Atractivo por donde se lo mire. Con sus desafiantes rampas de tierra talladas a "pala y carretilla" el club Dirt World Flypark irrumpe en el paisaje de Parque Norte con sus circuitos y obstáculos que hacen volar a bikers de diversas edades sobre rodados BMX y MTB, además de atraer con sus recursos didácticos a los menos experimentados, interesados en aprender técnicas para encarar con mayor confianza las subidas y bajadas empedradas de la barda.
Ubicado a 200 metros del Observatorio Astronómico, el parque de los acróbatas del pedal continúa afianzándose más allá de las restricciones de la pandemia de coronavirus y los embates climáticos que obliga a sus cultores a poner el cuerpo para volver a modelar sus líneas.
"La asociación se creó en el 2003 y en 2005 comenzamos a dar clases, convirtiéndonos en la primer escuela de BMX Dirt Jump de Argentina y Latinoamérica. Cuando arrancamos éramos una rareza. Por suerte la actividad creció y luego se fueron sumando otras escuelas en el país. Hoy en córdoba hay tres complejos, también en Tandil. Cada uno tiene una competencia o muestra anual, la nuestra es en diciembre", destacó con orgullo la profesora Samanta Echeverría, quien junto a Mariano Argueda -presidente del club y referente del Dirt Jumping en la región- concibe el complejo como su segunda casa.
Tras canalizar su pasión por la bici bajo la modalidad Mountain Bike y las aventuras junto a Tony Rodríguez en Agreste Sur, Samanta conoció a Mariano y se enamoró del Dirt Jumping, categoría nacida en los 70' como una actividad under que se desprendió de las carreras de BMX en California, impulsada por fanáticos de las piruetas.
"A mi siempre me gustó la bicicleta y Mariano siempre se dedicó a este deporte puntualmente", remarcó la profe, antes de mencionar como antecedente de Dirt World Flypark, los circuitos que espontáneamente se fueron creando a lo largo de 20 años en diferentes espacios de la ciudad. Por caso, el terreno que hoy funciona como estacionamiento de Cinépolis o "El Escondido", predio de la Universidad del Comahue que cobijó la adrenalina hasta 2002.
"Ahí surgió con más fuerza la necesidad de tener un espacio propio y en 2003 dimos con el lugar en el que estamos ahora, detrás de la Plaza Las Banderas. Fuimos a averiguar al Municipio y nos dieron un permiso provisorio. Y como siempre desarrollamos el deporte y el espacio fue progresando, los permisos se fueron renovando. Por eso también nos institucionalizados, fue todo un proceso", señaló en alusión a cómo se creó el proyecto.
"Estamos en un área protegida y, como no podemos ingresar máquinas, todo lo hicimos a carretilla y pala. Tiene mucho esfuerzo físico. De eso también se trata el deporte. Tanto acá, como en Estados Unidos y Europa, se hace de la misma manera. Este deporte tiene este plus de que vos llegas a la cancha y no está lista. Siempre tenés que trabajarla y mantenerla. Es un estilo de vida", subrayó antes de destacar el talento de Argueda para diseñar el parque.
"Tiene la habilidad innata. No existe un libro para hacer rampas, se va improvisando. Nosotros lo seguimos y queda super bien. Tratamos que estéticamente sea lindo, que el impacto visual sea bueno. Plantamos césped, árboles, porque no había nada. En 2016 pudimos levantar el parque en un mes y quedó re bien. Había llovido mucho y teníamos programado un evento que salió perfecto", recordó.
"En el transcurso de los años le fuimos agregando más obstáculos al circuito y actualmente contamos con cuatro líneas de saltos diseñadas para todos los niveles de dificultad. Tenemos una sesión rítmica, mesetas, pump track asfaltado, que es un espacio similar a una posta de BMX, pero en menor escala. Hicimos un foam pit, que es como un cajón con colchones y una rampa para practicar trucos antes de hacerlos en la tierra, un mini ramp que es como una "U" de madera y un airbag o inflable para ensayar las caídas", precisó.
Más allá del género y las edades
"En Dirt World puede andar alguien que recién comienza como un profesional. Ésta es una de las características más fuertes del parque. Es un semillero, enseñamos a niños a partir de los 5 años, adolescentes y adultos. Llegamos a tener un alumno de 65 años. Quienes más asisten son los varones. Las nenas van, pero en menor cantidad, aunque siempre hay mujeres", enfatizó Samanta.
"En este últimos tiempo se fueron sumando chicas que salen a pedalear y buscan aprender técnica para andar en la barda. En las competencias siempre tenemos categoría femenina, más allá de la cantidad de participantes. Está buenísimo incentivar. Yo soy mujer y me re gusta
que se animen porque muchas veces se piensa que esto es un deporte de varón o que te vas a lastimar y no es así, porque el aprendizaje es progresivo. Nosotros enseñamos técnica y recién al final viene el truco. No es que llegas y vas a saltar una rampa", aclaró.
"Es un mito la creencia de que este deporte es peligroso: nadie va a hacer algo que no esté en condiciones de hacer. El proceso de aprendizaje es lento, muy cuidado y necesitás mucha constancia", dijo para luego comentar que las clases duran dos horas y que lo ideal es entrenar tres veces a la semana, además de tener incorporado el hábito de andar en bici para tener mayor resistencia física.
En cuanto al equipo necesario para hacer la actividad, Samanta remarcó que si bien los rodados 16, 18, 20 y MTB son los adecuados, para empezar, cada cual puede llevar su propia bici "en las mejores condiciones que pueda, con freno trasero obligatorio".
Un condimento para el turismo
Si bien los integrantes de Dirt World Flypark fueron reconocidos en varias ocasiones por el estado municipal y provincial, ellos sostienen la iniciativa a partir de la autogestión. "Somos una asociación particular, por eso cobramos una cuota social que incluye el seguro de los deportistas", resaltó la profesora.
No obstante, valoró el apoyo que tienen por parte de las autoridades en la competencia anual que organizan cada diciembre. "El evento es muy grande, vienen deportistas profesionales de otros países y eso moviliza el turismo en la ciudad", ponderó.
"El parque es como nuestra casa. Pasamos muchas horas ahí y, aunque hoy estamos a merced de lo que pase con la pandemia a nivel mundial, dentro de lo que se puede seguimos trabajando en el lugar, mejorando las instalaciones. Todo lo que se hace es autogestivo. La idea es seguir creciendo, que la escuela tenga mas alumnos y seguir rodeándonos de gente copada. El año pasado tuvimos 142 personas en el parque, lo cual es un montón para un deporte no tan conocido", concluyó.
Solidaridad: Superpoderes para Max
Como parte del vínculo estrecho que Samanta y sus compañeros de Dirt World Flypark construyen con sus intrépidos aprendices y sus familias, desde hace unos años lanzaron una campaña para acompañar a Máximo Sales, un gigante de 7 años que nació con déficit de piruvato quinasa, una anemia hemolítica crónica heredada genéticamente, por lo que tiene que recibir dos transfusiones de sangre al mes.
"Desde el año pasado hicimos una campaña que se llama Superpoderes para Max para pedir sangre. La idea concientizar desde la vida y la alegría. Tratamos de explicar que la gente necesita sangre para vivir, pero sacándole la connotación de la tristeza. Cuando Max era chiquito, su mamá le decía que con la transfusión iba a recargar superpoderes", contó Samanta y recordó que quienes quieran ayudar pueden ir a donar a la Clínica Raña, ubicada en la calle Mendoza 381. Los factores que requiere Max son A (positivo y negativo) y O (positivo y negativo).
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