Exploradores de la verdad

La postulación del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) al Premio Nobel de la Paz por su enorme tarea en el ámbito de la ciencia aplicada a conocer la verdad y colaborar con la justicia me llevó a recordar a Clyde Snow, fundador de este grupo que desde los años 80 trabajó en la identificación de los restos de víctimas de violaciones a los derechos humanos.

“Los huesos no olvidan. Tienen una historia que contar”, afirmó en una entrevista este antropólogo forense nacido en Texas, Estados Unidos, que recorrió el mundo analizando los secretos y los horrores que pueden delatar los huesos de una persona.

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“Los huesos tienen una historia que contar”, decía el fundador del Equipo Argentino de Antropología Forense

Conocí a Snow cuando, a instancias de las Abuelas de Plaza de Mayo, llegó a la Argentina a mediados de los 80 con un sombrero de cowboy y botas texanas, y convocó en un bar porteño a un grupo de jóvenes estudiantes de Antropología, Medicina y Arqueología para desplegar todo su conocimiento y compromiso en las exhumaciones que fueron fundamentales para aportar pruebas a la Justicia en la recuperación, identificación y restitución de personas desaparecidas entre 1974 y 1983. Tarea que llevaron adelante con la frase del propio Snow: “Debemos excavar de día y llorar de noche”.

“Somos una parte de algo mucho más amplio en esos cuatro conceptos que son memoria, verdad, justicia y reparación”, señaló Luis Fondebrider, director de esta organización que no solo realizó la identificación de los restos del Che Guevara en Bolivia y de los soldados argentinos enterrados como NN en el cementerio de Darwin, sino también de víctimas de violencia étnica, política, de género y religiosa, narcotráfico, trata de personas y crimen organizado

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