El río y su encanto natural para caminar y entrenar
NEUQUÉN
En la margen del Limay (en inmediaciones del Río Grande) hay un camino que muchos eligen para hacer actividades o pasar el día. Ni bien se cruza el puente, en dirección al Paseo de la Costa, hay una bajada para acceder a senderos cubiertos de vegetación. Dos caminos de tierra –paralelos al brazo del río que pasa frente a los clubes privados– conducen a los neuquinos a disfrutar de un trayecto entre álamos, tamariscos y eucaliptos que ofrecen mucha sombra y una sana respiración.
“Nos gusta este lugar porque es más natural. Al río grande lo llenaron de cemento, queda poca tierra y espacio virgen”, expresó Romina, mientras uno de sus amigos le pedía que guardara el secreto, porque si avivaba al intendente, en poco tiempo, haría veredas y edificios.
Para Nazareno Montero, esos caminos arman un circuito perfecto para entrenar en contacto con la naturaleza. El joven, de unos 20 años, montado en su bicicleta y con los auriculares puestos, pedaleaba disfrutando el aire puro.
Debajo de un eucalipto, las familias Moreno y Chandía, de Confluencia, habían armado campamento y disfrutaban de la tarde con unos mates. Enisia Chandía confesó que siempre elige este lugar y que le gusta “porque el río es seguro para los chicos”.
A unos 50 metros, Marianela Larregain lanzaba las clavas a lo alto y practicaba un básico de cuatro elementos de malabares. “Está re bueno este lugar, tenemos sombrita y río, qué más podemos pedir”, dijo. La joven, de Adolfo González Chávez (Buenos Aires), está de visita en la capital y en pocos días seguirá camino a Chile.
A medida que se avanza en el camino –de aproximadamente tres kilómetros y termina en el Balneario Municipal–, el sonido de las risas que invaden el comienzo del recorrido se apaga y cobra sentido el silencio. Los grupos de personas que disfrutan sentados a la orilla cada vez están más espaciados. Sobre todo el trayecto, unas chicas jóvenes con ropa deportiva trotan y dos policías en moto vigilaban el lugar. Pero cuando la tarde cae, los melones con vino y las botellas cortadas llenas de fernet empiezan a alterar los ánimos de algunos, quienes gritan desde la orilla y se divierten sin parar.


