El VAR le gana a la pasión

El primer domingo de Superliga llenó las redes de memes por la mano de Pablo Pérez en el área que, para muchos, fue un clarísimo penal no sancionado a favor de Talleres y en contra de Boca. El primer título de la temporada española lo ganó el Barcelona (cuando no), pero la noticia de la noche fue el debut del VAR en las competiciones de la liga de ese país, que tras la fiebre mundialista que vivió el uso de la tecnología decidió sumarlo. Y tardó apenas 8 minutos en ser protagonista y mostrar su lado virtuoso: el de la justicia. Encima, el de la justicia para el lado del más débil, lo que muchos apuntaron no se dio en La Bombonera.

El VAR tardó apenas ocho minutos en ser protagonista y mostrar su lado más virtuoso: el de la justicia.

El tempranero gol del Sevilla fue anulado por el árbitro a instancias del línea, pero el VAR demostró que Sarabia estaba habilitado y, tras el festejo interrumpido por un rato (un feo momento, es verdad), hubo celebración y a sacar del medio. Para algunos, esos instantes, a veces eternos, en los que no se sabe si van a dar el gol (o un penal), enfrían una parte fundamental de la pasión futbolera. Y se oponen al VAR. Para algunos, la justicia es un detalle menor, que nunca puede estar por encima del entusiasmo y del momento de mayor éxtasis, dispuestos a seguir soportando los groseros errores humanos de los árbitros (y de los líneas, muchas veces actores determinantes de un resultado) como un mal menor para que los goles se puedan gritar como D10S manda. Barcelona lo dio vuelta y ganó la Supercopa, pero ese título no estuvo manchado por un gol mal anulado. Eso fue gracias al VAR. Que todavía tiene que resolver muchos detalles de su uso, pero que llegó para quedarse y darle algo más de justicia al deporte más hermoso del mundo. Que lo seguirá siendo, aunque haya suspenso en algunos festejos.

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