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La Mañana dulces

Felipa vende 300 dulces caseros por día para vivir

Vino del norte del país y se radicó en El Chañar con su familia. Quiere potenciar a emprendedores.

Felipa González tiene 37 años y desde hace un tiempo que tomó el toro de la crisis por las astas. En un rincón de su casa, aprovecha todo lo que tiene a mano y elabora unos 300 dulces y conservas caseras por día, y los vende para poder ayudar a una familia numerosa.

La mujer llegó hace unos 10 años a la región, con su familia, desde Santa Cruz por el trabajo de su marido, Eduardo Guzmán, en el sector de la construcción. Pero sus raíces están en Salta y junto con sus cinco hijos hoy tienen un emprendimiento al que bautizaron Manos Norteñas, en homenaje a la cocina de sus raíces.

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Felipa forma parte de una asociación llamada El Arca, que nuclea a algunos productores de nueces, conservas, dulces y hasta artesanías, que por ahora no tienen un lugar fijo para trabajar. La entidad funciona en la vivienda de Yolanda Geldres, una vecina de la comisión directiva. Y para elaborar los dulces utilizan una sala en el Puesto de Capacitación Agropecuaria N° 2, conocido como Puesto Chañar. Pero el lugar depende del Ministerio de Educación de la Provincia y no siempre está disponible para todos los productores, de acuerdo con lo que contó Felipa.

La idea es que a futuro, los productores puedan elaborar y generar su propia marca y venderla al mercado que hoy mueve el dinero en la región: el sector hidrocarburífero y los servicios y derivados. También sueñan con algún día poder certificar productos orgánicos, una tarea mucho más compleja.

“Mi emprendimiento es de dulces y conservas artesanales de San Patricio del Chañar, está apuntado a la fruta, de pera y manzana y escabeche de berenjenas, pollo casero y hongos de gírgolas”, explicó Felipa en diálogo con LM Neuquén.

“Tengo pedidos hasta del norte del país. Los dulces los hago de peras, manzanas y pelones. Hace tres años que empecé con esto, el desafío es poder llevar la asociación de El Arca a un mejor lugar porque era un desastre. Había que pagar contadores, AFIP y se tuvo que regularizar”, indicó la mujer.

Felipa indicó que están pidiendo que el Gobierno los ayude a armar una sala de elaboración propia, para no tener de depender de los turnos y tiempos del Puesto de Capacitación, que tiene otro perfil.

La mujer y su familia viven en un terreno cerca del río Neuquén en El Chañar, donde tienen gallinas y otros animales. Tiene arraigadas las costumbre de campo, que bien pueden parecerse a parte de la vida rural de El Chañar.

“De acá no nos queremos ir, encontramos en este pueblo un parecido a parte del norte del país, se puede vivir tranquilo”, concluyó.

El sueño de producir para Vaca Muerta

Eduardo Guzmán, esposo de Felipa González, trabajaba como albañil en Santa Cruz y se vio atraído hace unos años por la industria hidrocarburífera de Vaca muerta. Felipa, en cambio, trabajaba en la cocina de un restaurante.

“En principio estábamos trabajando en las chacras en algún momento, pero los sueldos no alcanzan, son muy bajos, y mi esposo se vio obligado a buscar trabajo en las empresas de Vaca Muerta”, dijo Felipa.

Por ahora, la familia pretende radicarse definitivamente en El Chañar, y con el emprendimiento de dulces quieren llegar lejos.

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