El riesgo frente a la reincidencia

El violador de Huincul estuvo preso seis años sin tratamiento, pero igual le aprobaron la libertad condicional.

El caso del violador de Huincul nos vuelve a sacudir como sociedad. En los comentarios de los lectores pude leer expresiones como “que se pudran en la cárcel”, “que los castren químicamente” o “habría que pegarles un tiro”.

Es entendible la bronca que desatan estos casos por el impacto que generan, pero no vi a nadie que diga que hay que exigirle al Estado cumplir con la ley de ejecución de la pena privativa de la libertad donde se prevé un tratamiento para los presos.

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Tanto en el caso del violador de Huincul como en el del abusador de la meseta, ambos estuvieron presos, salieron y volvieron al ataque repitiendo el mismo patrón-modalidad cada uno gozando con distintos aspectos de sus víctimas.

En ningún momento estas personas recibieron tratamiento psicológico y psiquiátrico, y esto, guste o no, es lo único que hubiese permitido detectar el riesgo de reincidencia y tomar las medidas de protección del caso. Pero, por el contrario, cuando estuvieron en condiciones de pedir la libertad condicional, cumplido los dos tercios de sus condenas, les hicieron una tímida entrevista con preguntas de forma cuyas respuestas conocen todos los internos. Así fue como recuperaron la libertad.

Párrafo aparte merece el tema sobre si los agresores sexuales son recuperables o no, pero de algo estoy seguro: si se hubiese cumplido con la ley, el margen de riesgo para la sociedad al menos baja, aunque hoy ese margen sea altísimo porque las cosas no se hacen como dicta la ley.

Ahora habrá que esperar que la pena que reciba el violador de Huincul sea ejemplar y también tendrá revancha el sistema para hacer el tratamiento de ley.

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