El Reino Unido planeó devolver a Astiz bajo otra identidad en 1982
El marino, capturado tras rendirse en las islas Georgias del Sur, tenía pedido de captura por los secuestros de dos monjas francesas y una joven sueca.
Buenos Aires (DPA) > Al finalizar la guerra de Malvinas en 1982, el Reino Unido planeó devolver a la Argentina al capitán de la Armada Alfredo Astiz bajo otra identidad para eludir los reclamos diplomáticos de Francia y Suecia, que querían interrogarlo por delitos de lesa humanidad cometidos años antes.
El gobierno británico de Margaret Thatcher planificó meter al militar en un vuelo directo de Londres a Buenos Aires, revelan documentos desclasificados en el Reino Unido sobre el conflicto bélico de 1982.
Comando rendido
Astiz, que actualmente cumple cadena perpetua por delitos de lesa humanidad, estuvo al mando de un grupo de marinos que tomó las islas Georgias del Sur, como parte de la ofensiva diseñada por Leopoldo Galtieri para recuperar las islas Malvinas.
El capitán, que era requerido por la desaparición de las monjas francesas Léonie Duquet y Alice Domon y la joven argentino-sueca Dagmar Hagelin, fue capturado en las islas por las tropas inglesas sin haber disparado un solo tiro tras dos bombardeos.
La imagen del momento en que firmó su rendición “incondicional”, el 25 de abril de 1982, ante dos oficiales británicos, recorrió el mundo. Su uniforme, con los galones incluidos, se exhibe desde entonces en el Imperial War Museum de Londres.
Plan inconcluso
El plan de Londres incluyó la reserva de un pasaje aéreo para el miércoles 9 de junio, cuatro días antes de la rendición argentina. Aunque no llegó a concretarse, Astiz inició su regreso un día después, con escala en Brasil, cuya dictadura también presionó a Gran Bretaña.
El esfuerzo del gobierno de Thatcher por sacarse de encima a Astiz se debió a su temor de que la dictadura argentina aplicara represalias contra sus soldados que permanecían como prisioneros de guerra o contra otras personas o activos británicos en territorio argentino.
Gran Bretaña consideraba que Astiz podía negarse a responder cualquier tipo de pregunta desde París o Estocolmo, amparado en la Convención de Ginebra, que fija las reglas para el tratamiento de los prisioneros de guerra.
Presión internacional
El problema era la continua y creciente presión internacional sobre Londres que siguió a la difusión del arresto de Astiz, aun después que el gobierno británico indicó que respetaría los límites fijados por la Convención de Ginebra.
“La negativa francesa a aceptar un no como respuesta es embarazosa”, advirtió en otro memo el secretario privado para asuntos internacionales de Thatcher, John Holmes, uno de sus asesores más cercanos.
Holmes incluso calificó de un “intento bastante crudo de presión” el recordatorio del gobierno de François Mitterrand de que así como pedía la colaboración británica para interrogar a Astiz, Londres a su vez pedía su asistencia para detener el envío de armamento a la Argentina.
Astiz se convirtió además en el único prisionero de guerra argentino que terminó en Gran Bretaña. Finalmente, Thatcher negó la extradición y el militar fue devuelto a la Argentina.


