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La Mañana restaurante

El restó ícono de Junín que combina lo mejor de dos mundos: el patagónico y el árabe

Con más de medio siglo de historia, Ruca Hueney sigue tentando a turistas, locales y viajeros que no pueden evitar hacer una parada.

Una marca registrada de Junín de los Andes que se consolidó y creció rindiendo tributo al significado de su nombre (casa del amigo), con hospitalidad y exquisitos sabores y aromas caseros que siempre llegaron a la mesa con abundancia.

Con 52 años de trayectoria Ruca Hueney sigue más vigente que nunca. Ubicado en el corazón de la ciudad cordillerana, el restaurante continúa convocando a locales, turistas y viajeros que programan en su itinerario la parada obligada para darse el gusto de probar las tentaciones de un amplio menú, cuyas joyitas son los platos patagónicos y árabes.

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Aunque la pandemia de coronavirus la alejó del movimiento de su restaurante, Fadua Josefina Julián, más conocida como "Pepa", sigue activa elaborando sus especialidades desde su casa, mientras -ya vacunada contra el COVID- aguarda que la pesadilla termine para regresar a su cocina y volver a ver en el salón abrazos sin barbijos y nutridas reuniones sociales de las que Ruca Hueney siempre fue escenario.

Hace unos días, tras un breve receso vacacional, el restaurante volvió a abrir las puertas -solo al mediodía, debido a las restricciones- con delivery y carta actualizada en la que se hace difícil elegir entre las numerosas y tentadoras variedades de entradas y platos principales de trucha y ciervo, pastas, carnes más tradicionales a la parrilla, minutas y una amplia gama de postres. Por si fuera poco, y a modo de yapa, el menú cuenta con un apartado de propuestas árabes entre las que se destacan Humus bi Tahine, Labben, Keppen Naie, Tabbule, Picada árabe, Sfiha, Keppe Mashuíe, Keppe bi Sainie y Warak, además de opciones dulces como Baclawa (masa philo rellena con nueces) y Hriset el lauz (sémola con almíbar).

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Detrás de la sofisticada carta que se fue confeccionando a lo largo del tiempo, hay una historia de pioneros, inmigrantes que eligieron Junín de los Andes para echar raíces y dejar una huella.

Inaugurado en 1967 en un pequeño local, que luego anexó a la emblemática esquina de Padre Milanesio y Coronel Suárez, el restaurante Ruca Hueney tiene lazos estrechos con la icónica Hostería Chimehuín y el viejo Hotel Lanín que inauguraron los padres de Pepa, el libanés José Antonio Julián y Elena Koller, de origen austríaco.

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"Mi papá se vino a la Argentina muy jovencito, en 1913. En esa época la situación era tan mala que venían a trabajar a la América que era el resplandor. Acá unos tíos, que se habían instalado en Junín (creo que por similitudes con el lugar donde vivían en Líbano), lo ayudaron y cuando se pudo independizar armó primero un negocio de ramos generales y después el antiguo hotel Lanín, que estaba en la esquina donde hoy está Ruca Hueney", detalló.

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El Hotel Lanín en la década del 40'.

El Hotel Lanín en la década del 40'.

"El pueblo era muy chiquito en aquel entonces, se trabajaba mucho con pescadores y el ejército. El tema fue que, como necesitaban una cocinera, mi mamá fue a trabajar ahí, tenía buenas referencias. Así que se conocen, se enamoran, se casan y tienen tres hijas: la mayor, rubiecita igual que mi mamá, falleció a los 7 años por una infección después de ser operada de la garganta. En ese momento no había muchos medios", lamentó. "Así que quedé yo y, después de seis años, nació mi otra hermana que ahora se encarga de la Hostería Chimehuín, que era el negocio de mis padres", sintetizó Pepa, siempre amable ante cualquier interrupción en busca de mayores precisiones.

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Los cambios que tuvo la Hostería Chimehuín, inaugurada por José Antonio Julián y Elena Koller, los padres de Pepa.

Los cambios que tuvo la Hostería Chimehuín, inaugurada por José Antonio Julián y Elena Koller, los padres de Pepa.

Sin perder el hilo, continuó: "En un momento, mi mamá se enfermó, se fue a Buenos Aires y mi papá alquiló el hotel Lanín y compró una casita muy chiquita al lado del río Chimehuín. Cuando mi mamá volvió se sorprendió porque todo estaba alquilado y los clientes de mi papá, que iban al hotel Lanín, le decían: 'Don José dónde vamos a ir nosotros porque acá no estamos cómodos'. Entonces mi papá empezó a ampliar la casita que había comprado al lado del río, que hoy es la hostería Chimehuin". "Yo empecé a trabajar ahí, en la cocina, donde aprendí las recetas de mi madre", destacó la cocinera de 80 años, antes de meterse de lleno en la historia de Ruca Hueney.

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Hostería Chimehuín, a través del tiempo.

Hostería Chimehuín, a través del tiempo.

Tras mencionar su casamiento con Nicolás Buamscha en 1963, Pepa señaló: "Al lado del hotel Lanín se había desocupado una casa de familia y con la ayuda de mi papá y mi mamá armamos un pequeño restaurante que tendría cuatro o cinco mesitas y una cocina pequeña". "Empecé a trabajar con gente de afuera, jóvenes que venían a trabajar a Junín que no tenían familia, empresas que venían a hacer el asfalto. Eran como mis pensionistas. Al principio, como era muy chiquito, hacíamos un menú fijo: fiambre, un plato principal que era una pasta, una milanesa con papas fritas o un pollo al horno y un postre. Las milanesas eran unas alpargatas que sobresalían del plato. En ese momento no se estilaba llevar la comida que sobraba con una bandejita. Yo le decía a mi marido: 'Gordo ¡y si las hago mas chicas para no tirar comida?'. Y él me contestaba: 'Ni se te ocurra'", recordó. "Creo que por la abundancia de los platos y la calidad, la gente siempre volvió", reflexionó.

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"De a poquito, nos fueron conociendo más y fuimos creciendo. A medida que se iban desocupando los lugares que estaban alquilado de lo que era el Hotel Lanín, nosotros íbamos tirando paredes para agrandar el salón. Fue todo muy paulatino. A medida que contamos con más lugar, fuimos implementando diferentes platos para ampliar la carta", añadió.

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No obstante, nada fue de un día para otro y todo el proceso implicó mucho esfuerzo. "La cocina te tiene que gustar porque estás casi todo el tiempo ahí, sin feriados", advirtió Pepa. "Nosotros trabajábamos muy bien en la temporada de verano, el invierno se nos hacía eterno. A veces no alcanzamos a llegar a la otra temporada con lo que habíamos trabajado. En un momento estuvimos a punto de irnos a Neuquén, pero como teníamos a nuestros padres grandes y apostábamos por Junín, porque tenemos las raíces acá, nos quedamos. Y con toda la suerte del mundo, cuando cambiaron el camino que iba a Chile (que en invierno no se podía pasar por la nieve) e hicieron el nuevo por la costa del río, la gente empezó a pasar todo el año y ahí mejoró un poco la economía. El movimiento era diferente. Mucha gente de Chile venía los fines de semana largos porque les convenía el cambio y pasaban por el restaurante del 'Gordo', como le decían a mi marido. Después quizás seguían de largo para Bariloche, pero pasaban por el restaurante", subrayó y agregó que en algunas épocas Ruca Hueney también se nutrió de los contingentes que soldados o de pasajeros llevados por las empresas de transporte Chevalier e Igi Llaiman.

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"Mi marido tenía algo especial. Yo me dedicaba a la cocina y él estaba en el salón, a los clientes les contaba anécdotas de la pesca, la cacería, a los chicos les inventaba algo que les causaba gracia. La gente quedaba maravillada. Tenía un espíritu especial para atender a todas sus amistades. A mi cocinar siempre me gustó y me sigue gustando", aseguró en otro tramo de la charla.

"En el 2006 volvimos a ampliar porque era tanta la gente que venía de Chile, que tenían que esperar afuera. Entonces agrandamos el salón y la cocina y agregamos más equipamiento. Ahí empezó a mejorar la parte económica porque venía cada vez más gente. Después incluso celebramos eventos como casamientos", remarcó.

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Un baluarte de la colectividad árabe de la región

La introducción de emblemas de la gastronomía árabe en Ruca Hueney se dio en forma escalonada, a partir del vínculo con la colectividad árabe de la zona. "En los 70', la Asociación Sirio Libanes de Zapala nos ofreció hacer una fiesta árabe. A nosotros nos encantó la idea, así que ellos vinieron con sus bailarinas, su música y nosotros pusimos la comida. Era abierto a todo público. Salió hermoso y la gente se fue enloquecida. Repetimos al año siguiente y al tercer año, como era tanta la gente, tuvimos que alquilar un salón más grande. Hemos llegado a atender 250 personas", contó Pepa y agregó que esos encuentros se mantuvieron hasta hace apenas unos años.

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"Cuando vimos que a la gente le gustaba la comida árabe, empezamos a ofrecer cosas simples, como empanadas, en la carta del restaurante. Y así fuimos agregando. Hoy, la comida árabe es el boom del menú", enfatizó.

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En cuanto a la incorporación de las elaboraciones con impronta patagónica, Pepa no pudo precisar la época porque se dio en forma espontánea, primero la trucha y luego el ciervo, a partir de que algunos cazadores se acercaban para ahumar sus presas. "En un momento hicimos escabeche de liebre y de butarda. Ahora no se consigue, eran otras épocas", dijo antes de mencionar los platos con trucha y ciervos como los más solicitados y resaltar la inclusión de una menú de niños y propuestas para celíacos.


Legado y deseo

Si bien Pepa sigue cocinando en Ruca Hueney, desde que falleció su marido en 2003, su hijo Artura tomó la posta junto a su pareja Mariana. "En ese momento me decían '¿qué vamos a hacer?'. Y yo le dije: 'Para tu papá esto era su vida, así que lo mejor sería continuar con lo que a él le gustaba. Y así fue como ellos se hicieron cargo. Yo los ayudo", aclaró Fadua.

"Tenemos un grupo lindo de trabajadores que ya saben como son las recetas, aunque el último toque lo tiene que dar una hasta antes de la pandemia... Antes de la pandemia no me sacaban de la cocina del restaurante, después me agarró el susto con tanto contagio, así que me quedé en mi casa. Es muy duro. Nunca pensé que iba a vivir esto tan tremendo. Además del temor de los contagios, la parte económica también se resiente", expresó apenada.

"Hemos apostado a Junín y lo hemos hecho con tanto cariño, porque no es fácil atender un restaurante. Son 52 años de lucha, de sacrificio, de ponerle el lomo porque no tenés días de descanso. Por algunos eventos, nos hemos acostado a las 7 de la mañana y a las 10 ya estábamos de pie. Con amor, todo sale bien y la gente también se encariña con uno. El asunto es que ahora estamos un poco paralizados, me pregunto cómo saldremos de esto. Ojalá que con la vacuna todo mejore", deseó.

"Estoy bastante preocupada con los nietos y bisnietos porque, con todo lo que está pasando, no sé qué les deparará la vida. Pero como casi todos están enfocados con negocios de comida, quisiera que sigan con mucho esfuerzo y con mucho amor. Espero que termine de una vez esta pandemia", sostuvo Pepa, quien junto a su nieta Anyhulli agradeció el apoyo de la comunidad de Junín y de San Martín de los Andes y a sus fieles comensales que los han apoyado siempre y más en el último año.

La unión de los gastronómicos de Junín

El año pasado, Ruca Hueney y otros locales gastronómicos que trabajan con envío a domicilio se unieron para sortear la crisis derivada de las restricciones por el coronavirus. Con motivo de celebraciones patrias, ofrecieron un menú mixto elaborado en forma conjunta. Por caso, para el 1° y 25 de mayo, mientras algunas casas se encargaron de elaborar locro, otros aportaron empanadas, bebidas y postre. El combo incluía platos de los distintos locales, lo que le permitió al público hacer una degustación de cada marca, colaborando con el sector que apostó por "salir todos juntos".

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