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El petit lado b: Fiano, Marsanne y Roussanne

Las novedosas variedades de vino blanco comienzan a ganar espacio en las copas argentinas, en tierras dominadas por chardonnay y sauvignon blanc.

Hay otra cantera para los vinos blancos. Si la escena mundial está dominada por las variedades del centro de Francia, como Chardonnay y Sauvignon Blanc, algunas de las uvas del mediterráneo, tanto francesas como italianas, emergen como alternativas para los productores locales.

Hablamos de un trío que, en los márgenes del mercado local, comienza a ganar cierto predicamento. La italiana Fiano y las francesas Marsanne y Roussanne. Razones para su desarrollo no faltan.

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Adaptadas al calor

Mientras que variedades como Chardonnay y Sauvignon Blanc son amantes del frío, y por lo tanto desarrollan mejor sus perfiles aromáticos en esas condiciones, el trío de mediterráneas encuentran en el sol y ciertas temperaturas altas las mejores condiciones para su desarrollo. En eso, pensar en uvas más adaptadas a climas cálidos parece una opción perfecta en nuestro país.

No son las únicas, desde ya, pero sí las tres que encuentran cierto interés en las bodegas locales, principalmente en Mendoza donde están más plantadas. Con un dato no menor: también el paladar y los aromas que ofrecen son completamente distinto a los blancos que dominan el mercado.

Fiano, Marsanne y Roussanne dan vinos con cuerpo y riqueza etílica, lejos de los blancos esqueléticos que ofrece Sauvignon Blanc; también tienden a ofrecer menor acidez que, por ejemplo, el Chardonnay elaborado en zonas frías. En suma, suponen otro paladar.

Fiano y las italianas

Italia es un país completamente desconocido para los bebedores en general. Con un centenar de variedades inexistentes fuera del país, con estilos definidos por ellas y por un paladar de gastronomía propia, desde la Puglia al Véneto hay una cantera para descubrir.

En nuestro mercado algunas bodegas comenzaron a explorarlas. En particular Fiano, una variedad oriunda de Campania y Sicilia, donde se la emplea para vinos aromáticos como el Fiano de Avellino. Se cree que es la uva conocida en tiempos romanos como Apianum, que comparte la raíz latina con apis, de abeja, un insecto que frecuenta las uvas por su carácter azucarino.

Ese carácter hace que los vinos derivados de Fiano sean ricos en alcohol, mientras que la pulpa baja en contenido de agua le confiere buen cuerpo. En nuestro país está cultivada en Mendoza (2ha) y La Rioja (3ha) y se la emplea para algunos vinos varietales y otros en cortes. Puro se lo encuentra en Caelum Fiano; también tuvo su momento de en algunos blancos como Santa Julia Innovación Fiano y Críos Fiano. Mientras que en cortes suma cuerpo en Zenith Nadir.

Marsanne & Roussanne y el Ródano

Oriundas del Ródano, Francia, estas variedades suelen funcionar juntas como un corte blanco. Mientras que Marsanne abunda en el Ródano Norte –es decir, la zona más montañosa–, Roussanne es cultivada tan cerca del mediterráneo como Chateauneuf-du-Pape, donde suele usarse en mezclas blancas. Ambas son variedades que resisten bien el calor y que sufren en climas más fríos.

Mientras que Marsanne tiende a dar un blanco delicado con aromas de avellanas y peras, Roussanne aporta trazos florales y de té. En ambos casos despliegan buen cuerpo, riqueza etílica y un paso envolvente y amplio.

Un poco por eso suelen ir hasta un 15% a cortes de tintas, ya que no diluyen y aportan variedad de sabores; y otro poco por la misma razón, se las emplea en vinos blancos de acidez moderada.

En Argentina hay 1 hectárea de Roussanne y 4 de Marsanne. La mayoría están en Mendoza, pero un puñado está en Salta. Algunos buenos vinos para probar son Zaha Marsanne y Moño Rojo Marsanne, mientras que en blends destacan Geisha de Jade Marsanne-Roussanne y Matervini White Blend, donde son protagonistas pero no están solas, como también El Esteco Blanc de Blanc.

El futuro caliente

Mientras que el calentamiento global corre las fronteras del vino hacia nuevos horizontes, algunos investigadores como el suizo José Vouillamoz persiguen un cambio varietal buceando en uvas naturalmente adaptadas al calor. La cuenca del mediterráneo, pero en particular el sur de Italia y las islas griegas, tiene variedades autóctonas que pueden ofrecer una respuesta posible en el futuro.

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