Los iniciadores de tan grande familia fueron los bisabuelos Leandro Fernández de Caso y María Noriega Fernández.
Tuvieron a Nemesio y Bonifacio, abuelo de Ana María Fernández, que tan gentilmente nos concedió el honor de indagar en los recuerdos familiares.
Del matrimonio de Bonifacio y Manuela Diez nacieron Honorino, Celestino, Antonio, Abundio, Leandro, Nides, Orencio (el papá de Ana María) y Teo.
Orencio Fernández Diez
Nació el 18 de enero de 1914 en Armada, pueblito de la Provincia de León, España, que hoy está bajo las aguas por la construcción de una presa sobre el río Porma. Su infancia y juventud transcurrieron trabajando la tierra y criando animales para la subsistencia. Fue el séptimo hijo varón.
Cuando tenía 20 años arribó a la Argentina, donde estaba toda su familia. Se instaló brevemente en Bahía Blanca y luego en Allen para radicarse definitivamente en Neuquén, donde, junto a su hermano Leandro, instaló un almacén de Ramos Generales llamado Fernández Diez y Hnos SRL, conocida en el Neuquén de ayer como “el almacén de los Diez y Fernández”, ubicada en calle San Martín 766 de la ciudad neuquina. En el patio del comercio jugaba a los “bolos” con sus hermanos y amigos: un juego originario de su tierra natal.
La actividad comercial se desarrolló durante cuarenta años y fue hecha con sacrificio, reconocido por amigos y clientes. El comercio era de grandes dimensiones y muy surtido: en el Almacén de Ramos Generales, Ferretería, Bazar, Corralón”, según don Orencio “era difícil que el cliente pidiera algo que allí no hubiera”. Además, eran las épocas en las que todos se conocían, pagaban a fin de mes: la palabra era un documento. La jornada era dura: los productos se vendían sueltos, en bolsitas de papel madera atadas con hilo de algodón, el cansancio cerraba la jornada, la atención era personalizada.
“El almacén era muy conocido, ya que no había tantos en ese pequeño Neuquén, el edificio no era de propiedad familiar sino de un vecino dueño de casi toda la manzana: Francisco Armas, que también era comerciante, pero de semillas, fardos de pasto etc.
Orencio y Leandro vendían chapas, maderas, sanitarios, alpargatas y comestibles. Venían los viajantes de las distintas marcas y ahí se hacían todos los pedidos. Se trabajaba de lunes a viernes mañana y tarde, y los sábados solo a la mañana.
La gente con cuenta corriente era la mayoría: tenían una libreta donde se anotaba lo que debían. “Era una relación de mucha responsabilidad y respeto, en general nadie compraba más de lo que podía pagar a fin de mes. Mi papá venía muy cansado, sobre todo los últimos años de negocio, ya que era de grandes dimensiones, y tenía un patio que había que caminar porque ahí estaban los depósitos, y enfrente las vías del tren (el predio iba de calle San Martín a 12 de Septiembre). Los precios eran siempre los mismos, creo que no se conocía la inflación”, recordaba Ana María.
La mercadería llegaba y se retiraba del ferrocarril, en jardinera, durante los primeros años y con el correr del tiempo en camión.
Orencio fue socio fundador de ACIPAN (Asociación Comercio Industria Producción y Afines de Neuquén) y socio activo de la Asociación Española de Socorros Mutuos. En esta ocupó cargos directivos y fue una entidad que respetó, amó durante toda su vida. Tuvo también gran afición a la pesca.
Fernández tenía una memoria prodigiosa y una vista envidiable. Jubilado pasó sus últimos años en su vieja casa de la calle Bouquet Roldán 55, acompañado del afecto de sus familiares, recordando anécdotas, recitando versos y canciones de su tierra natal, España.
Su familia
Orencio se casó con Asunción Ramírez, argentina, hija de españoles, nacida el 12 de diciembre de1918 y fallecida el 28 de julio de 2004.
De esa unión nacieron sus tres hijos: Luciano, casado con Issolina Amoruso, padres de Luciano Antonio, María Carolina y Juan Manuel, Orencio Luis, casado con Beatriz Giménez, que tuvieron a Lisina y Candela, y Ana María, casada con Luis Daniel Zingoni: tuvieron a Normando Javier, Marianela y Luisina.
Los otros hermanos Fernández
Leandro Fernández Diez embarcó en 1924, con solo dieciséis años, desde su Armada natal (Provincia de León), en el puerto de Vigo en el Vapor Andes, hacia estas tierras en busca de mejores horizontes.
Después de probar suerte en varios lugares, llegó a Bahía Blanca, donde vivió y trabajó con un tío en un comercio llamado Mantequería La Leonesa. Luego se instaló en Allen junto a su hermano Antonio, para atender una sucursal de la mencionada mantequería.
En 1934, diez años después de su arribo a este país, volvió a su amada España, donde aún vivían algunos de sus siete hermanos, para regresar a Argentina con Orencio poco antes de iniciarse la Guerra Civil Española. Se instalaron en Neuquén con el almacén de Ramos Generales que ya describimos.
En 1939 se casó con Mercedes López, también española, con la que formó su familia de la cual nacieron tres hijos y varios nietos: Esther, Roberto y Susana.
Leandro participó activamente de la vida social de la ciudad de Neuquén a través de su colaboración con distintas entidades y clubes de nuestro medio, tales como la Cooperativa CALF, la Asociación Española y los clubes Pacífico y el Biguá, en los que años después fue nombrado socio vitalicio.
En la Asociación Española de Neuquén ocupó diversos cargos en la Comisión Directiva, en la que realizaba su tarea con dedicación y amor por la institución. Falleció en 1995, pero permanecerá en el recuerdo de su familia y de quienes lo conocieron, por su calidad humana, ejemplo de vida e indeclinables valores morales.
Honorino Fernández Diez, casado con Agustina Rodríguez. Tuvieron a Virgilio, Mónica, Genaro, Bonifacio, Gregorio y María del Carmen.
Celestino Fernández Diez, casado con Isabel Noriega. Hijos; Manuela Delia y Ángela.
Antonio Fernández Diez, casado con María Dolores González. Sus hijos Oscar y Nélida.
Abundio Fernández Diez, casado con Sara Senra, sus hijos Abundio Pablo y Horacio José.
Leandro Fernández Diez, casado con María Mercedes López, sus hijos: Esther, Roberto y Susana, como dijimos anteriormente.
Leonides Fernández Diez, casado con Eugenia Lacalle, sus hijos Jorge, Marta y Graciela.
Dositeo Fernández Diez, casado con María Luisa Genga.
Ejemplos de familias inmigrantes arribados tempranamente a la capital neuquina que construyeron, con su tarea cotidiana, el pujante Neuquén de hoy. Se animaron a la adversidad del clima de la sequía, se acostumbraron a los intensos vientos, para desarrollar su tarea en esta tierra que les dio una segunda oportunidad y a la que honraron con su tenacidad y amor por sus familias.
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