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La Mañana Quijote

El Quijote de los libros en la ciudad del viento

Ernesto García es bibliotecario, docente, escritor, vecinalista y jubilado de la justicia. Pasa su vida entre los libros.

Las personas van escribiendo su libro de la vida en cada paso. Sus acciones las van distinguiendo. Ernesto García es un hombre que como el héroe de Cervantes se transformó en un “hidalgo vecino” que se comprometió con causas justas y valiosas para su comunidad de manera desinteresada y sin esperar nada a cambio.

Es un caballero andante con una personalidad casi calcada del ilustre don Quijote. Quienes lo conocen siempre le destacan su generosidad, su valentía y perseverancia, su valor de la justicia y la nobleza y la caballerosidad con las mujeres.

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La actual directora de la biblioteca popular Elordi, Miriam Catalán, lo definió como “un referente cultural de la ciudad que prevalece como persona y como vecino por su responsabilidad y compromiso permanente con Zapala”.

“Ernesto conoce toda la historia de la biblioteca, es una referencia obligada de la institución y yo lo considero un optimista de la vida y le destaco la amorosidad con la que siempre me trata y por su predisposición de ayudarme y acompañarme en cada actividad. El prácticamente forma parte del inventario de la biblioteca”, contó Miriam.

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Ernesto tiene una historia atravesada por un amor entrañable y eterno con quien fuera su profesora de lengua y literatura en un secundario nocturno y por una arriesgada actividad política en épocas complicadas del país que le valieron estar casi cuatro años privado de su libertad. Lo que siempre lo mantuvo con fe y esperanza fue el poder del amor.

Con sus casi 79 años, ya camina un poco encorvado, tal vez por llevar tantos años la mochila cargada de sueños propios y ajenos, algunos vieron la luz de la realidad como los de la biblioteca Elordi y otros están ahí “al salto de la ventana” viendo como los esfuerzos y el tesón de las nuevas autoridades y socios bregan cada día para que puedan nacer.

Ernesto es tan solo un hombre bondadoso, un quijote de los libros, un soñador con alma de niño y responsabilidad de mayor.

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La llegada al pueblo

El hoy Quijote zapalino fue y es protagonista de varias aventuras, de las buenas y de las que no. Nació en la provincia de Santa Fe un 13 de junio de 1943. Hasta los 14 años vivió allí. Años más tarde tendría un paso por distintos lugares de la Capital Federal y de la provincia de Buenos Aires hasta que un día llegó a Punta Alta en Bahía Blanca y permaneció hasta 1974. Y desde 1978 hasta la fecha es un zapalino por adopción y por elección.

“Mi eterno agradecimiento y reconocimiento a la ciudad que me supo dar y brindar todo a mí, a mi esposa y a toda mi familia. Aquí fuimos y somos felices. Es nuestra ciudad”, afirmó Ernesto mientras acomoda sus recuerdos para relatar su vida.

“Aquí he pasado por distintos lugares. Comenzando por las comisiones vecinales, siguiendo con la docencia, el sindicalismo y la administración en el Poder Judicial. Y lo más importante es mi desempeño ad honorem en la biblioteca Elordi. Estoy desde que llegué a la ciudad. Entre 1988 y 1998 estuve como presidente y es justamente en ese año cuando inauguramos el edificio nuevo”.

Sobre la biblioteca, dijo que “significa mucho para mí porque es el lugar donde yo abrevo y donde cosecho porque siempre pienso que algo hice bien porque la gente me recuerde y asocie mi persona a la biblioteca.

“Hace rato no estoy en la presidencia. Hoy soy asesor legal y técnico además de ser socio honorario. Me sucedieron nuevos valores. Miriam Catalán, la actual presidenta, es una mujer valiente que pone horas de su tiempo y su eficiencia al servicio de la institución”, explicó.

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En medio de la charla entre los pasillos y las estanterías que albergan exactamente 33.981 libros, Ernesto ensaya una explicación de la importancia de los libros y de leer como práctica. “De la lectura emana el conocimiento, los libros dejan de ser simplemente conjuntos de hojas escritas para transformarse en una herramienta que permite golpear las mentes y abrirlas a otros mundos, a otras perspectivas”, argumentó.

Su libro

Ernesto hace cuatro años presentó su libro "Manual de estilo para comunicadores, docentes y otros operadores del lenguaje". Fue su primera obra literaria, pero tiene otras que esperan los trazos finales para ser publicadas.

“El libro es producto de las cosas que yo quería revisar, arreglar y corregir del lenguaje y sus términos. Por eso me propuse salir a pelear al mundo de los comunicadores fundamentalmente que cometen errores y no saben que los cometen”, dijo.

En el prólogo del libro, Silvia Martínez (Licenciada en Ciencias de la Educación de la ciudad de Zapala) apunta: “En esta obra van a encontrar aportes valiosos para nuestras comunicaciones, nuestros modos de decir y de escribir. Es interés de su autor darnos a conocer mejores modos de escribir y comunicar, nos invita también al atrevimiento de incrementar nuestras palabras para una mejor comunicación. Palabras que agiten nuestros sueños”.

Ernesto señaló también que “este manual de estilo lo editó la editorial de la Universidad Nacional del Comahue, que tiene como característica solo publicar o editar en general a los profesores o a los docentes investigadores de la casa de estudios. “Yo no soy ninguna de las dos cosas, soy solamente un graduado bibliotecario en la universidad pero por algún motivo les pareció bueno y estoy muy agradecido”, comentó orgullosa.

ERNESTO GARCIA_ZAPALA

Ana y el amor

El brillo en sus ojos y el quiebre en la voz al pronunciar palabras destinadas a su compañera de la vida por más de 50 años dejaron en claro que en su corazón claramente se encendieron los cálidos recuerdos. El amor de su vida, Ana María Doray, falleció hace dos años a los 80.

Ana, de corazón bonaerense, pero de alma neuquina, fue una impulsora, mentora y forjadora de muchos talentos y amantes de la literatura y las letras; muchos de esos alumnos se transformaron en profesionales y siempre la recordaron con cariño. Ella dejó un libro de su autoría llamado "Una mujer..." (Dulken 2015). Tuvo dos hijos: Juan e Ignacio.

“Ana nació en 25 de mayo en una zona agrícola-ganadera y desde ahí pasó a Punta Alta donde yo la conocí y donde nació nuestro amor”, recordó Ernesto.

“Ella fue mi profesora de literatura cuando yo terminaba el quinto año en el secundario nocturno en el Colegio Nacional de Punta Alta. Era una joven recién recibida y pretendía que los alumnos de quinto año estudiáramos. Era imposible, ya éramos grandes”, contó con una sonrisa.

“Yo le iba a pedir al vicerrector que la echara porque quería que nosotros estudiáramos y ella le pedía que me echara a mi porque era mal alumno. Así ‘peleando’ nos conocimos y por esas cosas de Dios y del misterio del amor terminamos siendo pareja y me acompañó más de 50 años. Cumplimos las Bodas de Oro y después se fue porque decidió que ya había terminado su paso por este mundo. Todo lo que tengo es gracias a ella porque fue un motor para mí. Me impulso en una época brava para mí cuando estuve privado de la libertad y ella llevó adelante a nuestra familia con mucha valentía. Ella fue lo mejor que me pudo pasar en la vida”, expresó con visible emoción.

Y añadió: “Lo que tengo de recuerdo de ella es que fue una mujer maravillosa, encomiable, trabajadora y docente que amó y puso su vida a disposición de los niños y jóvenes a través de las escuelas primarias y secundarias”.

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Muy conmovido, mencionó que “hoy la vida es un tanto difícil porque me falta la otra mitad de mi persona, pero sé que desde el lugar que está me acompaña, me ayuda y me protege como mi ángel de la guarda. Mientras tanto sigo trabajando y escribiendo libros”.

Cuando fue preso político

En épocas duras y difíciles de la República Argentina, Ernesto fue obligado y llevado a la oscuridad del silencio y al frío de las cárceles por su ideología política muy vinculada a la ortodoxia peronista.

Estuvo preso en la cárcel de Villa Floresta en Bahía Blanca por 3 meses y el resto de los casi 4 años en el penal de Sierra Chica (Olavarría), en el interior de la provincia de Buenos Aires. El período en que estuvo privado de su libertad fue entre el 29 de noviembre de 1974 y el 31 de agosto de 1978.

Sobre este suceso que marcó su vida, recordó que no recibió malos tratos por ser un preso político. “Desde 1966 me dedicaba a escribir y mi primera publicación con un grupo de jóvenes fue un periódico al que llamamos “Volveremos” y a partir de ahí seguí escribiendo en diarios y revistas que se editaban en ese momento. Evidentemente algo molestaba por eso decretaron mi arresto que fue firmado por la presidenta Isabel Perón y el decreto de mi liberación fue firmado por el presidente de facto Jorge Rafael Videla. Eso fue una gran e incomprensible paradoja”, señaló.

Apenas recuperó la libertad, viajó a Zapala donde ya estaba su esposa con sus dos hijos pequeños. Ella estaba trabajando como docente titular y fue la primera profesora que tuvo el instituto de profesorado, el IFD 13 de Zapala.

En la ciudad del viento, Ernesto supo desempeñarse con el tiempo como profesor en las materias de lengua, literatura, historia y educación cívica, Lo hizo en la entonces ENET 1, CPEM 36 y el CPEM 161 (para adultos). Entre los años 1988 y 1998 fue presidente de la Biblioteca Popular Elordi y trabajó en la administración del Poder Judicial hasta el año 2006, cuando finalmente se acogió a los beneficios de jubilación.

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“Estudié abogacía y sigo trabajando como tal en asesoría. Aunque no tengo título de abogado ni tampoco título de profesor pude desempeñarme realmente bien en las dos carreras gracias a Zapala y a su gente que confió en mis capacidades”, contó.

La historia de la biblioteca Elordi

La biblioteca popular en sus 106 años de historia ha sido y es protagonista excluyente de la vida social y cultural de Zapala. Fue creada el 12 de mayo de 1916, en los albores del nacimiento de la ciudad. Su trayectoria incluye el funcionamiento entre los años 1916-1979 en la Sociedad Sirio-Libanesa de Zapala, en la Municipalidad y en la Escuela Normal (hoy IFD N°13). Ese año se traslada a su edificio propio ubicado entre las calles Avellaneda y Elena de la Vega.

En 1998 se inaugura una importante remodelación y ampliación. Con el apoyo de la Legislatura neuquina y el municipio local, se trabaja en la culminación de la obra del Auditorio, que funcionará también como sala de cine y de conferencia con capacidad para más de 100 personas. La idea de las actuales autoridades de la institución es que el lugar se transforme en un verdadero Centro Cultural, teniendo a la biblioteca como su eje principal.

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