Feliz cambio de año, lector
Final de otro año agitado. El dato saliente es que el coronavirus golpeó de nuevo, esta vez con menos muertos porque la ola que nos toca encontró a parte de la población vacunada. A la vez, las mayorías sienten que perdieron más que la clase dominante porque no es difícil percibirlo. Desde el primer mundo hasta el fondo del mar, la política global para enfrentar a la pandemia fue mejor aprovechada en términos de captación de riqueza por los ricos (perdón por la redundancia).
Este año se volvió a discutir en el denominado primer mundo, como en sus márgenes, quiénes deben contribuir más con el bien común. En Alemania hay una confrontación fuerte en ese sentido. Entre nosotros, el impuesto extraordinario a la riqueza generó rechazos mucho más allá de quienes debían pagarlo. Todavía se resisten a pagar muchos ricos con presentaciones judiciales que les permiten ganar tiempo. Tienen ventaja sobre los que pagan los impuestos corrientes, como el IVA. Imaginemos llegar a la caja del súper con una resolución que frena el pago del IVA, lo que generaría una reducción en torno al 20% del ticket. A la vez, se debilitaría hasta la impotencia la capacidad de respuesta del Estado.
En el cambio de año, se ve una recuperación del consumo. Los comercios grandes venden más en términos reales que antes de la pandemia. La recaudación provincial crece a ritmo sostenido en espejo con la reactivación de los motores de la economía neuquina, entre los que los hidrocarburos son los más potentes.
También se han recuperado con margen a favor los niveles de empleo, pero con una precarización de las condiciones de empleo para muchos que son indisimulables.
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