En San Antonio Oeste nadan en el mar en pleno invierno

Llegaron, se quitaron la ropa hasta quedar en malla y se metieron a nadar al mar. Ocurrió en la localidad rionegrina de San Antonio Oeste.

Hasta ahí una típica imagen veraniega que no debería sorprender en un lugar turístico como San Antonio Oeste, un destino que, junto a Las Grutas, adquirió fama por ostentar entre otros atractivos la tibieza de sus aguas, que pueden alcanzar los 24 grados en los meses veraniegos.

Sin embargo, la movida asombra y mucho, porque todo sucede una tarde de comienzos de agosto, en pleno invierno, cuando la temperatura en la intemperie no supera los 12 grados, el agua ronda entre 8 y 9, y todo el mundo anda abrigado hasta las orejas.

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No están locos, como creen muchos ante la primera impresión.

Son intrépidos que logran dominar el frío con una técnica de concentración basada en ejercicios de respiración que desarrolló Wim Hof, un particular atleta holandés apodado “The Iceman” (el hombre de hielo), conocido por su capacidad para soportar bajas temperaturas y poseedor de varios récords mundiales que figuran en el Guinness.

Supuestamente, la práctica produce beneficios para la salud.

Aquí la comenzaron a realizar este año un –hasta el momento- un reducido grupo de vecinos de distintas edades, que eligieron como escenario el balneario Punta Verde, uno de los más populares de la ría que se expande al norte de la ciudad portuaria.

Ya la repitieron una media docena de veces, y generó el interés de curiosos y de interesados que lo quieren intentar, por lo que están elaborando un protocolo para presentar al municipio.

SAO nadan en el mar en invierno

El ideólogo es Matías Mesa, un guardavida y deportista extremo oriundo de Viedma que al finalizar última temporada quedó varado por la pandemia, y no pudo viajar a España, donde todos los veranos trabaja de rescatista en una playa.

Mesa, que ha protagonizado otros desafíos deportivos extraordinarios como competir en el canal de Beagle y otras pruebas de resistencia internacionales, tentó a su amigo Alejandro Galván y al resto de la familia a probar la experiencia de introducirse en el mar inclemente.

Les explicó el ritmo de la respiración para llegar a un estado de concentración donde el frío se ignora, las precauciones que se deben tomar y la condición física, entre otros puntos clave para la seguridad de los participantes.

También buscaron información en internet y miraron videos y tutoriales en Youtube de Hof para empaparse más en el tema.

Cuando estuvieron listos fueron al agua: Alejandro, su hija Sofía, Matías Suarez, su yerno y por último se sumó Juan Castro, el nieto de ocho años, que está haciendo las primeras pruebas. Patricia Geoffroy, esposa de Alejandro, madre y abuela, los asiste.

Al principio se introdujeron poco a poco, hasta que se sumergieron por completo. Ahora ya pueden nadar un tramo considerable, pues van mejorando la tolerancia a las bajas temperaturas y permanecer un tiempo prolongado, como el holandés.

De todos modos, calculan el tiempo de inmersión. Siete minutos estuvieron el jueves pasado, cuando los acompañó este medio. Fue una tarde soleada, pero igual muy fresca.

Salen con la piel rojiza, pero tras secarse pueden quedar con malla sola, mientras charlan sobre la experiencia, tomando un té o café que les alcanza Patricia.

Aseguran que ya no sienten el frío exterior, y lo dicen como si estuvieran en un día de verano.

SAO nadan en el mar en invierno

Beneficios del método Wim Hof

La técnica de Wim Hof se convirtió en un método que se practica en distintos lugares del mundo. Aseguran que su misión es ayudar “a ser feliz, fuerte y sano”, y resaltan que produce grandes beneficios para la salud.

Mencionan dos de proezas trascendentes del holandés: permanecer 1 hora y 52 minutos con su cuerpo sumergido en hielo, con la excepción de la cabeza, y correr 50 kilómetros en el desierto del Sahara sin agua o comida.

El sitio agrega que su caso “fue utilizado como objeto de varios estudios de la medicina, donde comprobaron científicamente su resistencia e inmunidad sobrehumana”.

Hof atribuyó toda su resistencia al frío, al calor, su inmunidad a las enfermedades físicas y psicológicas a las técnicas que componen su método, que involucran respiración, meditación y exposición al frío.

El mismo deportista asevera que “cualquier persona es capaz de aprender sus técnicas y desarrollar la misma resistencia e inmunidad que posee”.

Entre sus beneficios enumeran: aumento de energía, mejor dormir, foco y determinación aumentados, mayor rendimiento deportivo, mayor fuerza de voluntad, niveles de estrés reducidos, tolerancia al frío, recuperación más rápida, creatividad mejorada y sistema inmunológico más fuerte.

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