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La Mañana Historia

El Pensamiento de Juan Benigar: del Imperio austrohúngaro a la Patagonia

Ávido de conocimiento. Investigador, estudioso, a sus 25 años, dominaba catorce idiomas: vasco, sánscrito, japonés, hebreo, griego, latín, húngaro, entre otros. En la Patagonia habló el araucano. Escritor. Escribió obras sobre los araucanos que Félix San Martín presentara en la Junta de Historia y Numismática Americana. Tuvo una prolífica y valiosa labor científica. Falleció el 14 de enero de 1950: a 72 años de su desaparición física recordamos su obra.

A través de la historia oral, pudimos contactarnos hace años, con un nieto político de Benigar, Francisco Carlos Ortiz, que nos brindó muchos recuerdos de su vida. Juan Benigar murió el 14 de enero de 1950, hace 72 años. Había nacido el 23 de diciembre de 1883 en Zagreb, Capital de Croacia, hijo de Janko Benigar y Rosa Lukez, ambos de origen esloveno: este lazo sanguíneo definiría su personalidad.

Su madre falleció cuando Juan tenía un año. Su padre se casó con Juliana Dolinar, que se encargó de criar al pequeño niño: este la amó profundamente a su madre de crianza.

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El Imperio austrohúngaro comenzaba a manifestar síntomas de debilitamiento. No obstante, sus colegios y universidades eran reconocidos en Europa por su buen nivel académico. Benigar, desde muy joven, demostró tener dotes excepcionales de inteligencia y una voluntad de hierro para llevar a cabo todo lo que se proponía. En una escuela de orientación humanística de Zagreb obtuvo, en 1902, su título de bachiller. Sus ansias de conocimiento lo llevaron a Graz, Austria, luego a Praga: en Checoeslovaquia continuó sus estudios de ingeniería civil. Para esto lo ayudaban su constancia, perseverancia y memoria prodigiosa. Mientras estudiaba ingeniería completaba su caudal de conocimientos con otras clases de disciplinas sobre filología, filosofía y medicina.

Formaba parte también de algunos círculos universitarios, en los que desplegaba muchas actividades. Uno de estos lo eligió para que realizara un viaje a Bulgaria. En el transcurso de este viaje, realizado a pie, hizo varios estudios sobre etnología y sociología, además de compenetrarse también de los problemas económico-sociales y biológicos de los pueblos y regiones visitadas.

Leía mucho, sobre temas diversos, especialmente las obras clásicas y filosóficas.

El 3 de Julio de 1907 en Zagreb, Croacia, le expidieron el pasaporte N° 177385, visado por la Dirección de inmigración en Buenos Aires, Argentina, el 10 de agosto de 1908.

América del Sur

Su nieto político no sabe con certeza las causas por los cuales Benigar se dirigió a nuestro país. Así lo había expresado: “Ansiando mi contacto con los indios, a mi llegada a la Argentina mi estadía en Buenos Aires fue breve, y me vine a disparadas a los territorios, de los cuales, desde entonces, no he salido”

Y también diría: “Al venirme a la Patagonia renuncié para siempre a las aspiraciones de lucir en la sociedad, donde mi papel sería parecido al de un peñasco tosco dentro de un palacio de mármol lustroso. Mi puesto es entre los indígenas, en la línea de fuego, que no abandonaré, aunque las circunstancias me forzaran”.

“Poco a poco iba penetrando el espíritu de la lengua araucana y a deducir reglas que se confirmaban por las traducciones que me hacían los indígenas. Es que, un idioma se posee recién cuando se piensa en él; y se aprende a pensar en un idioma oyendo o leyendo los pensamientos expresados en el mismo. Estos hombres y mujeres sencillos, fueron mis grandes maestros”.

Tras permanecer un poco más de un año en Cipolletti, Benigar se dirigió hasta Colonia Catriel. Allí conoció a la que sería su primera esposa, Eufemia Barraza, de nombre indígena Sheypukiñ, emparentada con la dinastía Catriel.

Un profundo amor signó la relación entre la indígena y el intelectual. Fue Eufemia la que lo inició en el conocimiento de la lectura araucana. La sólida formación lingüística de Juan le permitió asimilar con rapidez el dominio de la lengua nativa. Cuando contrajo matrimonio, Benigar tenía 27 años. De esa unión nacieron 11 hijos.

Trazó los primeros canales de riego de Catriel trabajando duramente con pico y pala.

En ese lugar, y a pesar de la incesante lucha contra la naturaleza, inició con tesón el estudio del hombre mapuche y su hábitat. Mal reconocido, mal remunerado y enfermo, aceptó finalmente el ofrecimiento de Félix San Martín para trabajar en el campo de su propiedad y se trasladó a Aluminé.

Prolífica Labor literaria

En Catriel, y a pedido de Félix San Martín, preparó tres artículos: El concepto del tiempo entre los araucanos, El concepto del espacio entre los araucanos y El concepto de causalidad entre los araucanos, que fueron presentados por este historiador ante la entonces, “Junta de Historia y Numismática Americana”, hoy Academia Nacional de la Historia. Como resultado de esta presentación, Benigar fue designado miembro correspondiente de esa institución, el 27 de setiembre de 1924.

En 1927, en el paraje Kellen ko Aluminé, Juan Benigar comienza a escribir El problema del hombre americano y en 1928 se editó en Impresores Panzini Hnos, Bahía Blanca. Es un trabajo crítico sobre el libro La Esfinge Indiana de J. Imbelloni.

Realizó grandes invenciones: fabricó un telar hidráulico y fundó una industria textil, a la que bautizó con el nombre de Sheypukiñ, produjo en ella telas de lana de gran resistencia en seis colores diferentes usando la técnica mapuche.

Construyó un canal de riego a pedido de su amigo Ayoso, desde Poi Pucon al casco de la estancia. Fabricó tejas para su rancho.

En 1932, el año fatal. Así lo denominaba Benigar por ser el año en que muere Sheypukiñ, su amada esposa. Fue tal su cariño hacia ella, que bastan corroborarlo estas palabras: “… no importa Sheypukiñ. Ya pasará también este sufrimiento, como todo pasa. Volveremos a juntarnos, a unirnos en un abrazo interminable. Por eso, en pago a nuestros sufrimientos volveremos a nacer aquí. Y yo te enamoraré de nuevo, y seremos felices…”.

En 1938 volvió a ligar su vida con la de otra descendiente de mapuches, Rosario Peña, originaria de Ruca Choroy, con la que tuvo cinco hijos. Ella murió en 1949.

Su legado

Ha legado una abundante obra. Algunos trabajos se publicaron en vida, entre 1904 y 1905: Gramática Búlgara, El calvario de una tribu, (estudio de carácter social, publicado en Biblos en Azul, Provincia de Buenos Aires), y Los Chinos y japoneses en América (La Voz del Territorio, Periódico Zapalino).

Otras obras se publicaron después de su muerte: La religión araucana, Las rogativas, Una rogativa pehuenche (publicada en Neuquén, historia, geografía, toponimia, tomo II).

El 16 de noviembre de 1935, a pedido del señor Torcuato de Modarelli, presidente de la Comisión de Fomento de Aluminé, realizó un proyecto del Correo Trasandino, que partía desde Zapala y atravesaba el valle del Río Quillén.

Para los argentinos resultará contradictorio que aquí se hable de Benigar como Esloveno, dado que nació en Zagreb – Croacia. Para los conceptos y leyes de los pueblos europeos el lugar de nacimiento es algo accidental. La sangre paterna es la que define. Se piensa que, si alguien de padres franceses nace en China, solo por eso no puede ser considerado chino. Tampoco los hijos de los japoneses nacidos en Inglaterra serán ingleses. Benigar reconoció un solo origen: eslavo.

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Benigar con sus padres.

Benigar con sus padres.

La obra

El profesor Rodolfo Casamiquela, en un informe enviado al entonces Subsecretario de Gobierno, Educación y Cultura de la Provincia de Neuquén, Licenciado Juan Eduardo Pinos, el 4 de agosto de 1982, y luego de realizar el estudio de las 376 libretas de autoría de Juan Benigar, expresó:

“Constituyen ellos elementos suficientes de juicio como para sentir el estar en presencia de una personalidad singular, de un hombre de tal calibre intelectual y tal cultura como para erigirse –tal vez- en único en toda la historia de la Patagonia. Si a ello agregamos sus méritos como indigenista, que se derivan del hecho de haber sido el mejor conocedor de la Lengua Araucana versante de los Andes, además de uno de los investigadores que más profundizara en la psicología y aun la filosofía del pueblo araucano-hablante, entiendo que la proposición presente no necesita de ulteriores argumentos”.

El pensamiento

“Los idiomas no se aprenden por reglas sino por ejercicios, ya hablándose, ya leyéndolos. Un idioma se posee recién cuando se piensa en él y se aprende a pensar en un idioma, oyendo o leyendo los pensamientos expresados en el mismo; cuando los pedagogos se penetren de estas ideas y conozcan con exactitud las enseñanzas de las lenguas, transformarse de martirio en diversión. Pero hasta entonces, mares de aguas tendrán que correr por los ríos de estas tierras”.

Dirigiéndose a los jóvenes:

“Trabajad por amor a las cosas, por amor a la verdad, no por amor a ustedes mismos. Quien pueda salga a la campaña, entre los indios, donde se hacen las mejores cosechas. Pero eso no es indispensable. Indispensable es solo pisar en seguro, no en fantasías”.

“No es el hombre sino su obra lo que vale. Mis obras hechas hasta ahora son tan humildes, que mi nombre no me parece digno de verse impreso, salvo cuando la honestidad exige asumir la responsabilidad respecto a lo que escribí...”

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Benigar con alumnos.

Benigar con alumnos.

Consejo a los hijos

Gracias a la memoria de este nieto político podemos acceder a algunos consejos que les daba a sus propios hijos:

“Encontrarás aquí, hijo mío, apuntes variadísimos recogidos en diarios, periódicos y libros”.

Cuídate de la soberbia, pero trata de saber mucho, todo lo que puedas y esto lo conseguirás poniendo atención a muchas cosas que a primera vista pueden parecerte demasiado pequeñas para merecerlas”.

La Patagonia Piensa, Juan Benigar editado por Siringa Libros

La Editorial y Librería Siringa, de Kune Grinberg, editó en 1978 algunos de los trabajos de Juan Benigar en los que explicó que “no pretende si no ser un reconocimiento y a la vez un modesto homenaje a ese hombre que encontró la felicidad de los puros viviendo una vida distinta y compartiendo con los mapuches del Neuquén meridional sus vicisitudes, sus alegrías, sus penas. Creemos que los intentos de desentrañar el alma indígena de esta parte del Continente, sin preconceptos e improvisaciones de seudo científicos pueden dividirse en dos etapas; antes de los trabajos de Juan Benigar y lo posterior a sus investigaciones”.

Es conveniente apuntar que la obra de este sabio no estuvo en lo meramente especulativo o en la observación fría y metódica de los fenómenos culturales que investigaba con su rigurosa formación científica europea, lograda en las mejores universidades del otrora Imperio austrohúngaro.

En los preliminares, el autor explica el origen del nombre La Patagonia piensa:

“Desde unos tres lustros cunde en la Argentina un nacionalismo superlativo y exclusivista, que niega a los extranjeros y a los argentinos no nativos algunos derechos que la constitución nos concede y quiere invalidar unilateralmente el tácito contrato que se establece entre la Nación y el extranjero con el simple hecho de aceptárselo como inmigrante, ampliándose a su máxima extensión posible cuando la Nación le otorga el honor a la ciudadanía.”

“Olvidan ellos que la Nación, al adoptar en su constitución igual tratamiento, ha hecho posible al país el progreso del que hoy ellos se enorgullecen.”

“El que esta línea escribe ha llegado a las tierras patagónicas muy poco menos de cuatro decenios atrás- Son las tierras que él libremente ha elegido para su segunda patria”.

“Aquí en las tierras patagónicas ha formado su hogar. Digo mal. Debí haber dicho: iba encendiendo sus fogones. Porque son una ínfima minoría los patagónicos tan felices que puedan decir: “Aquí enciendo hoy mi fuego, aquí moriré”.

“Pues a través de una docena o más de fogones, el hombre que esto escribe ha dado a la patria argentina con dos madres patagónicas una numerosa prole de patagónicos. Sería el caso de preguntar si tiran más los hijos y los nietos a las sepulturas de los padres, que en paz descansen”.

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Juan Benigar.

Juan Benigar.

“Por todo lo expuesto, aunque llegado de tierras lejanas, considérase y siéntese patagónico hasta lo más profundo de su alma.

“El segundo reproche que podría hacerse al título La Patagonia piensa es que toda la Patagonia no comparte las ideas expuestas. Pues el título tiene pretensiones mucho más modestas. Que piense, pues la Patagonia. Es así que el título La Patagonia piensa es un reto contra el abandono y la ligereza con que se nos trata prescindiendo en absoluto de nuestras opiniones”.

“Dichoso me sentiría si La Patagonia piensa se convirtiera en una tribuna permanente y libre del Neuquén, para que, con los fines indicados, colaboran en ella todos los patagónicos que están en estado de hacerlo, siempre con calma y respeto mutuo, para el bien y el honor de esta nuestra maravillosa y bendita pequeña patria. Que piense, pues, la Patagonia”.

Benigar realizó un análisis de la provincialización de los Territorios Nacionales, encontró incongruencias en la división territorial. Analizó, también, los orígenes del federalismo argentino. Además, realizó un estudio minucioso sobre el concepto del tiempo, del espacio y de la causalidad entre los araucanos.

Hombre de mil talentos, estudioso y esforzado. Hombre de sacrificio y visionario. A 72 años de su desaparición física lo recordamos con estas líneas.

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