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Enrique Plantey, el atleta paralímpico que rompe el tabú del sexo y la discapacidad junto a su novia

El neuquino, que desde los 12 años está en silla de ruedas, escribe con su novia el libro "Sexistimos" que explora el sexo en personas con discapacidad motriz.

Después del accidente que lo dejó en una silla de ruedas, un médico se sentó frente a él y le dijo, a modo de diagnóstico, que su sexualidad iba ser limitada por no tener sensibilidad. Entendió poco. Tenía 12 años, todavía era virgen, y si bien eso no lo traumó, dice que le faltaron las herramientas para comenzar la adolescencia y descubrir su sexualidad. “No es que fuera mentira lo que me dijo el médico, que de hecho es un amigo, sino que era lo que se sabía entonces. Me hubiera encantado que en ese momento hubiera existido un libro como el que ahora estamos escribiendo con Triana”, dice Enrique Plantey, el destacado atleta paralímpico neuquino, desde su casa en Buenos Aires, donde vive y pasa la cuarentena, en pleno reencuentro con su novia: Triana es enfermera y estuvo internada por Covid-19.

Están juntos desde hace 8 años, con un pequeño impasse de dos años en los que ella, que es española, se fue a Europa. A principios de años volvió y los agarró la pandemia. Así que todos los otros planes quedaron en suspenso y apareció la oportunidad de ponerse a escribir un libro que planificaban hacía mucho: “Sexistimos”, un juego de palabras entre sexo y existimos, porque de lo que se trata es de hablar de algo que es un tabú.

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-¿Cuándo empezaste a pensar en este libro?

-Yo lo fui madurando porque ya estoy más grande y vas mirando la vida desde otro lado también. Y además por estar con personas discapacitadas y darme cuenta de esto. Te voy a contar una historia que le conté a Triana: cuando estamos en una carrera –Enrique compite en esquí- preparándonos para largar y cambiándonos, que estamos capaz que 200 personas en un lugar, cada uno está en lo suyo, pero cuando alguien dice algo relacionado con lo sexual, cualquier cosa, lo que fuera, todos se daban vuelta y prestaban atención. Fueran de China, de Australia, de Italia o Estados Unidos. Entonces yo pensaba: bueno, hay algo de lo que nos falta hablar.

-¿Cómo es la sexualidad para alguien que está en silla de ruedas?

-Yo puedo hablar por mí, pero creo que es como la cualquier persona en el sentido de que las posibilidades son un montón y se trata de explorar y descubrir, de conocerse, de buscar el placer. Y eso es central, porque es lo que no aprendimos y no nos enseñaron. Al menos a mí. Crecimos creyendo que la sexualidad solo tenía que ver con la genitalidad.

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-¿Cómo fue transitar la pubertad y descubrir tu sexualidad?

-Cuando arranca mi vida sexual, arrancó como la de un pibe más, como todo en mi vida. Con charlas con mis amigos, con curiosidades y preguntas. Arrancó con películas porno y con la masturbación, y mi pregunta era cómo iba a ser para mí eso, porque yo no tengo sensibilidad, entonces pensar en cómo iba a lograr una erección o cómo iba a tener un orgasmo. Fue conocerme y mis primeras relaciones sexuales fueron como las de todos, sin saber nada. Y era algo muy mental. Lo que buscaba era dar placer y pensaba poco en mí. Tuve muchas relaciones sexuales y siempre fueron buenas, pero me pasaba eso de que me preocupaba más por dar que por mi placer.

-¿Cuándo empezaste a descubrir que la sexualidad podía ser mejor y que había muchas posibilidades?

-Tuve noviazgos largos y estables y la sexualidad fue una búsqueda. Y con Triana, que hace 8 años que estamos, y además porque estoy más grandes, fuimos descubriéndonos y disfrutando de explorarnos y conocernos. Primero arrancamos de manera intuitiva, buscando atmósferas y momentos. Después empezamos a sumar juguetes. Hubo un descubrimiento cuando mi socio, Mariano, empezó a traer al país un vibrador que es para las mujeres pero que a los hombres con silla de ruedas los ayuda a eyacular. Aunque hay muchas personas en silla que no pueden llegar a acabar. Porque en nosotros no te provoca nada acabar, son otras sensaciones zarpadas las que podés tener teniendo sexo y lo que podés tener son “paraorgasmos”.

Enrique recién le pudo poner nombre cuando escuchó hablar a la ginecóloga y sexóloga Bárbara García, en un vivo de Instagram. Entonces, con Triana decidieron contactarla para contarle que querían hacer un libro. Así empezó a tomar forma el proyecto que ya está en marcha y que, además de incluir su experiencia con Triana, va a tener una mirada profesional y va a recoger experiencias de otras personas y parejas de diferente edad y género con distinto tipos de discapacidades motrices. La única variable que cruza a todas es que son discapacidades que hacen que las personas estén en silla de ruedas.

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-¿Y qué descubrieron en la búsqueda?

-Bárbara mostraba qué pasa en el cerebro en el momento del orgasmo y cómo cuando hay placer van pasando diferentes cosas. La calentura, el orgasmo, el placer empiezan en la cabeza y terminan donde vos querés, no necesariamente en los genitales. Eso es clave para abrirse justamente a sentir y no creer que por estar en silla de ruedas o por no tener sensibilidad en los genitales, no vas a poder. Ahora empezamos unas clases de sexo tántrico por Zoom, que nos enseñan a relacionarnos desde otro lugar. Desaprender de todo lo que habíamos aprendido en cuanto a la sexualidad. A preparar un lugar y el momento, planearlo, prepararse, generar una atmósfera. Vamos por cuatro sesiones y es el curso de iniciación para parejas.

-¿Qué otros descubrimientos tuvieron en esta búsqueda?

-Hace un tiempo nos hicieron llegar una silla, por ejemplo, que es para tener relaciones sexuales en distintas posiciones cuando estás en silla de ruedas. Está re buena. Hay mucho para descubrir. Como también los juguetes sexuales, que hay un montón. Hay que explorar y explorarse. Ese es el mensaje, y cada uno tiene que buscar. Porque lo que erotiza o calienta a alguien es personal.

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-¿Qué respuestas tuviste desde que empezaste a hablar de esto?

-No sabés la cantidad de mensajes que me llegan de personas agradeciéndome y consultándome. Ahí me doy cuenta de que hay muchas personas que necesitan y quieren este libro. Muchas personas tienen experiencias negativas, no saben cómo manejar su cuerpo y tienen muchos tabúes. Está buenísimo poder hablar de esto. Y que le llegue a un pibe que vive en Salta o a uno que vive en Santa Cruz. Son silencios callados por años y años. Y lo peor que podemos hacer es seguir perpetuando el silencio.

-Y no solo para las personas que tienen una discapacidad: los tabúes son sociales y quienes no la tienen se preguntan cómo podrá ser su sexualidad con una persona en silla de ruedas. ¿Cómo fue para Triana?

-Bueno, eso que vos decís debe pasar, pero Triana siempre cuenta que a ella no le pasó y que lo vivió de manera muy natural e inconsciente. Pero después le llamó la atención cómo la gente tenía dudas y le preguntaba cómo era, si yo podía o no. Ojalá el libro le sirva a todos los que tienen dudas y preguntas. Como te dije, para mí hubiera sido genial tenerlo cuando me quedé en silla de ruedas a los 12 años.

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“Nunca me sentí limitado por estar en una silla de ruedas”

El 24 de febrero de 199,5 Enrique viajaba con su familia por la Ruta 22 desde Neuquén hacia Loncopué, donde vivían. Se detuvieron a un costado del camino, a la altura de Senillosa, para saludar a unos amigos. Mientras charlaban ahí parados, una camioneta que pasaba perdió el control porque se le levantó el capó y los atropelló. Uno de sus hermanos, Nicolás, y su papá, Beto, murieron. Enrique sobrevivió, pero una lesión en la médula lo dejó parapléjico. “Imaginate que en ese panorama que yo estuviera en silla de ruedas fue un detalle: había sobrevivido y eso era una buena noticia. Y así lo vivimos. Yo digo que mi familia nunca me vio en silla de ruedas, nunca me miraron así”, dice.

La primera etapa de recuperación fue la más dura, pero volvió a la escuela y siguió con su vida. Tiempo después pudo viajar a Cuba cuatro meses con su mamá para una rehabilitación y todo su panorama cambió: le enseñaron la importancia de la alimentación y el entrenamiento. “Fue un click en mi cabeza, porque yo había ganado peso en ese tiempo y volví muy consciente y no paré. Me mostraron otro mundo”.

El entrenamiento primero era un pasatiempo y a la vez una forma de llegar bien el sábado a la noche para el boliche. “Las mujeres fueron también parte del impulso de entrenar y verme bien, sobre todo en esa etapa adolescente”, asegura. Y dice que, gracias a su familia y amigos, no vivió nunca pensando en que tenía límites por estar en una silla de ruedas: “Lo del sexo, como todo, es algo que se crea en la sociedad. Para mí nunca fue un problema”.

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