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La Mañana

ESI habilita la palabra

En una clase de ESI, la docente brindó un espacio de confianza a una alumna que había sido abusada.

La alumna escuchaba con atención hablar a su maestra del cuidado del cuerpo y de la intimidad durante la clase de Educación Sexual Integral (ESI). Cuando la docente de la Escuela 38 de la localidad rionegrina de Stefenelli les pidió a los alumnos que escribieran, en forma anónima, en un papel sus dudas e inquietudes y lo metieran en un buzón, esa alumna sintió que era el momento de contar todo lo que venía ocultando desde hacía unos meses: un maestro de cuarto grado la había tocado varias veces. Y aún más: no había sido la única víctima de esos abusos por parte de ese docente. Ocho compañeras también abrieron su silencio y contaron también los abusos sufridos. La escuela y las familias de las víctimas hicieron la denuncia penal y el docente fue separado de su cargo.

La situación que se dio a conocer esta semana refleja la importancia de la aplicación de la Educación Sexual Integral y, sobre todo, cuando la escuela -en este caso la docente que brindó un espacio de confianza a las alumnas-, es la que habilita la palabra, la escucha.

Este caso rescata el lugar clave que tiene la educación, el espacio escolar y la tarea docente. Contrarresta a lo que enarbolan algunos sectores de la sociedad que apuntan sus críticas y objeciones en negar la enseñanza de ESI porque eso conlleva enseñar una ideología de género. La educación sexual también abrió una grieta.

Una pedagoga social señalaba que cuando decimos ESI, las siglas invisibilizan. Porque al hablar de educación sexual integral nos estamos refiriendo a un abordaje de la sexualidad y de la salud en toda su dimensión. Eso, agregaba la especialista, es lo que le permite a las niñas y niños pedir auxilio, buscar ayuda.