El primer paro en plena crisis

Con la economía del país a los tumbos por el impacto de una nueva crisis de alcances impredecibles, se desarrolla el cuarto paro nacional de la CGT contra el gobierno de Mauricio Macri. Ninguno tuvo tantas causas atendibles como el de hoy. La desocupación y la pobreza están en alza y el poder adquisitivo del salario se hizo trizas, a la vez que se trama un presupuesto nacional que prioriza los recortes de partidas antes que la atención de los flancos débiles, por más que el titular de Interior, Rogelio Frigerio, remarque que hay fondos sociales como nunca antes.

El paro surgió de una central obrera en ebullición entre las distintas facciones que la componen. El triunvirato que conduce la central aceptó la convocatoria a un paro general, como presionaban los grupos sindicales más críticos del Gobierno, cuando todos sus reclamos para negociar el ajuste cayeron en saco roto, mientras el Gobierno negocia los recortes con los gobernadores y los legisladores del peronismo amistoso con el plan de la Casa Rosada.

En ese contexto, se adhirieron todos los gremios fuertes, incluso los que mantuvieron buenas relaciones con los funcionarios nacionales, como es el caso de la UTA, que tiene en su cartera de afiliados a los choferes de colectivos. Es decir, tiene la llave para que la efectividad de la huelga se potencie por las dificultades para moverse que se presentan cuando no hay transporte.

Mientras se organizaba y se ejecuta el cuarto paro contra Macri, la interna de la CGT retumba en los rincones de la política nacional. Hay una movida del camionero Hugo Moyano para retornar a la conducción con la oposición de sectores tradicionales del sindicalismo nacional.

La caída del empleo, la pérdida del poder del salario y el aumento de la pobreza le dan el marco a la huelga.

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