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La Mañana Columna de Opinión

El sacrificio de los pioneros

En la creación de muchos servicios públicos participaron activamente los vecinos de la ciudad de Neuquén.

El 12 de julio de 1915, el diario Neuquén mostraba en su portada una noticia más que trascendente para los habitantes del caserío: el llamado a licitación que aprobó el Concejo Municipal para dotar del servicio de aguas corrientes para el pueblo.

En aquella ordenanza se especificaban una serie de consideraciones para quienes se presentaran a la convocatoria para realizar la obra. Por caso, daban la opción de que el agua se podría tomar del río Neuquén o del Limay, pero que el caño maestro se extendería por la Avenida Argentina hasta las calles Las Lajas (Belgrano) y Añelo (Alderete) y que las cañerías secundarias tendrían que tener las siguientes longitudes: una cuadra en las calles Minas y Ñorquín (Alberdi), dos cuadras por Ingeniero White (Lastra), y otras arterias más que pertenecían al centro de la ciudad de Neuquén (tanto del Alto como el Bajo). También la ordenanza firmada por el presidente del Consejo Municipal, Miguel Mango establecía que los plazos de ejecución de la obra no deberían superar los 120 días.

El llamado a licitación se concretó, se presentaron los oferentes y una empresa (Taverna y Echarren) se hizo cargo de la obra que fue inaugurada un 1 de noviembre de ese mismo año.

Lo curioso es que si bien la extensión de la cañería era suficiente para abastecer de agua a toda la población, quedó corta al poco tiempo debido al crecimiento demográfico del pueblo.

Pero ese no fue un problema difícil de resolver. Muchos vecinos, a pico y pala y a costo de sus bolsillos, fueron extendiendo las redes a los lugares más alejados, una muestra del sacrificio y de la voluntad que tuvieron aquellos primeros pobladores.