginamos que podía estar armado en un lugar público donde había muchas familias y chicos jugando”, recordó Samar en una entrevista con LMNeuquén.

Los jóvenes decidieron comprar huevos para tirárselos, “como una suerte de escrache público”, comentó. Cuando uno de los huevos impactó en el pecho del represor, que murió en la madrugada de este sábado a los 93 años mientras cumplía sus condenas por delitos de lesa humanidad en una cárcel común, sacó de la bolsita de supermercado un arma y les apuntó. Un hombre que pasaba por el lugar intervino, calmó al represor y lo convenció de que guardara el arma, que los jóvenes identificaron como una “38 plateada”.

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“La sensación fue de pánico, una situación de muchísimo miedo, frente a un genocida apuntándonos con un arma”, describió Samar.

Luego los jóvenes presentaron una denuncia por amenazas con un arma de fuego. “Fuimos a juicio y dos años después un juez lo absolvió porque entendió que este genocida contestó a una ‘agresión ilegítima’”, señaló.

"Tuvimos la oportunidad de repudiarlo a huevazos y de enfrentarlo en juicio porque nos amenazó con un arma. El genocida, responsable de más de 20 campos de concentración, murió preso, pero sin decir donde están sus victimas”, dijo Roberto Samar al enterarse de la muerte del genocida.

Samar aclara que “lo que nos pasó resulta anecdótico ya que Etchecolatz fue responsable de veintiún centros clandestinos de detención en nueve partidos de la provincia de Buenos Aires y responsable de la desaparición de Jorge Julio López”.

La actitud de los jóvenes de enfrentar al genocida, fue destacada por Taty Almeyda, Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora. "Sobreponiéndose al miedo, repudiaron a ese siniestro personaje, que pasea por el barrio como un vecino más”, dijo Taty.

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“Nunca imaginamos que podía estar armado en un lugar público donde había muchas familias y chicos jugando”, recordó Samar sobre aquel episodio en 1999 en el que Miguel Etchecolatz lo amenazó con un arma cuando lo identificó en una plaza.

“Nunca imaginamos que podía estar armado en un lugar público donde había muchas familias y chicos jugando”, recordó Samar sobre aquel episodio en 1999 en el que Miguel Etchecolatz lo amenazó con un arma cuando lo identificó en una plaza.

Al conocer la muerte de Etchecolarz, Samar recordó en su cuenta de Facebook aquel momento de fines de los '90. "Tuvimos la oportunidad de repudiarlo a huevazos y de enfrentarlo en juicio porque nos amenazó con un arma. El genocida, responsable de más de 20 campos de concentración, murió preso, pero sin decir donde están sus victimas”, escribió Samar, docente de Comunicación Social y Seguridad Ciudadana en la Universidad Nacional de Río Negro y autor del libro “El medio es la violencia” .

Etchecolatz murió a los 93 años en una clínica de la localidad bonaerense de San Miguel, donde se encontraba internado con custodia policial. Tenía varias condenadas a cadena perpetua por las atrocidades que cometió como parte del aparato represivo de la dictadura. Su nombre se convirtió en sinónimo de la tortura, desapariciones y otros delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar. Los múltiples juicios por delitos de lesa humanidad le valieron condenas en 1986, 2004, 2006, 2014, 2016, 2018, 2020 y 2021. Estuvo en prisión hasta hace unos días ya que por su estado de salud le otorgaron el beneficio del arresto domiciliario.

Nunca pidió perdón a sus víctimas y siempre justificó su accionar durante la dictadura militar. .

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