Escudo contra el coronavirus

El barbijo representa un ícono de la pandemia y también es uno de los símbolos de la solidaridad.

Llevarlo es obligatorio, es fundamental para cuidar nuestra salud y la de quienes nos rodean, incluso se aplican multas para quien no se cubra la nariz y la boca con una mascarilla, ya sea de diseño casero, estampada, con imágenes rockeras o intervenida con los colores de un equipo de fútbol. Esa obligación de llevar tapabocas cuando salgo a la calle me suena lo más parecido al “llevá documentos”, aquella advertencia materna que escuchaba en mi juventud cuando me disponía a salir.

En estos tiempos de confinamiento, de aislamiento social, sin abrazos, sin besos, sin saludos, donde la sensibilidad está a flor de piel, he sido testigo de las más diversas reacciones contra quienes no llevan ese escudo contra el coronavirus. Confieso que yo también he caído en esa reacción, buscando distancia o alejándome de manera abrupta al cruzarme con personas que no utilizan barbijo. La era de los barbijos nos está enseñando bastantes cosas.

Te puede interesar...

Esta indumentaria, hoy convertida en universal, tiene su origen en 1897 cuando el cirujano austrohúngaro Jan Mikulicz uso por primera vez en su quirófano máscaras de gasas y telas como forma de disminuir las infecciones quirúrgicas.

El barbijo se convirtió en el símbolo de una gran red solidaria en medio de la pandemia. Se desplegó con el objetivo de cuidar a los profesionales de la salud en la lucha contra el virus. Desde monjas de una congregación, pasando por una poeta y hasta obreras textiles de una cooperativa, todos se pusieron a confeccionar cientos y miles de mascarillas. Dentro de un tiempo, esperemos que lo más pronto posible, recordaremos estos días en que el mundo se dividía en personas con barbijo y sin barbijo.

Lo más leído

Leé más

¿Qué te pareció esta noticia?

0% Me interesa
76.923076923077% Me gusta
0% Me da igual
23.076923076923% Me aburre
0% Me indigna

Noticias relacionadas

Dejá tu comentario