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La Mañana Catalina

Avances que renuevan la esperanza: Catalina empezó a reconocer sabores y responder a sus padres

La niña de 9 años, que realiza su rehabilitación en Buenos Aires, comenzó a balbucear los nombres de sus padres y mostró reacciones conscientes ante estímulos.

En una habitación del FLENI, en Buenos Aires, ocurrió algo que hasta hace pocas semanas parecía impensado. Catalina, la niña de 9 años atropellada por un patrullero en Plottier, abrió los ojos, miró a su mamá y respondió: “Hola”.

Fue una palabra breve. Apenas un balbuceo. Pero en esa sílaba se concentró más de un mes de incertidumbre, terapias, silencios y espera. “Todavía estamos sorprendidos”, dijo Paola Marifiil, su mamá. “Mi hija está más conectada que nunca.”

Catalina ingresó al centro de rehabilitación el día 21 de enero después de atravesar un cuadro crítico que incluyó múltiples intervenciones quirúrgicas y un prolongado período de cuidados intensivos. La etapa actual está enfocada en la rehabilitación neurológica, un proceso complejo y gradual donde cada reacción cuenta.

Y ahora, las reacciones empezaron a llegar. Hasta hace poco, las respuestas de Catalina eran principalmente reflejas: movimientos involuntarios ante estímulos físicos, gestos automáticos, aperturas de ojos sin foco claro. El desafío era lograr algo más: conexión.

Catalina nena atropellada por un patrullero en Plottier

“Uno se pregunta todo el tiempo qué pensará, si sabrá dónde está”, confesó Paola Paola en declaraciones radiales. El accidente aún no es un tema que la familia haya abordado con ella. “No nos animamos todavía. Tenemos que preguntar cómo hacerlo.”

Pero los últimos días trajeron señales distintas. No solo movimientos, sino intención. El domingo pasado, en una escena cotidiana que terminó convirtiéndose en un momento bisagra, Paola fue al kiosco de la clínica para comprar un termo descartable. Aprovechó y compró tres chupetines. Nunca come delante de su hija. Le cuesta. Pero ese día, sin planearlo, ocurrió algo inesperado.

“Entré con ella al kiosco, la dejé de espalda a lo que yo compraba, la acomodé para que ella estuviera mirando la tele. Cuando llegamos a la habitación, intenté guardar los chupetines sin que me viera.” Sin embargo, Catalina escuchó el sonido del envoltorio. Giró la cabeza. Sonrió. Y abrió la boca.

“Yo me quedé mirándola. Abría la boca y se reía”, contó Paola, quien luego de pensarlo decidió ponerla a prueba. “Le pregunté: ‘¿Vos querés esto?’ y pestañeó”, indicó. La familia ya había establecido un código: un pestañeo suave es sí; uno más marcado es no.

Catalina nena atropellada Plottier

La reacción fue clara cuando le pasó el chupetín con cuidado por los labios y la lengua, apenas como estímulo. Catalina respondió saboreando, tragando saliva y volviendo a abrir la boca. No fue un movimiento automático. Fue búsqueda.

“Se dio cuenta de que yo tenía un caramelo. Lo quiso probar”, relató su mamá. Catalina sigue alimentándose por sonda. No inició un proceso formal de degustación. Pero lo que ocurrió ese domingo fue otra cosa: identificación de un estímulo, asociación, deseo.

“En ese momento pensé que me iban a retar”, admitió Paola. A la mañana siguiente, contó lo sucedido al equipo terapéutico. La respuesta fue reveladora: “Me dijeron ‘te adelantaste mamá’. Y yo les dije: ‘No, ella se adelantó’.”

“¿Cómo se llama mamá?”

El lunes, la emoción volvió a repetirse. Catalina se despertó temprano, sonriente. Balbuceaba sonidos sueltos. Paola la saludó: “Buenos días”. La respuesta fue inmediata: “Hola”.

La madre tomó el celular y empezó a grabar. En procesos de rehabilitación neurológica, muchas veces los avances aparecen primero en entornos de confianza. Entonces hizo algo que nunca antes había hecho: preguntarle nombres.

“Le dije: ‘¿Cómo se llama mamá?’ Y me dijo ‘Paola’”, recordó emocionada. La escena fue tan inesperada que Paola volvió a preguntar. La respuesta se repitió.

Catalina nena atropellada por un patrullero en Plottier (1)

Luego vino la segunda pregunta: “¿Cómo se llama papá?” Catalina respondió: “Esteban”. “Ahí nos dimos cuenta de que estaba balbuceando nuestros nombres.”

No son palabras perfectamente articuladas. Son sonidos esforzados, aún frágiles. Pero hay intención. Hay identificación. Hay conciencia.

La dimensión médica de los avances

En rehabilitación neurológica pediátrica, el paso del reflejo a la intención es determinante. Implica que determinadas conexiones cerebrales comienzan a reorganizarse y a responder de manera dirigida.

Reconocer un sonido —como el papel de un caramelo—, asociarlo con una experiencia previa, abrir la boca anticipando un sabor y volver a pedirlo son indicadores complejos. Balbucear un nombre propio es aún más significativo: supone memoria, reconocimiento y capacidad de evocación.

“Cada pequeño paso es gigante para nosotros”, dice Paola. Los especialistas trabajan con prudencia. El proceso es largo y no lineal. Pero los padres perciben que algo cambió.

“Está más despierta. Más presente”, resumió su mamá.

CBU papás de Catalina nena atropellada en Plottier

Desde el 21 de enero, la familia vive en Buenos Aires, acompañando el tratamiento intensivo. Las jornadas comienzan temprano. Hay sesiones de estimulación cognitiva, trabajo motriz, controles clínicos y seguimiento neurológico.

Catalina perdió peso durante las semanas críticas posteriores al accidente. Recuperar masa muscular y coordinación es parte del desafío. Pero el eje actual está puesto en la conexión.

Muchas veces, contó Paola, las respuestas aparecen con ellos y no durante la terapia formal. Por eso registra todo. “Tengo que filmar porque hay cosas que hace con nosotros que en terapia no.”

El vínculo afectivo es parte del tratamiento.

Lo que no se ve

Detrás de cada avance hay también una realidad silenciosa: la económica. Paola y Esteban debieron dejar sus compromisos laborales para acompañar a su hija de manera permanente. La estadía en Buenos Aires implica gastos diarios que no siempre son visibles.

“La única ayuda que recibimos es de nuestros amigos y de la gente que nos hace donaciones”, aseguró. No obstante, destacó que la cobertura médica está garantizada. “ISSN se está portando de diez. Nos cubre todo.” Pero la vida cotidiana —alquiler, comida, traslados— depende del apoyo solidario.

Hace semanas, la incertidumbre dominaba cada parte médico. Hoy, una palabra cambió el clima de la habitación: “Hola". Para cualquier familia puede ser una rutina. Para ellos fue un punto de inflexión.

Catalina sonríe cuando escucha el ruido del papel de un caramelo. Abre la boca buscando sabor. Balbucea los nombres de sus padres. Responde cuando la llaman.

Son avances iniciales, sí. El camino es largo. Pero la dirección es otra. “Cada día un poquito mejor que el anterior”, repite Paola.

En rehabilitación, los progresos no siempre son espectaculares. A veces son mínimos, casi imperceptibles para quien mira desde afuera. Pero en esa habitación del FLENI, cada sílaba tiene el peso de una conquista. "Catalina no solo está reaccionando. Está volviendo", como repite su mamá.

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