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Ellos, los malvineros

En Neuquén el Centro de Veteranos se constituyó formalmente en 1997, en una asamblea en Cutral Co. Su primer presidente fue Jorge Lara.

Es así que, a poco de andar y ante la falta de escucha, cayeron en la cuenta de que necesitaban juntarse para no estar tan solos; para abrazarse cada 2 de abril -cuando todavía no era feriado- y recordar que estaban vivos. Reconocerse y así exorcizar demonios y curar las heridas del alma. Muchos se encontraban por primera vez el día que, tímidamente, las autoridades locales les entregaban alguna distinción. “-Che, así que vos también sos veterano? y contame, ¿dónde estuviste?” se dijeron cuando aún no peinaban tantas canas. Aquellos eran los años del olvido.

Poco tiempo después armaron redes distintas a las de otros veteranos de otras guerras mundiales que se juntaban por regimiento o barco. Aquí en Neuquén mayormente eligieron congregarse a nivel provincial, o localmente, más allá del rol desempeñado, o la fuerza a la que habían pertenecido. Mucho menos importaba si se trataba de “nacidos y criados” o “importados” de otras provincias: todos elegían este suelo después del infierno para pasar el resto de sus vidas. La causa estaba por encima de las diferencias. Las carpas de Olascoaga y Sarmiento servían para visibilizar una gesta que debía despegarse de la dictadura, y para que los que iban llegando, como un faro, se acercaran a un “puerto seguro”. El papel del Doctor Guillermo Labate, “a veces capitán pero siempre marinero”, fue fundamental en la cohesión y contención del grupo.

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En Neuquén el Centro de Veteranos se constituyó formalmente en 1997, en una asamblea en Cutral Co. Su primer presidente fue el VGM Jorge Lara. Antes había existido una agrupación llamada “2 de abril” que no duró en el tiempo.

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Pasaron los años. Hubo una primera pensión para conscriptos y un padrón creado en la oficina de Personería jurídica hasta que, en 2006, la Provincia estableció por ley una pensión para todos los excombatientes y un Registro Único de Veteranos de Guerra.

Siguiendo el mismo criterio con el que se conformaron las agrupaciones, este es un registro neuquino de veteranos de guerra; que no es lo mismo que un registro de veteranos de guerra neuquinos. De hecho, al día de hoy, y según estimaciones extraoficiales, sólo el 40 por ciento de los veteranos neuquinos sería estrictamente nacido en la provincia. Al año 2018 se contabilizaban 152 veteranos entre los que estaban vivos, habían caído en combate o habían fallecido en los últimos años. Al final, vivos o caídos; nacidos o no aquí, todos cumplen con los requisitos estipulados por la ley nacional y la provincial 2532.

El cruce de la información del Registro local y el Padrón nacional arroja que la presencia de las Fuerzas Armadas en Neuquén se repartió de la siguiente manera: 47% de los veteranos inscriptos aquí estuvieron en las filas del Ejército; 31,8% en la Armada; 17,2% en la Fuerza Aérea; 2,6% en Gendarmería y 1,3% en la Prefectura.

En cuanto al rol desempeñado por ellos durante el combate la mayoría fue -independientemente de la fuerza- Suboficial (57,6%); seguidos por Conscriptos (34,4%). Oficiales y Personal Civil aportan cada uno el 4 por ciento. Dicho rol no es menor ya que determinó el momento en el que se accedió a la pensión nacional (no fue el mismo año para todos), y la mirada más o menos crítica sobre lo acontecido.

¿Y dónde viven? El grueso en Neuquén capital (45%); Zapala (15%); San Martín de los Andes (6%); Centenario y Junín de los Andes (5%). En el otro extremo de la escala Aluminé; Andacollo; El Cholar; Mariano Moreno entre otras representan cada una el 1% del registro neuquino.

Vivimos un tiempo en que las pequeñas verdades y las relaciones humanas son ignoradas cada vez que se construye el gran relato heroico de lo sucedido. Los malvineros no son otros, son ellos, los que diariamente caminan entre nosotros continuando con una causa que hacen propia pero que también el destino les impuso salvajemente. Merecen ser escuchados. Ellos, todos, dieron algo. Conozcamos a quienes lo dieron todo:

Jorge Néstor Águila fue un conscripto neuquino clase 1962 que formó parte de la operación que el 3 de abril de 1982 ocupó la Isla de San Pedro (también conocida como Georgia del Sur). Falleció cuando su helicóptero fue derribado en Grytviken (una estación ballenera sobre la costa este de dicha Isla). A pesar del éxito de la operación, aquel día hubo que lamentar tres bajas, entre las que se encontraba "Moncho” Águila. Sus restos descansan en su pueblo natal, Paso Aguerre, a 63 kilómetros de Picún Leufú. Es uno de los pocos soldados enterrados en su provincia. Su pueblo y su tierra lo recuerdan perpetuamente. Su memoria fue honrada por el poeta neuquino Marcelo Berbel.

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"Moncho" Águila fue el primer neuquino que falleció en las Malvinas, el 3 de abril de 1982, cuando su helicóptero fue derribado en Grytviken.

Tulio Esteban Lacroix nació en Neuquén el 1 de junio de 1960. Hijo de Ildaura Beatriz Lacroix, creció en Barrio Nuevo. Cursó sus estudios primarios en la Escuela 61 Nicolás Avellaneda. Hasta incorporarse a la Armada Argentina cursó sus estudios secundarios en las escuelas nacionales de Educación Técnica Nº 1 y Nº 2. Tiempo después de ingresar a la Armada logró concretar un viejo anhelo: hacer el curso de Buzo Táctico. Al momento de la guerra estaba apostado en la Base Naval de Mar del Plata, desde donde se incorporó a la tripulación del Crucero General Belgrano. Falleció en la tarde del 2 de mayo de 1982, en el ataque realizado por el submarino inglés Conqueror. Una sola tarde se cobró la vida de la mitad de los caídos de toda la guerra.

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Lacroix tenía 21 años cuando murió en el hundimiento del crucero Belgrano tras el ataque realizado por el submarino inglés Conqueror.

Lacroix tenía 21 años cuando murió en el hundimiento del crucero Belgrano tras el ataque realizado por el submarino inglés Conqueror.

En el Crucero Belgrano también navegaba Mario Enrique Flores, "el neuquino que nunca tomó agua del Limay". Flores había nacido en 1948 en Villa Tulumba, provincia de Córdoba. Tenía 9 hermanos. Allí fue donde se crió y cursó sus estudios primarios hasta incorporarse en la Armada Argentina para formarse en la especialidad de "Control tiro". Posteriormente, un 2 de mayo pero de 1975 se casó con una neuquina con quien tuvo sólo un hijo poco tiempo antes de la gesta de Malvinas. Su familia desde hace ya muchos años vive en Neuquén y conforma la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas local.

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Mario Enrique Flores también era uno de los tripulantes del Crucero Belgrano.

Mario Enrique Flores también era uno de los tripulantes del Crucero Belgrano.

El Teniente de corbeta Daniel Enrique Miguel había nacido el 19 de noviembre de 1957 en Punta Alta, provincia de Buenos Aires. En 1982 era aviador naval y con 24 años ya formaba parte de la Primera Escuadrilla Aeronaval de Caza y Ataque (EA41). Su avión, un Aermacchi 339 4A-114, fue derribado el 28 de mayo de 1982 mientras defendía a un grupo de soldados argentinos que resistían el intenso ataque británico en Darwin y Pradera del Ganso. El 8 de diciembre de 2017, gracias al intenso trabajo del Comité Internacional de la Cruz Roja, del Equipo Argentino de Antropología Forense y la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación su hermano y su padre -residentes en Plottier- finalmente se enteraron que Daniel se encontraba enterrado en el cementerio de Darwin. Habían pasado 35 años sin conocer donde yacía el piloto. Su madre murió esperando que volviera porque, en su momento, se lo dio como desaparecido, sin una confirmación de lo que pasó. Hace unos años, se impuso el nombre de Daniel Miguel a una de las aulas de la Escuela Secundaria 1 de Punta Alta.

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En diciembre de 2017, el padre y hermano de Daniel Miguel, quienes viven en Plottier, se enteraron que se encontraba enterrado en el cementerio de Darwin.

En diciembre de 2017, el padre y hermano de Daniel Miguel, quienes viven en Plottier, se enteraron que se encontraba enterrado en el cementerio de Darwin.

Eduardo Jorge Raúl de Ibáñez "El porteño que nació en Las Lajas" un 7 de abril de 1957. A los pocos meses de vida la familia de Ibáñez dejó Neuquén volviendo a Ciudad Evita, partido de La Matanza, provincia de Buenos Aires. Allí Eduardo cursó la primaria en la Escuela Etchegaray para luego ingresar al Liceo Militar General San Martín de Villa Ballester, y posteriormente recibirse de aviador en la Escuela de Aviación Militar en Córdoba.

En 1982 de Ibáñez piloteaba un avión Canberra MK62 que formaba parte de un escuadrón que operaba desde la Base Aérea Militar Trelew. El día de bautismo de fuego de la Fuerza Aérea (1 de mayo) su nave fue alcanzada por un misil británico mientras volaba hacia Bahía Anunciación junto a otros dos aviones que pudieron eludir el ataque.

Tras el impacto el piloto Teniente Eduardo de Ibáñez y su acompañante y navegador, el Primer Teniente Mario Hipólito González, lograron eyectarse pero, pese a las maniobras de rescate que se realizaron en alta mar, nunca los pudieron encontrar. En Ciudad Evita evocan su memoria cada 2 de abril.

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De Ibáñez nació en Las Lajas En 1982 piloteaba un avión Canberra MK62 que formaba parte de un escuadrón que operaba desde la Base Aérea Militar Trelew.

De Ibáñez nació en Las Lajas En 1982 piloteaba un avión Canberra MK62 que formaba parte de un escuadrón que operaba desde la Base Aérea Militar Trelew.

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