El nuevo acuerdo con el fondo

Para conseguir un nuevo acuerdo con en FMI, el Gobierno se propone alcanzar el déficit cero, una meta que supone un fuerte ajuste del gasto público. Tiene el desafío de poder sostenerlo políticamente.

Humberto Zambón / humbertozambon34@gmail.com

Para la teoría económica ortodoxa, si un país presenta déficit externo (cuenta corriente de la balanza de pagos con saldo negativo) se debe a la existencia de un déficit del sector público (los ingresos son menores que los gastos del estado) y también de un déficit originado en el sector privado, es decir, que la población está gastando más que lo que su ingreso disponible le permite, en otras palabras, que está viviendo por encima de sus posibilidades.

Por eso, según la lógica del FMI, para un país endeudado (como el nuestro en los dos últimos dos años) que entra en crisis porque no encuentra financiación externa, la solución pasa por un ajuste de los gastos del estado que eliminen el déficit público. Sin este déficit queda sólo el déficit privado, que significaría que la población de ese país está gastando más de lo que produce. La solución consiste en dejar que el mercado se encargue de determinar el valor de cambio de la moneda que logre el equilibrio, es decir, la cotización del dólar que haga bajar el gasto privado al nivel que corresponde a sus ingresos. Una vez logrado el equilibrio, el mercado sería el encargado de encontrar el camino del crecimiento y del bienestar social.

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Por esa razón, siempre la recomendación del FMI consiste en: 1) reducción del gasto público disminuyendo personal y bajando sueldos y jubilaciones para alcanzar el déficit primario “cero” (gasto público igual al ingreso tributario del estado); 2) libre flotación del tipo de cambio; 3) para permitir iniciar el despegue económico es preciso la flexibilidad laboral, menores impuestos y establecer facilidades legales y crediticias para permitir a las empresas privadas que se desarrollen y aumenten la producción de bienes.

Siguiendo esa lógica, el acuerdo con el FMI anunciado el 7 de junio pasado, un mes después que el presidente Macri informara sorpresivamente que iba a recurrir al FMI en búsqueda de ayuda, incluye como principales exigencias una reducción del déficit público primario al 2,7% del PBI para el 2018 (el año anterior había sido de 3,8%) y al 1,3% para el año próximo, además de nuevas metas de inflación (se dejaron de lado las anteriores y se informó una inflación menor al 32% para este año) y el compromiso de no intervenir en el mercado de cambios, excepto situaciones extraordinarias.

¿De dónde surge la cifra de 50.000 millones de dólares del crédito otorgado? Según Horacio Rovelli, de Flacso, la cifra es el resultado del siguiente cálculo: el déficit primario de 2018 es el 2,7% del PBI; el déficit financiero de 2018 un 2,3%; el déficit primario de 2019 un 1,3%; y el déficit financiero del 2019 un 2,8%.

Préstamo y ajuste. La fórmula impone un gran esfuerzo al país.

Lo que suma un 9,1% de un PBI calculado en 534.000 millones de dólares, lo que da un poco menos que 50.000 millones. El crédito fue acordado con una entrega inicial de 15.000 millones y el saldo distribuido en tres años sujeto al cumplimiento de las pautas establecidas.

Supongo que la estimación hecha era que, con esta cifra, se cubriría el déficit total del estado por dos años que quedan de gobierno mientras que el mercado se encargaría de disciplinar al consumo y al gasto externo privado, y, con el respaldo del FMI, volvería la confianza, con calma en los mercados y acceso a nueva financiación.

Este panorama no se dio. En vez de generar confianza en el mercado se intensificó la fuga de capitales y el ahorro en moneda extranjera mientras que no era posible renovar a su vencimiento las lebacs (deuda en pesos pero que los tenedores quieren convertir en dólares) o los LETES (hasta abril la demanda de estas letras superaba a la oferta, pero a partir de junio la renovación es de aproximadamente sólo la mitad). La corrida del dólar hizo que el Banco Central perdiera más de la mitad de los 15.000 millones recibidos sin poder frenarla mientras de la suba del dólar hacía subir los precios internos haciendo imposible alcanzar la meta inflacionaria establecida (la estimación actual de la inflación es del 42%).

A menos de tres meses de firmado el acuerdo se lo dio por fracasado. Ahora se pide, como mínimo, el adelanto de los montos que se iban a recibir en 2020 y 2021 a cambio de un mayor ajuste, lo que llevaría a “cero” el déficit primario del 2019, cosa que se lograría con una reducción del gasto público del 1,4% del PBI y un aumento de los ingresos del 1,3% (restablecimiento de retenciones a la exportaciones y aumento del impuesto al capital).

La salida de capitales presiona al dólar. Esto tiende a subir el precio

Es muy probable que el gobierno obtenga un nuevo acuerdo, que también va a fracasar. Se está suponiendo que vuelve la confianza y que los acreedores, cobrando bien sus intereses, van a renovar sus créditos mientras disminuye la demanda de dólares para ahorro y fuga. Pero no parece que el futuro a corto plazo sea así: la falta de renovación a su vencimiento de las letras en dólares y la deuda en lebacs que, aunque en pesos, es dinero especulativo que se va al dólar, parecen indicar lo contrario.

Por otro lado, el ajuste del 1,1% del PBI que se está efectuando, con el que se supone que el gasto público va a disminuir este año el equivalente a 5874 millones de dólares respecto al año anterior, además de paralizar la obra pública y desfinanciar la educación y la salud, ha producido una profunda recesión en la economía real del país que está generando una resistencia social generalizada.

El equipo económico se comprometió a aplicar un duro ajuste para conseguir más recursos.

Con ese panorama, pretender un ajuste adicional para el año que viene del 1,4% del PBI (7476 mil millones de dólares) conjuntamente con un aumento de los impuestos de 6942 millones parece una tarea imposible que difícilmente la sociedad acepte realizar.

Y si finalmente lo lograra, ¿cuál sería el panorama para después del 2020, en profunda recesión, con una deuda pública aumentada y sin posibilidad de refinanciación? La historia reciente nos da la respuesta

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