El temor de cada fin de año

El consumo excesivo y el manejo irresponsable suelen poner en jaque cientos de vidas durante los festejos.

Desde muy chico las fiestas de fin de año me fastidiaron bastante, los motivos los dejo para tratar en terapia. Lo cierto es que son eventos donde el compartir con la familia y los amigos se empaña por los excesos tanto de comidas como de alcohol y fiestas descontroladas en las que la parca danza.

Cuando era niño, las fiestas eran la expectativa por el regalo en el arbolito y los petardos. De adolescente, por la reunión en la plaza del barrio después de las doce con los chicos y las chicas; en esos encuentros siempre se filtraba alguna botella de sidra.

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Ya de joven se pensaba más en la fiesta a la que se iba a ir, que seguramente era canilla libre. Los borrachos y borrachas sobraban y eran escenas muy lúgubres.

Ya de grande y con hijos chicos, las fiestas pasan por compartirlas en familia y llenar las expectativas de los niños.

Pero con los hijos adolescentes y jóvenes, los padres tenemos un temor latente por lo que pueda pasarles. El dilema si prestar o no el auto, el cómo evitar que no consuma alcohol y sea responsable, porque a veces lo mucho o lo poco que se le brinda de educación y límites en el hogar no alcanza para que el sujeto no se mimetice con el grupo.

Día a día vemos cómo los controles de alcoholemia y las multas carísimas no bastan para poner un freno al consumo desmedido y al manejo irresponsable.

Tampoco es racional pedirles a los inspectores y policías que controlen a cada una de las personas que salen para las fiestas porque es la imposibilidad misma.

Ante el descontrol que generan las fiestas lo que único que nos queda esperar es que la parca esté distraída en su danza loca, así no se lleva a muchos de un solo chasquido.

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