España: ponen en duda tratamiento post-infarto

Evalúan si es necesario sostener los betabloqueantes y sus efectos adversos

España. El Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) y la Sociedad Española de Cardiología (SEC), con el apoyo del Centro de Investigación Biomédica en Red de Enfermedades Cardiovaculares, presentó un ensayo clínico en el que evalúa si es preciso mantener un tratamiento con betabloqueantes en un paciente que sufrió un infarto agudo de miocardio. Esta patología está considerada por la Organización Mundial de la Salud como la principal causa de mortalidad en adultos y para quienes logran sobrevivir y reponerse, los betabloqueantes fueron una solución en las últimas cuatro décadas. Sin embargo, ahora su efectividad fue puesta en duda a través de un estudio llamado REBOOT, que analiza si la administración o no de este tipo de fármacos, cuando el infarto no deja como secuela una contracción cardíaca poco alterada, influye en la incidencia de muerte, reinfarto o insuficiencia cardíaca. Además, como el tratamiento es de por vida, sus efectos adversos pueden acompañar al paciente de forma permanente.

“Muchos son jóvenes y tienen muchas décadas por delante, por lo que la calidad de vida es un factor muy relevante a tener en cuenta”, subraya Borja Ibáñez, investigador principal del estudio. En España, cada año se registran cerca de 100.000 infartos sin disfunción sistólica ventricular izquierda. Estos pacientes son dados de alta generalmente con dos fármacos antiagregantes (un inhibidor de P2Y12 y aspirina), IECAS, estatinas, betabloqueante y un protector gástrico. Ibáñez estima que los resultados de este estudio beneficiarán a dos millones de personas.

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¿Cuál es el efecto de los betabloqueantes? Reducir la frecuencia cardíaca, la presión arterial y la contractilidad (fuerza del corazón), favoreciendo la diástole cardíaca (llenado), mejorando la función del corazón y el flujo de sangre a las arterias coronarias. Pero pese a tener un perfil de seguridad muy alto y ser muy baratos, hay efectos adversos que pueden limitar la calidad de vida de los pacientes, como astenia, debilidad y, a veces, disfunción eréctil. “Es muy importante conocer si realmente son necesarios. Si no se mostrasen eficaces en este tipo de pacientes post-infarto, no se prescribirían y esto podría desembocar en un aumento de la adherencia a medicaciones que también son eficaces y, además, no limitan la calidad de vida”, subrayó el especialista. Y justificó en que la mayor parte de la evidencia proviene de una época en la que no se realizaba reperfusión a los pacientes (restauración del suministro sanguíneo al tejido cardíaco que está isquémico).

Asimismo, el diseño del estudio es muy innovador. “Se trata de un ensayo pragmático muy cercano a la vida real, es decir, sin grandes restricciones en cuanto a criterios de inclusión”, explica Ibáñez. Y apunta: “Y lo más novedoso es que se trata del primer ensayo, con tal envergadura, que se realiza en Espaaña sin estar relacionado con la industria, algo que sí es frecuente en Suecia o el Reino Unido, por ejemplo”.

El ensayo cuenta con la colaboración desinteresada de 55 hospitales españoles y 25 italianos, aunque se espera que se sigan sumando centros asistenciales españoles, para potenciar el proyecto y con la expectativa de llegar a los 80 hospitales.

Lo que resulta indiscutible es la eficacia de estos fármacos en pacientes que sufrieron un infarto agudo de miocardio.

Así funciona un betabloqueante

El sistema nervioso se regula a través de unas sustancias llamadas catecolaminas (adrenalina y noradrenalina). Éstas se unen a unos receptores que están en la superficie de las células y que se llaman receptores adrenérgicos. En el corazón, las arterias y los pulmones, está el receptor betaadrenérgico. Cuando las catecolaminas estimulan a este receptor, se elevan la frecuencia cardíaca, la

presión arterial y la contractilidad. Con esto, mejora la función del corazón y el flujo de sangre a las arterias coronarias en pacientes con patologías cardiovasculares. Es tema de investigación, ahora, si se pueden evitar los efectos adversos. Para eso es este ensayo, que comenzó a finales del año pasado y ya cuenta con 600 voluntarios de los 8500 que se espera alcanzar en total.

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