El Nobel y su novela negra

Por estos días de octubre no circulará esa oleada de nombres favoritos a obtener la máxima distinción del mundo literario, entre ellos el del eterno candidato, el japonés Haruki Murakami, ni siquiera se conocerán las apuestas de la casa inglesa Ladbrokes. Este año no habrá lectores que, una vez anunciado el Premio Nobel de Literatura, desborden las librerías para comprar los libros del escritor galardonado por la academia sueca y del que no conocían su existencia.

Este año, por primera vez desde 1901, no se entregará el prestigioso, ansiado y bien dotado premio (casi un millón de dólares) al que aspiran los escritores de todo el mundo. Y el que no, miente. ¿Incluido Borges?

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Lo que no logró las fuertes críticas tras la premiación al cantante y compositor Bob Dylan en 2016 o los cuestionamientos por no condecorarlo a Borges, lo logró la expansión del movimiento #MeToo (#YoTambién), que congregó en las redes a las mujeres víctimas de los abusos del productor de Hollywood, Harvey Weinstein, y continuó con la denuncia de 18 mujeres, integrantes de la academia sueca, quienes afirmaron haber sido víctimas de abuso sexual y hasta violaciones por parte del dramaturgo francés Jean Claude Arnault, figura influyente vinculada a la prestigiosa institución.

Además de abusador, Arnault fue acusado junto con su esposa nórdica de haber revelado antes de tiempo los nombres de algunos ganadores, como los franceses Patrick Modiano y Jean Le Clezio.

Algo huele mal en la elite cultural, pero la literatura no tiene la culpa. El castigo ahora cayó en los lectores que año tras año descubrieron autores y libros memorables.

La elite cultural huele mal, pero la literatura no tiene la culpa ni los lectores que hallaron a grandes escritores.

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