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El orgullo de escribir "mamá" por primera vez a los 75 años

Marta Rosa Almendra. Forma parte del Plan de Alfabetización Solidaria para Adultos en Villa del Nahueve que impulsa el docente Carlos "Tatú" Perié,

Nació el 20 de noviembre de 1944 en el paraje rural Los Chacayes, lugar que por años estuvo alejado de todo. Su maestro es Carlos “Tatú” Perié, reconocido alfabetizador de adultos mayores en el norte neuquino.

La vida dicen que es un círculo. Lo que se empezó alguna vez siempre hay tiempo de terminarlo. Hasta que ese círculo se pueda cerrar, en el medio pasa de todo. Alegrías, penas y sufrimientos que forman parte de ese paisaje que vivencia cada persona. Pero así como están esos sentimientos, están otros que hablan de fe, perseverancia, optimismo y voluntad, y que logran torcer el destino y permiten que cerrar el círculo sea con una felicidad absoluta. Algo así vive hoy Marta Rosa Almendra, una mujer campesina que luego de más de 70 años pudo tomar un cuaderno y volver imaginariamente a la escuela a la que fue de niña. Hoy, Marta aprendió a escribir y hace sus primeras armas para aprender a leer. Un desafío que es una bendita realidad.

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Marta Rosa nació el 20 de noviembre de 1944 en el paraje rural Los Chacayes, un lugar que por muchos años estuvo alejado de todo. Sus padres, Juana de Dios Muñoz y Juan Almendra, vivieron toda su vida en aquel lugar, mientras que Marta lo hizo hasta los 45 años. Luego, emprendió la aventura de forjar su historia en otro lugar. Así es que Cayanta desde hace 30 años es su hogar.

Tuvo una infancia difícil, llena de privaciones. Estudiar era un lujo que apenas se pudo dar solo durante dos años en la escuela primaria de Tierras Blancas. Después la vida “se vino difícil y había que trabajar”, cuenta con nostalgia.

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Me gustaría aprender todos los números y las letras. Así como mi documento de identidad y el abecedario”. María Rosa Almendra

Relata que mientras sus padres completaban ese sagrado mandato ancestral de la trashumancia hacia la veranada, ella se quedaba en la casa familiar cuidando de la huerta y desarrollando el arte del tejido, aprendido de sus mayores. Así fue creciendo y escapándose sin querer de la magia de las aulas, del cariño de los maestros y del placer que se siente al saber leer y escribir. Ella vivió toda su vida solo con la palabra hablada. Jamás sus manos habían tenido la oportunidad de plasmar sus sentimientos, su identidad, en un papel. Sin embargo, la vida, el destino y el empecinamiento de un docente le dieron una revancha.

Marta es viuda, no tuvo hijos. Vive actualmente con sus gallinas. “Vivir en el campo es muy lindo. Me gusta tejer y mirar novelas”, expresa. La vida de campo es su mayor capital. Aquí aprendió y enseñó de todo. Hasta hace diez años su medio de transporte era un caballo. Hoy tiene ganas de retomar el trabajo de la huerta y ya dijo que ayudará a los niños de la escuela primaria en lo que necesiten para los invernaderos y sembrados que están proyectados para el ciclo escolar 2021.

A modo de anécdota, cuenta: “Conocí la gran ciudad de Neuquén como a los 50 años”. En referencia a su amor por la educación, dice que prefiere “estudiar que ir a la cocina”.

En su nuevo viaje educativo, Marta atesora otro sueño: hacer hablar a las letras.

Marta ya sabe escribir su nombre, firmar, reconoce las vocales y algunos números. Entre las pequeñas metas a alcanzar en este proceso de alfabetización que va construyendo junto con Carlos “Tatú” Perié, maestro y alfabetizador que viene haciendo historia en la enseñanza primaria para adultos mayores en el norte neuquino.

Las palabras que hace girar su universo son: mate, lana, tejido, cocinar, gallina, salamandra, asado, huerta, novela y amistad.

Con Marta, el 3 de julio comenzó el Plan de Alfabetización Solidaria para Adultos en Villa del Nahueve. Hace unas semanas, “Tatú” Perié, maestro y director de la Escuela 47 de Cayanta, les leyó a ella y a sus compañeros la leyenda guaraní del mate.

Uno de los aspectos interesantes de esta educación autogestionada e informal es que no hay burocracia alguna. Eso permite ir construyendo una suerte de revolución educativa. El aula no es un lugar fijo, es móvil porque se van juntando en distintas casas y de vez en cuando en la escuela. El aprendizaje tiene que ver con dialogar, descubrir y compartir ideas y pensamientos. En estas aulas trashumantes se respeta el saber popular, se lucha por la inclusión para enseñar y aprender, se combate contra las injusticias naturalizadas y desde la mutua confianza se educa para la libertad, como más de una vez lo ha sostenido el reconocido docente.

Manos arrugadas y curtidas

La vida de Marta transcurrió sin saber leer ni escribir. Utilizaba mucho la memoria, comenta. Por ejemplo, para hacer las compras, pedía ayuda porque se confundía con el dinero. Hasta que memorizaba cada billete. Marta ya sabe escribir su nombre y firmar.

Conmueve ver sus manos arrugadas y curtidas por los años de esfuerzo en la tierra de la vida, arriba de un papel blanco como su alma.

Sus manos toman con fuerza y a la vez con ternura el lápiz que la esperó 75 años para escribir la palabra “mamá”. Al lograrlo, esta mujer sintió que estaba cerrando un círculo en su vida. Se siente otra mujer y que la vida la ha compensado después de tantos sacrificios. Es feliz. Sabe escribir, y el tiempo y su perseverancia le permitirán leer. Marta es un ejemplo de nobleza en lo profundo del norte neuquino.

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