la Plaza San Pedro. Millones de católicos seguían su mensaje por televisión en todo el mundo.
En el tercer mensaje de Navidad de su pontificado, el jefe de la Iglesia católica condenó "los atroces actos terroristas" en Egipto, Beirut, París, Bamako y Túnez y denunció "atrocidades" que "provocan enormes sufrimientos y no respetan ni siquiera el patrimonio histórico y cultural de pueblos enteros".
El sumo pontífice aportó su apoyo a las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU que se esfuerzan por restablecer la paz en Siria y en Libia.
"Que el acuerdo alcanzado en el seno de las Naciones Unidas logre cuanto antes acallar el fragor de las armas en Siria", pidió el Papa, y agregó: "Es igualmente urgente que el acuerdo sobre Libia encuentre el apoyo de todos".
Frente a la violencia que enluta a Cisjordania, Francisco pidió a los palestinos y los israelíes que reanuden "un diálogo directo" para superar un conflicto de "graves consecuencias" para Oriente Medio.
Como ya viene siendo costumbre, el Papa insistió en que las sociedades occidentales abran las puertas a los migrantes y los refugiados: "Que sean recompensados con abundantes bendiciones todos aquellos, personas privadas o Estados, que trabajan con generosidad para socorrer y acoger a los numerosos emigrantes y refugiados y les ayudan a integrarse".
Jorge Bergoglio no se olvidó de los cristianos "perseguidos por causa de su fe en distintas partes del mundo". Los conflictos y tensiones en Irak, Yemen, República Democrática del Congo, Burundi, Sudán del Sur y los esfuerzos de paz en Ucrania fueron otros de los temas citados en el mensaje.
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