El último intento fallido

Aunque no hay pruebas, se sospecha que Chos Malal realizó un último boicot para que la capital no se mudara.

La capital de Neuquén ya estaba funcionando en la Confluencia y daba sus primeros pasos políticos y administrativos. Todo parecía que estaba en orden, salvo por un detalle: todavía no habían trasladado a los presos desde la ciudad de Chos Malal, un trámite que a primera vista parecía sencillo, pero que, sin embargo, terminaría siendo mucho más complicado y tortuoso para quienes estaban privados de su libertad por haber cometido un delito.

Las crónicas de la época cuentan que el juez Patricio Pardo envió notas al gobernador Bouquet Roldán pidiéndole los elementos necesarios para poder concretar aquel traslado, el único trámite que había quedado pendiente. Sin embargo, nunca obtuvo respuestas por parte del mandatario.

Faltaban recursos, se necesitaban carros para el traslado de aquellas personas, pero ni siquiera aparecía la posibilidad de alquilar el servicio, puesto que los propietarios de aquellos vehículos se negaban a hacerlo. Tampoco los comerciantes querían vender los víveres que se consumirían durante todo el viaje. ¿Un último intento de boicot de Chos Malal o pura burocracia?

El 4 de octubre de 1904 se tomó finalmente la decisión y la caravana partió con la precaria logística que tenían las autoridades locales.

Dicen que fue un viaje penoso que duró dos semanas. Que la gran mayoría de los presos tuvo que venir caminando y que algunos (los más peligrosos) lo hicieron con grilletes en sus tobillos.

La caravana llegó un 17 de octubre al pueblito y para peor, como la nueva cárcel aún no estaba lista, los presos fueron alojados en un galpón donde vivieron hacinados varios días y sufrieron tratos inhumanos.

Fue una parte de la historia poco conocida. No todo fue alegría y felicidad en aquel caserío.

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