El Brent debajo de setenta dólares cruzó buena parte de la semana con las preguntas del futuro. Se sabe: la encerrona del gas y la imposibilidad de respuestas de escala grande, que se dan de lleno con una economía nacional en crisis y la coyuntura electoral que suma más interrogantes que posibles soluciones.
La historia era así: en 2016 Neuquén había sorteado la baja del crudo con un acuerdo Provincia-Nación-sindicatos. Esto implicó un convenio colectivo petrolero (a la baja) y un crucial subsidio para el gas de Vaca Muerta. Funcionó de tal forma que los ductos empezaron a saturarse y hacen prefigurar un cambio de escala para el transporte, lo que hoy pone límites al shale y tight gas. De concretarse, las soluciones (grandes) demandarían tres años.
Al menos es el caso del nuevo ducto troncal a Rosario, clave que trazaría casi una recta con la antesala a Brasil, con mucho más gas que el que hoy se puede enviar. Lo otro, las pequeñas alternativas son necesarias, aportan, pero no conmueven la aguja de las posibilidades colosales que hay en las reservas de gas de Vaca Muerta. Lo dicho: el dilema del gas mostró de inmediato la alternativa del crudo. Claro, el primero de octubre el Brent tocó su pico de 85 dólares. Muchos estaban contentos.
Otra vez esa doble chance de Vaca Muerta: si no es gas, que sea el petróleo. Pero desde entonces el barril de referencia no dejó de bajar. Ayer cotizaba en 67 dólares, casi veinte menos que hace un mes. Nadie está diciendo que ese precio es un mal negocio. Sólo que no es el que se venía presuponiendo.
Con todo, son valores que, al menos hoy, cierran en las petroleras. No tanto así en los campos maduros, donde hace falta más inversión para raspar los yacimientos en pleno declino.
En este contexto, surgió un empujón para el gas de Vaca Muerta: más exportaciones a Chile (sendas autorizaciones a PAE e YPF) y la apertura del gas para Brasil (de la mano de Wintershall). Es bueno, es importante, pero no debería aplacar la posibilidad del premio mayor, que deberá seguir esperando.
Acaso, para el contexto local, lo más importante en todo esto haya sido lo de ayer: ese mientras tanto en el que se busca generar valor agregado. El gobierno neuquino y la Unión Industrial Argentina van a “explorar” cómo pueden incentivar una posible industria con el gas en origen, se entiende, que echando mano sobre todo a las pymes y empresas neuquinas, que casi no hay día que no se pongan en guardia por la codicia que leen (y bastante razón tienen) en posicionamientos variopintos de diversas provincias.
Lo ideal sería que no pasara. El shale neuquino es de una magnitud tal, que debería haber lugar para todos. Igual, no está mal tener la guardia alta. Muchas, aún en la antesala de ese despegue, pelean por su cuota del negocio, y bien que les cuesta recibir una migaja, ni que hablar de las condiciones de financiamiento que afrontan. Al mismo tiempo, todos estos temas de tenor macro (la geopolítica se hace sentir en la compra de menos en un kiosco de Añelo), no deberían tapar las pequeñas tareas por hacer. Cosas básicas, del orden de lo plausible, como un sistema educativo que pueda dar las respuestas que se necesitan y se seguirán necesitando, pese a que hay 100 años de historia petrolera. Hoy, en ocasiones, es difícil encontrar mano de obra calificada.
En fin, hay debates y debates. Lo importante es cierto orden y establecer prioridades. Ya lo decía un jardinero: que el árbol no te tape el bosque.
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