"En mi casa se hablaba de mi abuelo como si fuera un líder"

Martha Talero. Es la única nieta del escritor Eduardo Talero. Lucha por restaurar la torre en la chacra La Zagala, que conoció de chica, y hacerla un museo.

Se crió en Buenos Aires, en un clima literario, donde de chica conoció al dramaturgo argentino Ricardo Rojas.

Las paredes de su casa estaban plagadas de retratos de su abuelo, de quien se propone reconstruir su historia.

Mariel Retegui
reteguim@lmneuquen.com.ar

Neuquén.- Martha no pudo ni remotamente conocer a su abuelo porque murió un par de décadas antes que ella naciera. Pero habla de él con una devoción tal como si se hubiese criado a su lado durante toda la vida. Es la nieta de Eduardo Talero, uno de los políticos y literatos más importantes de la fundación de la capital neuquina.

La primera imagen que se le viene a la cabeza es aquel día en que conoció Neuquén y esa casa familiar donde su abuelo había forjado su porvenir. Es que el tío de Talero, presidente y dictador de Colombia en su momento, Rafael Núñez, lo mandó al exilio argentino.

En 1945, con apenas tres años, Martha se vino a conocer la torre. Recuerda que llegaron en tren, de noche, así que no alcanzó a ver nada. "Cuando me desperté por la mañana y pude ver por la ventana, me di cuenta que estaba en el paraíso terrenal. Esa es la primera imagen que tengo, que llevo en el corazón y que hace que ame tanto esa tierra y esa torre", evoca Martha, hoy a sus 74 años.

No ve la hora de dedicarse de lleno a su viejo y anhelado proyecto de restauración de la torre para rescatar el legado de la historia familiar que no es otra que una parte de la historia neuquina.
"Desde que nací, en mi casa se lo veneraba a mi abuelo como a un líder, como a una figura destacada. Yo vivía en Buenos Aires en un departamento muy grande. Todas las paredes estaban plagadas de sus retratos, de sus homenajes, de fotos de diarios. Todo eso lo tengo guardado para exponerlo en un museo Eduardo Talero", evoca Martha en comunicación desde su casa en Buenos Aires.

Es el mismo material histórico que ella usó para la muestra que hizo en homenaje a su abuelo que tuvo lugar en el 2009 en el Senado de la Nación.

Martha, única nieta de Talero, se crió en Buenos Aires en medio de las conversaciones entre grandes literatos del siglo pasado, como Ricardo Rojas. Talero había sido representante cónsul general del Ecuador en Buenos Aires, a pesar de su origen colombiano, y había cultivado una cercana amistad con Rubén Darío y Rojas.

Dice que como escritor tenía una manera de narrar algo recargada, como se estilaba en esa época. Lo define como una persona destacada de las letras en Argentina y como periodista latinoamericano.
El año pasado fue por segunda vez a Colombia. La recibió el rector de la Universidad del Externado, en Bogotá. En su despacho había un gran cuadro, tenía una foto central del fundador de esa casa de altos estudios y a su alrededor, la de los alumnos destacados. Entre ellas vio emocionada la de su abuelo Eduardo y de su tío abuelo Antonio Talero. "Ellos están interesados en conocer la figura de Talero en Colombia y yo en que la conozcan", comenta con mucho orgullo.

Desde que nací, se veneraba en mi casa a mi abuelo como una figura destacada. Aún añoro las largas vacaciones de verano en su casa de Neuquén".

Al que sí conocen es al padre de su abuela Ruth, el arquitecto inglés Thomas Reed, quien diseñó el Congreso en Colombia y la Casa de la Moneda, entre otros.

Su abuela Ruth le comentaba que siempre estaban al extremo en cuestiones de dinero y sus infructuosos intentos de sembrar viñedos para hacer vino, o del cultivo de alfalfa. "La verdad es que tenía mucha mano para la pluma y la política y poca para la agricultura", se resigna la nieta.
Luego se enfermó, dejó la chacra a un par de peones que lo estafaron. Y la hipoteca los despojó de las 300 hectáreas, de las que apenas le quedaron unas 10 donde estaba el casco de la casona, hoy en las calles Bejarano y Lanín.

Aún tiene la añoranza por todos los años en los que pasaba esas largas vacaciones de verano en la casa de su abuelo. Con pena la tuvo que vender tras la muerte de su abuela y luego de una larga batalla, la rescató de un intruso al que le tuvo que pagar con la poda de los árboles de la propia chacra La Zagala. Posteriormente, en 1998 la adquirió la Municipalidad y desde entonces se vino abajo.
"Es una pena tremenda. Si se pudiera restaurar", suspira. Dice que tiene todo planeado en su cabeza pero siente que está siempre esperando. La casa tiene una superficie de unos 300 metros cuadrados y según los cálculos, no se requeriría mucho para hacerlo. Quiere transformarla en un espacio cultural que se pueda autofinanciar como otros museos del mundo.

"Para mí, Neuquén es lo más grande que hay, lucho por Neuquén y trabajo en la Casa de Neuquén, por la cultura y el deseo fervientemente hace diez años que se restaure esa casa y se pueda poner allí la Casa de la Cultura. Hay cosas que tengo de mis abuelos y quiero dejarlo como patrimonio de la provincia", anhela Martha, en la que espera sea la última batalla.

Concejales piden por los trabajos

La Torre Talero está ubicada en Bejarano 749 y hoy es motivo de conflictos entre todos los partidos políticos. En la semana, concejales del MPN recorrieron en lugar junto a profesionales y exigieron al Municipio que reanude los trabajos. La estructura presenta peligro de derrumbe y hasta la UNCo ha hecho una auditoría de lo que se necesita para las obras.

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