El pulso de la fractura

Vaca Muerta se mide en las etapas de estimulación hidráulica en los pozos. Este año tocó un récord de más de 720 en febrero. Los valores muestran que el pase a desarrollo masivo se vive todos los días.

POR ADRIANO CALALESINA - adrianoc@lmneuquen.com.ar

El dato es que en febrero de este año se tocó una cifra récord: 720 etapas de fractura en las 10 operadoras de la cuenca shale. En términos de suba significa algo así como el 300% o cuatro veces más que en los primeros meses de 2016, cuando se empezó a experimentar en pozos más largos y productivos con ramas horizontales.

Si bien son números absolutos, el promedio mensual de fractura en Vaca Muerta viene aumentando en forma sostenida todos los años, a medida que las operadoras empiezan la etapa de desarrollo masivo.

De 2016 a 2017, las etapas pasaron de un promedio en cada mes de 143 a 248 (+43%), de 2017 a 2018 subieron de 248 a 402 (+41%) y de 2018 a febrero de este año, las etapas treparon de 402 en promedio al mes a 569, sin contabilizar el comportamiento hasta fin de año.

“El nivel de actividad es variable con los meses por la demanda, pero siempre en alza. Las etapas de fractura te muestran cómo se mueve la industria realmente en Vaca Muerta”, explicó a +e Luciano Fucello, country manager de la empresa NCS Multistage, quien realiza relevamientos en todas las operadoras y compañías de servicios para Argentina y Colombia.

En una de las presentaciones de datos sobre la actividad no convencional (NOC), Fucello explicó que la producción y la actividad se triplicaron debido a varios factores: eficiencias en el diseño de las fracturas, la modificación del convenio laboral (adenda) y la resolución 46 con subsidio al estímulo de la producción de shale.

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La estimulación hidráulica y el incremento de las etapas en cada uno de los pozos de Vaca Muerta se convirtió en el factor clave para el despegue de la actividad. Mucho más que la variable del incremento del precio internacional del crudo y los anuncios de inversiones de las operadoras.

Una empresa que lo entendió en esos términos fue Tecpetrol, que en un año subió un 272% las etapas de estimulación hidráulica, sobre todo impulsado por el gas del yacimiento estrella, Fortín de Piedra.

La variable de las etapas de fractura pone sobre la mesa también una delgada línea que divide el pase de la fase piloto a modo factoría en las operadoras. Esto se vio, por ejemplo, en Shell, que en lo que va de 2019, de acuerdo a la información presentada, realizó 179 etapas de fractura; solo en abril hizo unas 100, impulsadas por el bloque en Vaca Muerta conformado por los yacimientos Sierras Blancas, Cruz de Lorena y Coirón Amargo Sur Oeste.

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Hasta ahora, la empresa más regular que se ha mantenido con un firme proyecto de fracturas ha sido YPF. Eb 2016 hizo 1542 etapas, mientras que los restantes años hasta los primeros meses de 2019, alcanzaron a 1719, 1967 y 768 respectivamente.

Por ahora, la actividad depende de la demanda de petróleo y gas, pero la carrera del shale no se detiene. Al contrario, más jugadores avanzan en las fracturas.

El shale y el incremento de las etapas de estimulación hidráulica en la industria no convencional logró que hace más de una década los Estados Unidos revirtiera una ecuación energética desfavorable. En 2007 se iba hacia el colapso ya que los estadounidenses consumían 20 millones de barriles de petróleo por día y producían sólo 5,8. El resto lo importaba y vio una salida en el shale.

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