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La Mañana Columna de Opinión

El tren y el Pacífico

A lo largo de la historias, las autoridades neuquinas pidieron que se reflotara el proyecto del tren del Pacífico.

Había una gran expectativa y ansiedad en las poblaciones ubicadas al oeste de la capital de Neuquén. Era el sábado 3 de enero de 1914 y a la estación ferroviaria estaba por llegar el primer tren de la empresa “Ferrocarril del Sud”, proveniente de la Capital Federal, en que viajaban autoridades locales, de la Nación y de la compañía ferroviaria, con el objetivo de inaugurar las estaciones de Plottier, Senillosa, Challacó, Plaza Huincul y Zapala.

La estrategia de expandir el tren por el territorio patagónico había comenzado en 1896, cuando la empresa británica comenzó, a pedido del gobierno nacional, la construcción de un ramal desde Bahía Blanca hasta la confluencia de los ríos Neuquén y Limay. Fue un hecho significativo para el futuro desarrollo de los pueblos que habían comenzado a nacer a principios del siglo pasado y que inclusive se había proyectado para seguir hasta Chile con el tan promocionado “Ferrocarril del Pacífico”.

En 1908 el presidente José Figueroa Alcorta dio el visto bueno para que aquella expansión ferroviaria terminara en territorio chileno. Pero por distintas cuestiones el proyecto nunca prosperó.

Pasaron 108 años de aquella llegada histórica del tren y queda a modo de recuerdo una pintoresca anécdota para ilustrar el entusiasmo que había entre los neuquinos con la posibilidad de aquel servicio cruzando la cordillera. En 1916 un grupo de trabajadores ferroviarios y del correo decidieron fundar un club social y deportivo. Eligieron los colores amarillo (del servicio postal) y el negro (del ferrocarril) para que los identificara. El nombre fue una suerte de homenaje y esperanza de aquel gran proyecto. Así nació el Club Pacífico.